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11-07-2016 Versión imprimir

 
 
Patricia Conde
 
“Es importante reírse de nuestra tragedia cotidiana”
 
Fraguada en mil batallas desde chavalita, ha reventado el tópico de que las chicas guapas no brillan por su inteligencia. Y en esas sigue, suspirando por Goldie Hawn



TOÑO FRAGUAS
Perdón por la rima, pero Desdentado es un pequeño pez dorado. Y Desdentado nada plácidamente en su pecera, sobre la mesa de la cocina de Patricia Conde. La actriz y presentadora (Valladolid, 1979) recibe al periodista en su casa a las afueras de Madrid. “Le puse ese nombre por la peli Cómo entrenar a tu dragón, a mi hijo le encanta”. El niño corretea feliz por el césped.
 
   Ser madre y tener una casa con jardín, un auténtico refugio, es uno de los sueños cumplidos de esta intérprete. Patricia ha cumplido otros propósitos: consiguió, por ejemplo, acabar con el absurdo tópico machista de que, si el humor es un rasgo de inteligencia, las actrices guapas no pueden cultivarlo. Con una carrera de más de dos décadas, la hemos visto en infinidad de programas televisivos (El informal, Sé lo que hicisteis…); series como 7 días al desnudo, BuenAgente, Gym Tony y El chiringuito de Pepe; varios montajes teatrales (5mujeres.com, Los 39 escalones…) y un puñado de películas, desde Pancho, el perro millonario a Legami sporchi. La madre de Patricia era modelo y su padre, músico. “También tuve un abuelo militar y artista al mismo tiempo”. Todos cinéfilos. En navidad, en vez de ir a la cabalgata de Reyes, sus padres ponían en casa La vida de Brian y Patricia, su hermana y su hermano se partían de risa.
 
   Considera su vida como una partida de cartas y está jugando la suyas con mucha inteligencia. Se dosifica encadenando proyectos, diseña ropa, escribe y es embajadora de la ONU para proyectos solidarios. Su vocación es la risa, y nada ni nadie se la va a robar. 
 
 

 
 
 
– Su debut fue como modelo. ¿Cómo descubrió que quería usted ser actriz y, además, cómica?
– En realidad no quería ser modelo. Me ponía encima de la pasarela y me daba vergüenza, pero algo dentro de mí me decía que esa era la puerta que me iba a llevar a lo que yo quería. Con 14 años hacía desfiles, dibujaba y a veces hasta cosía mis propios vestidos. Poco después trabajaba de azafata en eventos y poniendo copas en bares. Pero desde mucho antes, desde que tengo uso de razón, me disfrazaba cuando me enteraba de que venía gente a casa: mis tíos, los amigos de mis padres, etcétera. Entraba en el salón y les decía: “Me miráis, por favor, que voy a actuar”. Me ponía a bailar o a hacer el pino-puente.
 
– ¿Y eso siguió siendo así?
– Más adelante, con unos ocho años, cuando surgieron las cámaras de vídeo, grababa con mi hermano Rubén sketches de Martes y Trece, Monty Python, Regreso al futuro… Mi madre me insistía en que necesitaba hacer una carrera convencional y yo le decía: “Mamá, papá, me veo en Madrid, viviendo en la Torre de Madrid y trabajando en la tele haciendo de humor”.
 
– Y lo consiguió, logró ese sueño
– En menos de un año trabajaba en la tele y vivía en la Torre de Madrid. Viví allí durante cinco años. También estaban Elsa Pataki, Jesús Bonilla, Raquel Meroño… Mucha gente. Era como un pueblo a lo alto. Es verdad que todo lo que visualizo al final se cumple, aunque tengo algo en mí que siempre me dice que estoy empezando.

– ¿Ahora qué está visualizando?
– Estoy escribiendo un guion. No sé dónde va a desembocar, pero lo estoy haciendo. Así que me pondré a visualizar qué es lo que quiero que pase con él.
 
 

 
 
 
– Es curioso que usted sea una cómica tímida, si eso es posible
– En su día me dije: “Si puedo ponerme la armadura del humor, encima de un escenario o delante de una cámara, y hacer todo eso con lo que mis padres y mis tíos se descojonan, y además convertirlo en mi profesión, me lo voy a pasar bien y voy a ser feliz toda mi vida. Y así fue. Lo que yo hago es algo que tengo muy dentro y que es puro arte
 
– Comenzó usted a trabajar muy joven. ¿Lo tenía tan claro?
– Empecé antes de lo que esperaba y sí, lo tenía clarísimo. Fíjate: hay un casting que siempre ponen en Antena 3 en el que se me ve con un trajecito azul de mariposas y muy cortada. Nunca ponen lo que pasó antes. Me dijeron que era para un programa de humor, pero me pidieron que me quitara el traje y que, si no traía bikini, me quedara en braguita y sujetador. Me bloqueé pensando a dónde me llevaría aquello. Estaban grabando y yo tenía la seguridad de que iba a llegar a algo en este mundo, así que me dije: “Si me desnudo, lo van a poner una y otra vez en la tele”. Les dije que no y que, si por eso perdía el papel, me daba igual. Me negué porque fuera estaban esperándome mis padres y me iba a dar mucha vergüenza decirles lo que había tenido que hacer. Esta actitud ha primado en mi carrera. Siempre me pregunto qué van a decir mis padres.
 
– Usted es conocida por tumbar el cliché de mujer objeto.
Cuando un directivo y me dice que necesitan una mujer exuberante, con un gran escote o que se insinúe al entrevistado, siempre contesto lo mismo: “Puedo parodiar a una mujer así, pero nada más”. Y ya lo decía siendo muy joven y rechazando papeles. No soy ni mejor ni peor que otras, pero si me tienen que juzgar un día que no lo hagan por tener más o menos curvas, más o menos pecho o más o menos culo. De hecho, cuando me hicieron la prueba para El informal, mi triunfo fue que no me pidieran que me desnudara, cuando otras a lo mejor entraban casi desnudas. 
 
– ¿Llegó a estudiar arte dramático?
– Cuando empecé en El informal tenía 18 años y no había hecho nada en televisión. Entonces me gustaba mucho la labor de mi tío Alfonso, que tenía una escuela de teatro en Valladolid. Yo iba a ayudarle con los chavales. Más adelante fui a la escuela de Cristina Rota para preparar ciertos personajes, sobre todo para la serie Lady Kaña y para la adaptación teatral de Los 39 escalones.
 
 
 

 
 
 
– ¿Cuál es su concepto del humor?
– Creo que es importante reírse de nuestra tragedia cotidiana. El monólogo, por ejemplo, es eso. Y el ‘clown’, en realidad, es un personaje muy triste. El humor es algo con lo que he nacido, lo llevo dentro. Cuando uno recurre al humor en un momento malo de la vida, no sólo se está salvando a sí mismo, sino que también está salvando a los demás. Las cosas malas de la vida son un material fantástico para reciclarlas y hacer humor. Te pongo un ejemplo: con ocho años tuve un accidente que me pudo dejar coja. Para no preocupar a mis padres empecé a hacer bromas, a quitarle hierro. Cuando ocurre algo malo, siempre pienso que podría ser peor.

– O sea, que usted es un poco como una superheroína con una misión.
– Tampoco es eso, no es que sea un súperpoder, aunque es verdad que la vis cómica se tiene o no se tiene. Y también es verdad que la comedia nos ha salvado a muchas mujeres, nos ha protegido, porque aquí ha habido mucho machismo.

– Usted abrió brecha en España para un nuevo tipo de actriz cómica.
– Hace unos años se pensaba que debías tener determinado aspecto para hacer humor, tipo Gracita Morales, Florinda Chico o Lina Morgan. Yo me fijaba más bien en Goldie Hawn o Cameron Díaz. Cuando la vi en La máscara, con Jim Carrey, me dije que eso quería hacer yo. Ser la mezcla entre Jim Carrey y Cameron Díaz; eso sería cojonudo hacerlo aquí en España. Ahora ya hay muchas actrices que piensan que es fácil hacer humor desde unos tacones, un vestidito y ultramaquilladas; pero yo me doy cuenta de que están pendientes del monitor, de cómo salen. En el humor de verdad te olvidas de tu persona.
 
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