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17-07-2015 Versión imprimir

 

ARTE Y DISCAPACIDAD


“Si no lo llevas dentro,
el teatro se acaba”



La compañía segoviana Paladio se compone de actores con discapacidad que llevan ya dos décadas sobre las tablas




SERGIO GARRIDO PIZARROSO
Varios personajes aparecen en lo alto una plataforma con ruedas. Otros la rodean. Todos ellos visten un atuendo donde destaca el blanco en toda su pureza. Los focos comienzan a iluminar el escenario al tiempo que el humo va invadiendo la atmósfera. Algunos de los artistas encaramados descienden al ritmo de una música. Escuchamos risas, voces, llantos, fragmentos de poemas. A lo largo de esta curiosa y sentida función contemplaremos por ejemplo a Gema, una actriz que declama con desgarro poemas de Luis Cernuda o Antonio Machado. De este último recita los versos “No te verán mis ojos / ¡mi corazón te aguarda!” con tal fuerza que, días después, permanecen aún vivos en los oídos de quien los escuchó.
 
   Nos hemos colado en uno de los ensayos de la agrupación Paladio. Fundada en Segovia hacia 1997, la forman intérpretes con algún tipo de discapacidad física, psíquica o sensorial. Ahora se encuentran inmersos en la preparación de su próximo espectáculo, Nadie, bajo la cuidada dirección artística del actor y profesor Manu Medina. El elenco se reúne de cuatro a ocho de la tarde tres días a la semana. Juan Antonio, Carlos, José David, Rubén, Mercedes, Gema. Así se llaman los artistas convocados para este montaje, aunque el colectivo incluye a otros muchos.
 
   Y todos trabajan con muchas ganas, pero más llamativos aún resultan su rigor y concentración. “Somos una compañía profesional”, asegura la productora Marta Cantero, también encargada de gestionar la asociación Paladio Arte. Aquí persiguen el objetivo planteado por la Fundación Anade: el avance social y laboral de las personas con discapacidad a través de actividades artísticas y creativas. “Pretendemos fomentar el vínculo entre teatro e inclusión. Esta actividad contribuye al desarrollo personal y económico, a la satisfacción de todo tipo de necesidades y a una interacción positiva con el entorno. Soñamos con que nuestro trabajo sea contemplado por los espectadores como una obra más, no como algo realizado por discapacitados”, sigue explicando Cantero. “Son actores, no chavales”, recalca por su parte Manu Medina, el director.
 
Cualidades envidiables y pasión inquebrantable 
Unas 12 horas semanales ensayando, que probablemente sean más a medida que el estreno se aproxime, evidencian una sobrada profesionalidad. Les preguntamos si no se agotan. “Eso es lo que uno piensa. Al final nos resulta más cansado a nosotros”, comenta una jocosa Cantero. Efectivamente: a los protagonistas de la iniciativa les motiva interpretar. A Mercedes, por ejemplo, le trae recuerdos de un tío suyo que era actor en México. “Aquí me siento como si fuera otra persona”, concluye desde su silla de ruedas. Ya en faena vemos cómo exterioriza todas las emociones que lleva dentro y grita: “¡Quiero caminar para poder ser libre!”.
 
Estos artistas se liberan de las experiencias negativas a través del teatro, una estupenda vía de escape, además de excelente lenguaje de comunicación. “Las personas con discapacidad son más libres y más capaces de arriesgarse. En ciertos aspectos, como la inteligencia emocional, me he encontrado con superdotados. Derrochan empatía, su capacidad para entrar y creerse el mundo imaginario que plantea un autor está fuera de lo común”, destaca Medina.
 
 
 

 
 
 
   Esa empatía la manifiestan tanto fuera del coliseo como encima de las tablas. Dudan y preguntan, resuelven y se entregan a la representación. Recitan poesía desde lo más hondo de su interior, no como si declamasen de memoria. Incluso dan consejos. “A veces siento vergüenza, pero cuando me pongo nervioso pienso en cosas bonitas”, revela Miguel Ángel. Lo que casi todos ellos tienen claro es que el teatro constituye en sí mismo una forma de vida y la actuación les ofrece una genuina forma de expresarse. “Si esto no lo llevas dentro, se acaba”, reflexiona Carlos.
 
   Ya estamos a mitad del ensayo y el ajetreo de la compañía abruma. Todavía les quedan unos meses para estrenar −seguramente será en septiembre− y deben pulir algunos elementos técnicos. Pero Nadie está casi listo. Hay ganas de levantar el telón. Quizás el más impaciente sea Rubén. “Lo que más me gusta es el final, cuando el público está aplaudiendo. ¡Me siento importante!”, confiesa con un ligero brillo en los ojos. Su emoción y la de sus compañeros mientras escogen músicas para las escenas nos sirve de inmejorable despedida. En la ciudad del acueducto hay un lugar donde lo que circula no es un caudal de agua, sino ilusión convertida en arte, el deseo de que el teatro resulte útil para integrar en vez de diferenciar.
 
‘Nadie’: germen del ‘Teatro Brut’
Los seis actores construyen a las órdenes de Medina una obra cuyo argumento se desarrolla alrededor de un sueño y una mesa. Un hombre recurre al mundo onírico para viajar de la mano de unos personajes inexistentes que realizan lo que a él se le antoja. Simbolizan todo lo que quiere ser y no es capaz de llegar a ser. Es la historia de un niño atrapado en un cuento de adultos, aderezada con elementos variados: el mar, la risa, el llanto, poemas de Cernuda o Machado…  
 
   Envuelto en una sencilla escenografía, el montaje Nadie va presentándonos a un Charlie Rivel sin éxito, un payaso apartado y vilipendiado con dificultades para decir lo que siente y expresar lo que quiere. Desde debajo de una mesa contemplará cómo el mundo se transforma en lo que pretende que sea, hasta que un grito demoledor rompe con todo aquello que sueña. Solo entonces se lanzará a vivir tal como es, sin necesidad de esconderse.
 
   Paladio acomete con esta propuesta la primera manifestación de Teatro Brut. Se trata de un término acuñado por el propio Medina a partir del llamado Art Brut, instaurado a su vez por Jean Dubuffet para referirse a la creación de gente alejada del mundo artístico. Sin formación en ese sentido. El francés negaba que existiese un “arte de los locos” y estaba seguro de que todos llevamos dentro un potencial creativo.
 
La experiencia de Manu Medina en su trato con discapacitados le ha empujado a alumbrar un concepto que Paladio ya pone en práctica. ¿Cómo explicarlo? El Teatro Brut o Teatro Genuino es el que realizan personas con diversidad funcional y se basa en el primitivismo, la autenticidad de cada cual y la sinceridad interpretativa. Dichas características se perciben de forma clara en estos actores, cuya capacidad de empatía e inteligencia emocional constituyen importantes filones artísticos y creativos.
 
17-07-2015 Versión imprimir
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