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23-12-2014 Versión imprimir
Emilio Gutiérrez Caba y Fernando Méndez-Leite, en la proyección comentada de la película
Emilio Gutiérrez Caba y Fernando Méndez-Leite, en la proyección comentada de la película
 
 
‘Octubre’: propaganda convertida en obra de arte


La película que consagró definitivamente a Eisenstein en 1928 llega a AISGE dentro del ciclo Cine y I Guerra Mundial
 
 
RUBÉN DEL PALACIO
Reportaje gráfico: Miguel García-Gallo
Si la anterior sesión volvió la mirada hacia los heridos en el frente occidental de la Gran Guerra con El pabellón de los oficiales, esta séptima entrega traslada al espectador hasta la línea de batalla abierta en el este de Europa. Fue el director y crítico Fernando Méndez-Leite, antiguo responsable del ICAA y la ECAM, quien se encargó de detallar el valor de Octubre y la curiosa andadura artística de Sergei Eisenstein. Calificó ese título del celuloide mudo soviético como “muy representativo” de la obra que caracterizaba a su director y del cine propagandístico que tanto se estilaba en los años veinte.
 
   Octubre cuenta los acontecimientos enmarcados dentro de la Revolución Rusa de forma clara, pero con cierto simbolismo que dificulta la comprensión. Es un filme con gran importancia del montaje, donde el sentido no viene dado por el contenido de las imágenes, sino por la sucesión de estas. “Eisenstein rodaba muy bien, planificaba mucho cada plano en cuanto a composición e iluminación”, resumió Méndez-Leite. El cineasta fue tachado de formalista en los treinta por esa estética cuidada, un rasgo que confirió personalidad propia a toda su obra, incluso en este proyecto acometido por encargo del gobierno. “Durante mucho tiempo pensé que aquella etapa del celuloide había quedado un poco arcaica”, admitió, “pero hoy me doy cuenta de que los autores de entonces eran modernísimos. Hay fórmulas que ahora se presentan como auténticos descubrimientos cuando a comienzos del siglo XX ya se aplicaban de forma brillante”.
 
 

 
 
 
Eisenstein se encontraba inmerso en Lo viejo y lo nuevo, pero interrumpió ese rodaje en cuanto las autoridades le encargaron una película conmemorativa de la Revolución, seducidas por el éxito abrumador cosechado poco antes con El acorazado Potemkin. “Se ha dicho que Octubre es la adaptación de una novela de John Reed titulada Diez días que estremecieron al mundo, pero lo cierto es que se trata de un guion original. Solo reproduce de modo similar algunos capítulos”, se precisó durante la introducción del pase. Su estreno en 1928 gozó de buena acogida, motivo que animó al cineasta a retomar el proyecto que había dejado a medias. 
 
Demasiadas aventuras para una vida tan breve
Hijo de un ingeniero alemán y una aristócrata rusa, Eisenstein nació en Riga (Letonia) nada más empezar el año 1898. El matrimonio se separó pronto y, mientras la madre se instaló en París, el padre y el pequeño se dirigieron a San Petersburgo. Allí se matriculó en una escuela superior con intención de cursar Arquitectura, y paralelamente estudió Bellas Artes, pero aparcó su trayectoria académica para engrosar el Ejército Rojo tras el estallido de la sublevación proletaria en 1917. Lo sorprendente es que su progenitor apoyó al Ejército Blanco, de carácter zarista y contrarrevolucionario, un hecho que los enemistó durante largo tiempo. Aquel período castrense le permitió dedicarse al diseño de cartelería y a la organización de funciones de teatro y circo. A los 22 años le nombraron director artístico del Teatro Popular de Moscú, una precocidad que también experimentó en el cine, pues apenas había cumplido los 25 cuando estrenaron su primer largometraje: La huelga.
 
 
 
Méndez-Leite, en la sede madrileña de la Fundación AISGE
Méndez-Leite, en la sede madrileña de la Fundación AISGE
 
 
 
   “El joven demostró una extraordinaria madurez expresiva en su ópera prima”, aseguró Méndez-Leite, “aunque no se conoció fuera de la URSS hasta algunas décadas después. Sus secuencias reconstruyen el esquema ortodoxo de cómo se desarrolla una huelga en la industria metalúrgica. Absolutamente todas las películas posteriores que he visto sobre ese tema, como la inglesa El amargo silencio, aplican precisamente ese planteamiento”. Eisenstein realizó en 1925 (también por encargo) su cinta más aplaudida, El acorazado Potemkin, aunque algunos no la consideran la mejor desde el punto de vista artístico. Nació como parte de un amplio proyecto sobre la insurrección de 1905 aplastada en Rusia, pero solo vio la luz esa historia, cuyos protagonistas son los marineros sublevados en el puerto de Odessa. “El resultado terminó de cimentar el prestigio del autor, invitado a partir de entonces a charlas en universidades de todo el mundo. Sin ir más lejos, Brian de Palma imitó luego la famosa escena de las escaleras en Los intocables”, recordó.
 
   De hecho, el soviético se convirtió en un notable teórico e impartió clases en la más antigua escuela de cine del planeta, la de Moscú. En París coincidió con Jesse L. Lasky, productor de Paramount, quien le ofreció un largometraje en Hollywood. Corría el año 1930 y él propuso filmar An american tragedy, la adaptación de un libro, pero la idea no convenció a Lasky y le dejó tirado. La propuesta saldría finalmente a flote bajo la dirección de Josef von Sternberg. Superado el bache, Eisenstein conoció al escritor y socialista estadounidense Upton Sinclair, cuya influencia resultaba suficiente para obtener un contrato de rodaje en México. En el documento que firmó solo había una condición: que la cinta no tuviese temática política. Todo el trabajo fue en balde, ya que Sinclair rechazó el material grabado. Y aunque accedió a que el realizador montase los rollos en Moscú, en el último momento se arrepintió y canceló el envío transoceánico. Las imágenes finalmente circularon con el título Tormenta sobre México.
 
 
 

 
 
 
   “No le resultó fácil volver a trabajar en una industria soviética que le tenía por decadente”, anotó Méndez-Leite, “pero logró emprender la adaptación de El prado de Bezhin”. Y nuevamente con sobresaltos. Acabaron arrebatándole otra vez el material, con el agravante de que nadie lo vio porque desapareció en la II Guerra Mundial. Tras someterse a una severa autocrítica, levantó en 1938 la cinta histórica Alexander Nevsky, ambientada en la Edad Media. Gustó tanto que le concedieron el premio Lenin a mejor director y algunas secuencias fueron homenajeadas por Orson Welles en Campanadas a medianoche o Carlos Saura en El jardín de las delicias.
 
   Avalado por ese nuevo triunfo preparó el guion de una trilogía acerca de Iván el Terrible que se quedó en un díptico. La primera de las entregas llegó entre aplausos al madrileño Cine California en los sesenta. Bien distinta fue la suerte de la segunda, prohibida por atentar contra los intereses de la política soviética. Los libros que abordan la figura de tan célebre artista, fallecido a los 50 años, le tachan de misógino. “Ese era el término con el que se insinuaba que un hombre era homosexual”, se rumoreó en la sala a modo de anécdota.
 
 
 
 
Gutiérrez Caba, padre del ciclo El Cine y la I Guerra Mundial
Gutiérrez Caba, padre del ciclo El Cine y la I Guerra Mundial
 
 
 
Desastrosa intervención en el conflicto
El patrono de la Fundación AISGE Emilio Gutiérrez Caba, artífice del ciclo, aportó varias pinceladas sobre el papel de Rusia durante la I Guerra Mundial. “Su ejército estaba mal armado, aunque tenía una gran cantidad de hombres en comparación con las bien formadas tropas alemanas”, concretó. Los rusos lograron entrar en Alemania, lo que forzó un trasvase de soldados adversarios del frente occidental al oriental, pero dicha operación se saldó con numerosas bajas. Tras una derrota significativa contra Berlín, Moscú atacó la frontera austriaca sin ningún éxito, pues las fuerzas germanas volvieron a imponerse cuando salieron en defensa de tan estrecho aliado.
 
   Según palabras del actor, “a partir de 1917 empezaron a producirse motines entre los militares rusos por hambre y falta de armamento, hasta el punto de llegar a confraternizar con sus rivales”. En octubre de ese año cristalizó la Revolución Bolchevique, lo que obligó a Lenin a pedir la paz en 1918. 
 
23-12-2014 Versión imprimir
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