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Óscar Sinela
“Me habría gustado actuar con Marlon Brando y Vivien Leigh”

 
Este sevillano de 24 años es un chico peculiar: detesta la pereza que anula toda capacidad creativa, le preocupan los problemas que azotan el mundo actual y es incapaz de dormir a bordo de un autobús, aunque se crió en la furgoneta con la que su padre recorría las ferias de numerosos pueblos. Se estrenó ante la cámara en 2007 gracias al cortometraje El huevo. Él era teclista de un grupo cuyo cantante, Adán Zaratustro, puso un enorme huevo mientras amenizaba una celebración familiar. Ser el primer humano ovíparo le hizo tan conocido como el Papa y le reportó una fortuna que invirtió en su carrera musical. Sin embargo, el mundo se olvidó pronto de él… Hasta que algo extraño asomaba por fin a través de la cáscara. Al año siguiente rodó Zombies y La justicia por mi mano, pero mayor repercusión alcanzó Voces, producido por Assumpta Serna. Su personaje escuchaba en sueños a un antiguo amigo del colegio que se había suicidado para llamar su atención. ¿Has oído? es su última incursión en el formato breve y muestra cómo el paisaje del lago de Sanabria sugestiona a seis amigos, que hacen justo lo contrario de lo que normalmente harían ante ciertas situaciones.
 
La veterana compañía madrileña Eugenia de Montijo le subió a los escenarios con obras musicales dirigidas al público escolar. Durante 2008 representó La tortuga y la liebre, El Zorro y La Cenicienta, esta última en inglés. Luego llegó a la tragicomedia Zona catastrófica para encarnar a un veinteañero postrado en una silla de ruedas que se enamoraba de su asistenta doméstica. Y aunque ese noviazgo le hacía feliz, su madre se oponía porque la joven era extranjera. Al final se rebelaba contra sus familiares y triunfaba un esquema de relaciones perfectamente posible: odio entre semejantes y amor entre diferentes. El texto fue todo un canto a la igualdad, ya que denunciaba los prejuicios en torno a la inmigración y la discapacidad, dos importantes causas de exclusión social.
 
Su trayectoria televisiva comenzó por casualidad. Iba a trasladarse a Mallorca para trabajar como camarero cuando le ofrecieron el papel de Rubén en El castigo, una miniserie de Daniel Calparsoro con la que Antena 3 rescató unos escalofriantes hechos reales a finales de 2008. Él fue uno de los adolescentes conflictivos que ingresaban en un campamento veraniego de dudosa legalidad para mejorar su conducta. Allí aceptaban bajo amenaza diversas vejaciones, como arrastrar troncos o dormir enjaulados, lo que les animaba a planear su fuga. El resultado de aquella aventura fue satisfactorio: los cinco millones de espectadores que siguieron sus dos capítulos (aproximadamente un 27% de la audiencia) la convirtieron en la ficción más vista del año. Después vivió un auténtico enredo con Lore, la joven barriobajera de Aída, cuya lista de ligues era interminable. Ella estaba empeñada en llevarle a la cama, pero él solo quería chicas cultas y sensibles, así que se inventaba una hermana gemela más sofisticada para seducirle.
 
Conoció la popularidad gracias a las dos trepidantes temporadas que pasó en Física o química. Daba vida a Quino, el niño buenecito del instituto Zurbarán, recién llegado desde Latinoamérica. Estaba enamorado de una guitarra con la que componía temas para su grupo de rock y seguía unas profundas creencias religiosas que le causaban algún quebradero de cabeza: la fogosa Yoli le dejaba tras sufrir su nula iniciativa sexual, aunque espabilaba cuando la más retorcida de la clase le impartía sugerentes lecciones. En noviembre de 2011 pasó por el palacio de Águila Roja como maestro de esgrima. Le había fichado la marquesa de Santillana, dispuesta a saciar su apetito carnal con él, pero el plan se iba al garete cuando el chico confesaba que era su hijo bastardo. Exigía entonces a la aristócrata que robase una tiara del rey Felipe IV a cambio de su silencio y, una vez sustraída, la delataba para que fuese ejecutada. Calparsoro volvió a contar con él para la miniserie Tormenta, emitida por Antena 3 el pasado febrero, cuyas imágenes reflejaban el comportamiento xenófobo de varios estudiantes preuniversitarios sometidos a un experimento. Este creaba dos equipos, los nacionales o superiores y los extranjeros o inferiores, enfrentados a la hora de conseguir privilegios. A pesar del pacifismo inicial, las situaciones extremas desataban una competencia encarnizada, hasta el punto de que los profesores no controlaban las nefastas consecuencias.
 
 

 
 
 
El éxito en la pequeña pantalla facilitó su salto al largometraje. Acababa 2009 cuando estrenó Luna nueva, la adaptación española del segundo libro de la saga Crepúsculo, que se rodó con un ínfimo presupuesto durante seis días. Interpretó al licántropo Jacob Black, enamorado de la humana Bella Swan y enemigo del vampiro Edward Cullen, por lo que torpedeaba el célebre romance entre ellos. Pero de poco servía su empeño: aunque salvaba a la chica de una muerte segura, esta no tenía ningún interés más allá de la amistad. Dos años más tarde conquistó las salas con la terrorífica XP3D, cuyo reparto congregó a estrellas televisivas tan aclamadas como Amaia Salamanca o Maxi Iglesias. Todos eran alumnos de Psiquiatría y viajaban a un pueblo abandonado con la intención de investigar los fenómenos paranormales derivados de un oscuro suceso, ya que un doctor había matado tiempo atrás a sus pacientes tras someterles a salvajes torturas. Los jóvenes, escépticos al principio, cambiaban de opinión cuando el fantasma del asesino les acosaba.
 
Recientemente ha viajado hasta Nicaragua para encabezar La pantalla rota, una película sobre los graves efectos que puede acarrear el uso irresponsable de las nuevas tecnologías. Su personaje, Álex, graba uno de los tórridos encuentros que mantiene con una compañera de la facultad. Pero olvida el teléfono móvil en un bar y ese error destrozará las vidas de ambos, pues el vídeo es difundido por alguien que quiere vengarse de ellos. La directora, Florence Jaugey, es casi desconocida entre el público español pese a sus dos grandes hazañas: el corto Cinema Alcázar obtuvo el Oso de Plata en la Berlinale de 1998 y La Yuma, el primer filme comercial nicaragüense que veía la luz tras dos décadas estériles, superó la taquilla de Avatar en el país centroamericano. Sinela ha aprovechado su estancia allí para visitar el centro que Infancia Sin Fronteras inauguró con ayuda de la presentadora Ana Rosa Quintana, donde esa ONG proporciona un nivel básico de educación y una atención médica orientada a solventar problemas de malnutrición. “Muchas personas de mi generación deben saber que asociaciones como esta apoyan a muchísimos niños sin apenas recursos. Aunque en España vivimos una coyuntura complicada, con muy poco dinero podemos seguir financiando este tipo de causas”, asegura.
 
Y eso no es todo. Al margen de su faceta interpretativa, ya ha debutado como escritor. Su primer libro se titula El chico sin identidad, un compendio de fábulas tan lúgubres como tiernas, ilustradas con dibujos propios que transportan al universo de Tim Burton. “Es una obra para navegantes sin brújula, lectores estremecidos por la soledad. Pretende aportar un atisbo de luz optimista dentro de una enorme oscuridad”, resume.
 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actor?
− Sí, lo decidí a los dieciséis, ahí comenzó mi aventura. Por entonces no sabía su significado, pero era el camino que más quería. Y no me equivoqué: ahora me siento más feliz que nunca al comprender lo que significa ser actor y la responsabilidad que conlleva. Tener permiso para vivir otras vidas es fascinante, todo un privilegio.
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− A mis padres. Ambos me dijeron: “Haz lo que te haga feliz, no hay mayor satisfacción para nosotros que saber que estás haciendo lo que amas. No importa el dinero, lo importante es que tú estés bien”.
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Estar siempre cerca de personas que comprenden el alma humana, como Martha Castrillón, mi gran maestra y amiga de viaje. También Rosa Estévez, Luis San Narciso, Tonucha Vidal, Andrés Cuenca… Y, por supuesto, Juan Carlos Corazza y el impecable equipo pedagógico de su estudio.
 
− ¿A cuál de los personajes que ha encarnado le tiene especial cariño? ¿Por qué motivo?
− A Rubén, de la miniserie El castigo, de Calparsoro. Fue el primer papel al que me entregué, mi primer acercamiento al trabajo. Me ayudó a despertar ciertas facetas de mí mismo que quizá aún no hubiera conocido sin él.
 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− ¡A llamar! [Risas]
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− No, no existe esa opción, no podría tirar algo que está dentro de mí.
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− Nunca lo he pensado.
 
− ¿Le gusta volver a ver los títulos en los que ha participado?
− Depende del producto final y de la historia que cuenta.
 
 

 
 
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del cine español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− Nuestro cine necesita el apoyo de quienes pueden ayudar, la fuerza de los veteranos y la dedicación de los artistas y técnicos pertenecientes a esta nueva generación. Necesita, en otras palabras, que todos los implicados tengamos un compromiso verdadero con la cultura y el arte del país.
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− Dependería del guion.
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió?
− Natalie Portman en Algo en común.
 
¿Qué diálogo de película le gusta aplicar como leit motiv personal?
¿Cómo te sientes?
A salvo. Contigo me siento a salvo, como si estuviera en casa.
 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
Algo en común. 
 
− ¿Cuál fue el último filme que no fue capaz de ver hasta el final?
Alicia en el país de las maravillas.
 
− ¿Recuerda alguna anécdota divertida que haya vivido como espectador?
− Un día fui al cine y un hombre estaba tan metido en la película que empezó a gritar a la pantalla. A ratos se enfadaba y a ratos se reía a carcajadas. ¡Fue genial!
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchado?
− A Juego de tronos, toda una delicia para los sentidos.
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer este oficio?
− “Cuida a quien te quiere, cuida a quien te cuida”.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Mi disponibilidad.
 
− ¿Y débil?
− Cuando me dejo llevar por la idea que pueda tener sobre algo.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
La pantalla rota, una coproducción entre Nicaragua y Francia que ha dirigido Florence Jaugey, responsable de Camila Films. La historia, rodada en Managua y Matagalpa, habla del amor y de lo peligrosas que pueden ser las nuevas tecnologías en función de quién las use.   
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Trabajar con genios y crecer con ellos. ¡Absténgase el de Aladdín! [Risas]
 
− ¿Qué canción o canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
Sea, de Jorge Drexler.
 
− ¿En qué otra etapa de la historia le gustaría haber vivido?
− En los años cincuenta, para poder actuar con Marlon Brando y Vivien Leigh.
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− Agradezco que cuidéis los derechos de los actores españoles. No sé qué podríais mejorar, pero si vosotros lo sabéis, no dudéis en hacerlo. Muchísimas gracias.
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