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Pablo Espinosa
 
“Me gustaría haber nacido en 1949 para ir a Woodstock con 20 años”
 
 
Este alicantino de 22 años recién cumplidos nació en Villajoyosa y, pese a su juventud, ya ha recorrido dos continentes gracias a su trabajo de actor. Abandonó pronto su casa para crecer artísticamente en Madrid, donde en 2008 empezó a compaginar la afición al teatro con la búsqueda incesante de castings. Su debut profesional sobre el escenario fue con Las brujas de Salem, cuyo enjuiciamiento en el siglo XVII fue rescatado por Arthur Miller en 1952 para criticar la feroz persecución de comunistas bajo el gobierno de McCarthy, de la que el propio dramaturgo salió malparado. A él le tocó interpretar entonces al granjero John Proctor, el personaje principal, que prefirió morir ahorcado a admitir la injusta acusación de brujería por la que estaba preso.
 
   A mediados de 2009 se plantó ante las cámaras con la serie juvenil de Antena 3 Física o Química, que en su tercera y cuarta temporadas le brindó el papel de Pablo Calleja, uno de los aclamados estudiantes del problemático instituto Zurbarán. Millones de espectadores le vieron como el típico graciosillo que se burlaba de compañeros y profesores en los momentos menos oportunos. Su paso por aquellas aulas dio para mucho: desmitificaba la virginidad en clase de Literatura, no creía demasiado en el amor, admiraba el poder de seducción de su amigo Cabano (Maxi Iglesias), atemorizaba a la embarazada Paula (Angy Fernández) a base de balonazos, fumaba porros con el rebelde Gorka (Adam Jezierski), no escatimaba en alcohol durante la fiesta que celebraba en casa…
 
 

 
 
 
   Su breve carrera adquirió en 2010 dimensión internacional. En Colombia le esperaba la telenovela histórica La Pola, ambientada a principios del siglo XIX, cuando la antigua colonia se sublevó contra España para conseguir la independencia. Allí vivió la adolescencia del cándido protagonista, Alejo Sabaraín, hijo de un noble llegado a América desde la metrópoli. Su recta educación contemplaba valores tan arcaicos como el racismo y el clasismo, así que solo podía tratar con señoritas blancas de su mismo estamento, pero una mestiza rebelde y sincera le robaba el corazón. Ese amor prohibido provocaba enfados en su aristocrática familia, agravados a raíz de la contienda entre colombianos y españoles, en la que los novios defendían intereses opuestos: él velaba por la supervivencia del imperio y ella capitaneaba la emancipación colonial.
 
   Tras dejar su caballo al otro lado del Atlántico, Antena 3 le abrió otra vez las puertas con El secreto de Puente Viejo, culebrón de época emitido cada tarde desde 2011. Su Ramiro Castañeda, un humilde campesino que apareció en los primeros 180 capítulos, le llevó de la mano hasta la lúgubre Castilla de 1902. Él y sus dos hermanos cultivaban las tierras y cuidaban el ganado de los Montenegro mientras que su madre y su hermana servían en casa de esa acaudalado clan y sufrían continuos desplantes. Abandonó definitivamente el pueblo para engrosar un ejército necesitado de hombres por la reciente derrota sufrida en Cuba y la colonización prevista en África.
 
 

 
 
 
   Detrás de esa despedida se escondía un nuevo viaje transoceánico, esta vez con destino a Buenos Aires, escenario del fenómeno Violetta. Esa popular propuesta de Disney Channel, que congregó a actores de diversos países, tenía como hilo argumental la convivencia en la elitista escuela de música Studio 21. En la primera temporada puso cara al carismático Tomás Heredia, instalado en Argentina para cuidar a su abuela enferma. Las estrecheces económicas le obligaban a trabajar de cualquier cosa, así que conocía el conservatorio como repartidor de comida. Pero una beca le convertía luego en aplicado estudiante que enamoraba con sus canciones a la protagonista, Violetta, cuyo estricto padre no quería que antepusiera los chicos a las clases. Al final, pese a las suspicacias paternas y las zancadillas de algún compañero, el noviazgo prosperaba. Esa serie dio la vuelta al mundo y le permitió profundizar en su otra faceta, la musical, ya que Espinosa también canta y toca la guitarra. De hecho, parte de la banda sonora es suya.
 
   La televisión es el medio que más ha explotado su versatilidad, pues en ella no solo ha actuado y cantado, sino que también ha demostrado su habilidad con el baile. Bien lo saben en la cadena italiana RAI 1, que hace un año estrenó un talent show llamado Altrimenti ci arrabbiamo. Fueron los componentes del grupo infantil Funkids quienes le enseñaron con paciencia las enrevesadas coreografías que le auparon al puesto de tercer finalista.
 
 

 
 
 
   Nada más empezar este 2014 encarnó al buenazo Camilo en el caótico cabaré de Bienvenidos al Lolita, la producción de Antena 3 capitaneada por los veteranos Beatriz Carvajal y Luis Varela. Durante ocho capítulos soportó a un padre caradura que, además de poner en duda su hombría por su condición de bailarín y futuro enfermero, le arrebataba definitivamente a la novia con la que había salido poco tiempo antes. A pesar de semejante varapalo sentimental, él seguía prendado de la chica, pero la esperanza se truncaba al enterarse de su embarazo.
 
   Menos ha trabajado para la gran pantalla. El pasado verano llegó a las salas su primera y única incursión en el celuloide, la comedia romántica Clara no es nombre de mujer, con Jorge Sanz y Jorge Perugorría en los papeles más destacados. El filme presentaba a un boticario cuarentón que, en plena crisis matrimonial, entregaba todo su cariño a su Harley Davidson. Sin embargo, tan monótona vida daba un giro radical después de unirse al viaje en moto que su sobrino hacía por Cuba para reconquistar a la chica de sus sueños. Los líos de faldas y los malentendidos que ambos vivían en la isla caribeña le devolvían a juventud que ya creía perdida.
 
 

 
 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Recuerda el momento particular en que decidió dedicarse a esto?
− Lo de ser actor se me presentó de repente. No lo tenía pensado hasta que empecé a hacer teatro en la escuela de mi pueblo.
 
− ¿A quién se lo contó primero?
− A mi padre. Empezó a advertirme que esto no era una carrera fácil y me dijo que debía tenerlo muy claro.
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Esas personas tan interesantes que he tenido oportunidad de conocer.
 
− ¿Cuál de los papeles que ha recibido hasta ahora le ha marcado especialmente?
− Aquel Alejo Sabaraín de La Pola es el más bonito e interesante que he interpretado.
 
Si el teléfono dejase de sonar –y ojalá que no–, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Sería dependiente en alguna tienda rara de cosas raras o antigüedades. ¡Me encantan!
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Supongo que a todos se nos pasa por la cabeza a veces… Eso sí, en mi caso, tendría que dejar de sonar el teléfono durante mucho tiempo para tomar tal decisión.
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
– He de decir que no soy muy problemático, al menos en el set de rodaje. Bueno, ¡fuera tampoco suelo serlo, la verdad! Recuerdo que una vez en Violetta me llevé sin querer la ropa de mi personaje a casa: las chicas de vestuario se volvieron locas buscándolo y yo ni siquiera sabía que lo había sacado del plató.
 
 

 
 
 
− ¿Le gusta volver a verse en las series y películas para las que ha trabajado?
− A veces echo un vistazo a algunas escenas o capítulos que me vienen a la mente.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del cine español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− No sé cuál es la respuesta exacta a esa pregunta, pero hay un problema que no afecta solamente a España. El único fin de todas las empresas hoy en día es hacerse ricas a toda costa, prefieren ganar dinero fácil volviendo a vender lo mismo una y otra vez. A menudo se imitan los formatos que funcionan y no se crean nuevas historias que sorprendan al público. ¡Aún no las hemos contado todas! ¿Quién es más rico, el que ha despachado más copias y está ahí para forrarse o el que transmite un mensaje sincero y está ahí para representarlo? Yo opino que el segundo.
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− A Tim Burton. No podría evitar la siguiente conversación con él: “Perdona, Tim, es que está Quentin por la otra línea. No sé qué quiere… Sí, sí, es Tarantino… Ya, tío, es un pesado… Bueno, ahora te llamo”. Colgaría el teléfono para contárselo todos mis amigos, a mis padres, a mi perro, al vecino… Publicaría la noticia en Facebook y Twitter, e incluso cambiaría mi estado en Whatsapp: “Hablando con Burton” [Risas]. La realidad es que caería sobre el sofá en silencio absoluto, en shock, y me quedaría ahí pensando.
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió, que le dejó al borde la lágrima?
− Will Smith me hizo llorar de risa en El príncipe de Bel-Air y luego de pura pena con Siete almas. Es un actorazo y, aunque no le conozca, me parece una persona genial.
 
− ¿Qué frase de película usa como leit motiv personal?
− “Vive la vida disfrutando de cada segundo. A veces es casi imposible ver luz en la oscuridad, pero siempre está ahí”.
 
− ¿Qué cinta ha repetido tanto que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
− Veo las películas bastantes veces, así que me sé muchas prácticamente enteras. ¡Es fácil cuando tienes práctica!
 
− ¿Cuál fue el último largometraje que no fue capaz de ver hasta el final?
El ilusionista. Ya la había visto en varias ocasiones, pero la última vez no pude terminarla.
 
 

 
 
 
− ¿Recuerda alguna anécdota divertida que haya vivido como espectador en un teatro o sala de cine?
− Una pareja empezó a discutir en mitad del cine y los dos se gritaban como en las películas. Justo en ese momento también discutían los protagonistas de la película, precisamente en una sala de cine. Todo el mundo empezó a reírse por semejante casualidad y la pareja real se fue con cara de estar diciendo: “Tierra, trágame”. Lo mismo ocurrió después con los novios de la pantalla, que abandonaban sus butacas avergonzados. ¡Fue increíble! 
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchado?
− A El príncipe de Bel-Air. ¡La veo una y otra vez!
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer esta profesión?
− “Nunca te desesperes”.
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Interpretar a Stevie Ray Vaughan en una película biográfica, aunque no me parezco en nada a él [Risas]. Me conformaría con poner cara a un guitarrista famoso cuya vida llevaran al cine.
 
− ¿Qué canción simboliza el momento actual de su vida?
This Train, de Bob Marley.
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico?
− “Nunca creímos que se terminarían el hambre, la pobreza y la guerra en el mundo, pero hoy es una realidad”. Si mañana apareciese eso en portada, sería increíble.  
 
− ¿Qué otro momento de la historia elegiría para nacer?
− Me encantaría haber nacido en 1949 para estar en Woodstock con 20 años y escuchar a todos esos genios de la música. Aunque fuera a 500 metros del escenario y entre toda la gente.
 
 
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