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12-02-2016 Versión imprimir

 
 
 
Óscar Terol


“Hay una corriente de reivindicar las identidades”



 
N.DUFOUR
Fotografía: B. VARGAS
Pone cara a Antxon Oleaga, uno de los amigos de Iñaki, pero también desarrolla tareas creativas. Terol fue guionista, director y actor en el programa de sketches de ETB Vaya semanita, el primer hito televisivo a la hora de retratar las singularidades de la realidad vasca. De su sesera salieron luego las claves de esta propuesta. Donostiarra hasta la médula, decidió con Aitor Gabilondo (productor y cocreador junto a César Benítez) ubicar la acción vasca en la capital guipuzcoana, de la que se dice tan buen conocedor que te cuenta hasta las baldosas. “Y para una vez que podemos decidir los de allí…”, concluye para justificar la elección de San Sebastián. Allí abajo es su primer trabajo de ámbito nacional. Anteriormente había dirigido los programas Agitación más IVA y Made in China.
 
Cuéntenos cómo se gestó Allí abajo.
– En septiembre de 2011 César y Aitor contactaron conmigo y me encargaron el diseño de una serie sobre un vasco que tenía que trasladarse por algún motivo a Andalucía. Me hablaron de un estilo naturalista en lo visual, que mostrase paisajes en los que el público se viera reconocido, sin crear mundos ajenos.
 
Entonces la idea se desarrolló antes del fenómeno Ocho apellidos vascos.
– Es mera casualidad si la película y la serie coinciden en algo. Ambas tienen cabida porque son muy diferentes. Nuestra referencia siempre fue el título francés Bienvenidos al norte. Lo que sí hay es una corriente de reivindicación de identidades. Cientos de miles de personas en España no piensan ni sueñan en castellano. No es su idioma materno. Y eso, lejos de ser un problema, debería ser un motivo de orgullo.
 
¿Uno escribe con otro humor cuando está en una producción de éxito?
– Con más ilusión. En mi trabajo me gusta acertar, que no siempre se consigue. Como somos artistas, seres sensibles e inseguros, el favor de público nos da fuerza.
 
– La serie está planteada para tener al menos tres temporadas.
– Y más. Me gustaría estar muchos años y que no nos cansásemos ninguno de hacerla. Nuestra misión ahora consiste en conservar todo lo bueno que tiene e introducir elementos nuevos que aviven el fuego sin alterar la esencia. Estamos para seguir gozando de lo que ya tenemos y sentar las bases para que esto sea eterno.
 
 

 
 
 
– Con tanto cliché, ¿hay peligro de herir sensibilidades?
– Queríamos hacer algo conciliador a partir de tópicos quizá manidos pero existentes. Nos apoyamos en ellos y construimos historias de amor y amistad. Decidimos dejar la política fuera de la historia, y eso que me encanta el humor político, lo he hecho durante mucho tiempo. Pero había la sensación de que no aportaría nada nuevo y corríamos el riesgo de reabrir alguna herida.
 
– Está viviendo este proyecto por partida doble: además de intérprete, en esta segunda temporada es productor ejecutivo creativo tras asumir en la anterior la coordinación de guiones. ¿Cómo se desdobla?
– Los días que actúo me levanto con ese chip, logro entrar en la liturgia de los intérpretes. Aunque no tengo ningún apego a ser actor. Me gusta, pero cuando te metes en tareas de guion y producción ejecutiva, te alejas de esa trincherilla. Actúo por recordar ese juego.
 
– ¿Dónde radica el tirón de la serie?
– En que los vascos somos muy vascos y los andaluces son muy andaluces. Eso le da un plus de autenticidad. No hay acentos impostados. A veces me pregunto: “¿Somos actores o es un documental?” Tengo mis dudas.
 
¿Qué ha descubierto de Sevilla?
– Es como la Bilbao del sur. El pueblo sevillano es muy expresivo, le gusta enseñarse, hay una exhibición constante. ¡Hasta en la fe!
 
 
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