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23-01-2017 Versión imprimir

 

Rikar Gil: El talento de la clase luchadora


Un accidente de moto se lleva al artista barcelonés, de 40 años, icono de la llamada generación del ‘baratometraje’ y elegido mejor actor en el Notodofilmfest
 
 
 
 
 
FRANCISCO PASTOR
Fotografías: Enrique Cidoncha (Madrid, 22 de julio de 2014)
Al acabar su licenciatura en Interpretación, a Ricardo Ramírez Gil solía darle vergüenza decir que era actor. Aunque, poco a poco, se fue acostumbrando a ello. Quizá fuera algo tímido: le costaba contar, también, que para poder dedicarse al arte dramático por las noches le tocaba trabajar, de día, en marketing o en hostelería. O hablar de su edad, aunque esta fuera pequeña. El barcelonés contaba solo 40 años, el sábado 21 de enero, cuando se marchó de mano de un accidente de moto. Joven promesa, se decía de alguien que se dedicó a aquello con lo que soñaba hasta el último suspiro, y que murió de camino a Nave 73, la madrileña sala de teatro independiente donde le tocaba actuar aquella noche. Entre el público que le esperaba en vano se encontraba también su novia. En esa sala del barrio de Embajadores llevaba alrededor de dos años cosechando aplausos gracias a la obra Una noche como aquella.
 
 

 
 
 
   Izquierdista declarado y tuitero indignado, de afecto confeso hacia el 15M y el posterior Podemos, además de hacia la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, Rikar Gil se encumbró —un poco más— como un icono de la generación del baratometraje al ganar, en 2014, el premio a mejor actor en el Notodofilmfest. Ocurrió gracias a Impulso: en tres minutos y medio, allí encarnó el viaje moral de quien echa de menos a una antigua novia y se arroja, sin pensarlo demasiado, a los brazos de su mejor amigo. Notododiense, se llamaba a sí mismo, con humor, tras haber conquistado el galardón. El mismo año en el que el intérprete ganó el certamen, llegó a actuar en cinco obras de teatro diferentes y hasta en seis cortometrajes. No en vano, preguntado por la gente a la que admiraba, Gil respondía: “A la gente luchadora”.
 
   Puede que con aquella etiqueta del notododiense el actor también aludiera a todo un grupo de actores jóvenes, acostumbrados a rodar sin apenas presupuesto y a escribir sus historias entre amigos. Solo unos días antes de su muerte, Gil había trabajado con Violeta Orgaz, así como había compartido rodaje, algunas semanas atrás, con Román Reyes; uno y otra habían conquistado sendas menciones en el Notodofilmfest un año antes de que la alcanzara Gil. En 2015, el mismo año en el que el galardón recayó sobre la actriz Beatriz Arjona, el actor y ella compartieron cuarto de hora de metraje en Cambio de sentido, gracias al cual el intérprete estuvo nominado en el Festival Iberoamericano de Cortometrajes. No era su primer trabajo juntos. Al fin y al cabo, más de 20 piezas breves nutrían el repertorio de Gil, socio número 6.083 de AISGE. Estas, como el actor contó en una conversación con la revista AISGE ACTÚA, suponían “la salvación de la frustración”. “Quiero hacer cine, y no llego”, lamentó entonces el artista, devoto del trabajo de Lars Von Trier.
 
 

 
 
 
   Pero llegó. En 2016, el artista conoció la alfombra roja del madrileño cine Capitol, donde se presentó Julie, de la novel Alba González de Molina. El actor pudo ver su nombre coronando el gigantesco cartel con el que esta mítica sala anuncia sus proyecciones. Era el primer gran largometraje en el que Gil encarnaba a uno de los personajes principales. Experiencias como 10.000 noches en ninguna parte (2014), de Ramón Salazar, o Caótica Ana (2007), de Julio Medem, ya le habían ayudado a familiarizarse con el celuloide, aunque en papeles más pequeños. Las carteleras de la capital, en cualquier caso, ya le conocían: Un balcón con vistas, en el Pequeño Teatro Gran Vía, contó en reiteradas ocasiones con su participación.
 
   “Picoteando”, solía describir él mismo su trabajo, en el que también había hueco para la publicidad, y gracias al cual Gil pasaba pocos días seguidos en el Madrid en el que decidió afincarse hace años. Una campaña de branded content —contenidos patrocinados por marcas— le llevó de viaje, en una ocasión, hasta Alaska. De aquellos periplos, como de las piezas de microteatro en las que el actor trabajaba, codo a codo, con el dramaturgo Nacho Redondo, daban cuenta las publicaciones que el intérprete colgaba en Internet. En el escaparate que son las redes sociales el artista divulgaba no solo su trabajo sino, sobre todo, el de sus colegas de gremio: y en ellas se acumularon, desde el sábado, más de un centenar de lamentos que hablaban de un profesional generoso y un buen compañero, en un gremio tocado por la precariedad y el paro.
 
 

 
 
 
   Y picoteó Gil, también, en la pequeña pantalla. Episódicos, llaman a quienes aportan su presencia, durante un solo capítulo, en las series de televisión. Pero el artista hilaba participaciones de esta suerte como para conformar una ficción propia: hace solo unos meses le vimos en El caso. Crónica de sucesos, Buscando el norte y El ministerio del tiempo, al igual que, años atrás, fue parte de 14 de abril. La República. El intérprete también conoció el trabajo de las ficciones diarias en La riera, de TV3, donde colaboró durante semanas. Y los premios, de nuevo, gracias a Internet: su papel protagonista en la webserie Libres, financiada con crowdfunding —gracias a las donaciones de los usuarios de las redes— le valió una mención como mejor actor en el Vancouver Web Fest.
 
   “Actúo todo el tiempo. A veces, me pagan por ello”, reza el perfil del artista en Twitter. En esa lucha por convertir en realidad todas las promesas del gremio, Gil encontraba lugar para el humor y, sobre todo, para reírse de sí mismo. Como contaba, “la esencia es pasarlo bien. El sueño es lo que ocurre mientras tanto”. Ni las luces del Capitol ni el millar de espectadores que le acompañó durante aquel estreno apartaron al intérprete de los trabajos más pequeños. De igual manera, el Notodofilmfest siguió contando con sus cortometrajes en las ediciones posteriores a su victoria: el mismo 2015, dos piezas en las que aparecía, Pajaritas y El resplandor II, quedaron entre las finalistas del certamen. Y a lo largo de este año podremos verle en algún trabajo breve, que dejó rodado y en el tintero. Al tiempo, y aunque él escuchaba más a Bob Dylan y a David Bowie, le encontraremos en el audiovisual que acompaña a la canción Lo niego todo, firmada por Joaquín Sabina. La noche del sábado, a Gil se le requería en el teatro, pero a este enamorado del arte dramático se le esperaba —y aún se le espera—, con certeza, en muchos más lugares.
23-01-2017 Versión imprimir
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