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20-11-2019

 

Pau Poch


“Si te dedicas a esto es porque eres un poco rebelde”

 

A los seis años apareció como figurante en ‘La mala educación’ de Almodóvar y a los 11 pisó las tablas del Teatre Nacional de Catalunya. El alcance internacional de la serie ‘Merlí’ supuso un punto de inflexión en su carrera, como ahora corrobora con ‘En el corredor de la muerte’  

 

 

JAVIER BLÁNQUEZ

Reportaje gráfico: Pau Fabregat

La carrera de Pau Poch (El Masnou, Barcelona, 1993) está en plena curva ascendente. Quien reconozca su nombre y su rostro seguramente lo hará por haberlo visto en la serie de éxito Merlí, donde se encargaba de dar vida al alumno Iván Blasco. Pero Merlí, que fue para Poch una experiencia gratificante a todos los niveles –y quizá demasiado breve, aunque tenía asumido que la aventura no duraría mucho–, se convirtió además en trampolín para optar, y por supuesto conseguir, pequeños y grandes papeles en otras producciones actuales. De modo que, si reconocemos su nombre y su rostro a partir de ahora, será también por trabajar en la miniserie de Movistar+ En el corredor de la muerte, cuyo reparto lidera junto a Miguel Ángel Silvestre para trasladar a la pantalla de manera humana y rigurosa la experiencia de Pablo Ibar, un español condenado a pena de muerte en EEUU por un crimen que él asegura que no cometió. Lo que tenga que venir en adelante para este actor sin fronteras solo puede ser más y mejor.

 

 De pequeño le interesó el fútbol, pero rápidamente empezó estudios de interpretación. ¿Tan mal se le daba el balón?

– Somos tres hermanos, yo soy el segundo… y los cracks son los otros dos. Yo vi que no daba el nivel. En realidad, no me gustaba. A los siete años, lleno de energía, quería hacer cosas y decidí entrar en una escuela de teatro en El Masnou. Era como un juego, aprendíamos a usar el cuerpo y montábamos obras, lo recuerdo como algo muy bonito.

 

– ¿Cómo llegó a su primer papel?

– Hacía teatro en la escuela y una vez vino una gente que buscaba a un niño para actuar en una obra en el Teatre Nacional de Catalunya. Ya había cumplido 11 años y aquello seguía siendo un juego.

 


 

– ¿Ha vuelto a actuar en ese coliseo?

– No. Y si tuviera que hacerlo, iba a pasarlo mucho peor que de niño. Sí he actuado en el Teatre Lliure, y estuve de gira por Francia con una obra donde compartía escena con cinco chicos franceses. Me dieron el papel porque buscaban un actor joven que no hablara francés.

 

– ¿Tardaron en aparecer pequeños papeles en series de televisión?

– Entré en una agencia. Se lo pedí así a mis padres, y me apoyaron desde el primer momento. Me lo pusieron fácil. Les conté que este mundo me gustaba y comencé a hacer pruebas. La cosa se disparó muy pronto.

 

– ¿Cómo es ser actor menor de edad? Tendrá que ir uno siempre con un tutor.

– Es obligatorio estar muy acompañado. Mi padre es fotógrafo y durante los primeros siete años de mi carrera pudo compaginar los horarios para estar conmigo en los rodajes. Mi madre venía cuando podía porque es profesora; era ella quien coordinaba mis estudios para que no perdiera ninguna clase. De todos modos, la burocracia ya se asegura de que eso sea así, en los rodajes incluso teníamos profesores. De hecho, sacaba mejores notas cuando estaba trabajando que yendo a la escuela.

 

– Curiosidades de su currículum: fue figurante La mala educación de Almodóvar y tuvo un papel en [REC]2. No está mal.

– Lo de Almodóvar fue lo primero de todo, con seis años. Estaba rodando cerca de mi pueblo y me apunté para participar de figurante en verano. Recuerdo que nos hablaba en grupo. En su equipo estaba Luiso Berdejo y se fijó en mí, habló con mis padres y me ofreció el corto La guerra. Lo de [REC] fue una aventura brutal… Hice una película en 2005 con Paco Plaza [Cuento de navidad, para televisión] y me llamó años después para un casting. Para entonces ya era adolescente y me volví loco: había visto la primera de [REC] como 100 veces.

 

– Y llega el momento en que entra en Merlí. ¿Le gustaba Filosofía en el instituto?

– Sí, aunque tampoco era mi pasión. Descubrí mucho en todo el desarrollo de la serie, que está muy cuidada. La preparamos con un coach: cada año nos reunían en una casa de colonias y nos formábamos para poder estar a tono en la serie. Me dio mucha pena que se acabara, pero sabíamos que serían solo tres temporadas, ya nos lo advirtió Héctor Lozano el primer año de grabación. Sabíamos que el final llegaría, y estábamos de acuerdo en que así fuera, era mejor acabar bien que alargar hasta que la gente se cansara.

 

 

– Merlí ha tenido gran repercusión internacional. Tampoco está mal.

– Es que los guiones estaban realmente bien escritos. Nunca habíamos soñado que pudiera llegar a tanta gente, sobre todo porque la serie se hizo pensando en el público catalán.

 

– ¿Cómo se fijó Héctor Lozano en usted?

– Me había visto en una película y me llamaron para hacer una prueba. Estaban fijándose en varios adolescentes a la vez, y ahí empezó todo: recuerdo que fueron castings muy largos y esperamos tres meses sin que nos dijeran nada. Y un día, estando en una manifestación en la calle, me encontré con Héctor y me dijo: “Empieza a dejarte crecer el pelo, porque en seis meses vas a estar rodando Merlí.

 

– ¿Le ha abierto Merlí la puerta a producciones internacionales? Hace poco trabajó en una versión de la película Snatch (Guy Ritchie) en forma de serie.

– Cada proyecto llega por vías distintas. Cosas de la vida… Sí, Merlí nos abrió puertas, la ha visto mucha gente del sector. Pero para lo de Snatch fue lo mismo, otra llamada para hacer el casting. Conocí al equipo americano, entré en la segunda temporada y grabamos durante tres meses en Málaga.

 

– Ahora parece que llegan los grandes proyectos. Es el caso de En el corredor de la muerte.

– Para la serie tuvimos que grabar dos finales porque hubo un cambio en la sentencia mientras rodábamos. Pablo Ibar estaba condenado a muerte, pero la condena revirtió a cadena perpetua. Es cierto que es un proyecto grande, y de los que llegan cuando menos te lo esperas. Me emocionó mucho hacerlo.

 

– ¿Conoció a Michael Ibar, su personaje en la ficción?

– No. Cuando estábamos inmersos en la serie había mucho movimiento con el caso y la familia debía estar centrada en la resolución judicial. Fuimos a Panamá y nos pusimos al día de todo. Pero el contacto con la familia de Pablo Ibar lo manejaba el director junto a su equipo de confianza, los actores no teníamos acceso. Así que no conocí a Michael Ibar, pero me consta que ha sufrido y ha luchado mucho.

 

 

– ¿Confía en que a partir de este momento su carrera vaya hacia arriba?

– No lo sé. No estoy tan seguro de que vayan a llegar grandes proyectos justo ahora. Lo que he aprendido es que esta es una carrera muy desigual y que necesitas estar bien contigo mismo, porque un día te llegan cosas grandes y al siguiente te pasas cinco meses en casa sin tener un solo proyecto en el que trabajar. En este mundo nada es un éxito, ni tampoco un fracaso.

 

– ¿Qué hace cuando llegan esos parones?

– Los mayores ya iban avisándome cuando empezaba que esta es una profesión difícil. Y lo es. Cuando estoy parado me dedico a formarme y estar con mi familia. Por ejemplo, después de Snatch sabía que tenía que aprovechar para darle caña al inglés, porque al nacer tantas plataformas todo está muy conectado y tenemos opciones reales de trabajar fuera. En otro parón estudié producción audiovisual para saber cómo funciona todo desde detrás. Si sabes eso, serás mejor actor, y como me gusta el mundo del documental, es algo que exploraré en el futuro. Ya hice uno como proyecto de fin de estudios, muy al calor del 15-M, sobre el polémico caso de Esther Quintana, a quien le sacaron un ojo en una manifestación. Nadie rindió cuentas, fue muy injusto.

 



 

– ¿No le preocupa posicionarse políticamente?

– No detallaré lo que pienso… Pero sí tengo una conciencia política muy clara. Me pasa como a la mayoría de compañeros de profesión: si te dedicas a esto, es porque eres un poco rebelde, y cuando hay movimientos sociales me interesa observarlos e implicarme.


– ¿Piensa en su trayectoria a largo plazo?

– Este oficio lleva acompañándome desde pequeño y siempre lo he disfrutado, no me veo haciendo otra cosa. Soy consciente de que es difícil, que te puedes cansar… A veces te cansas, claro, pero entonces aparece ese proyecto que te interesa. Y es ahí cuando se te olvidan todos los momentos malos que hayas pasado. Quiero seguir toda la vida, pero no lo llevo como una obsesión, sino con mucha ilusión.


– ¿Cine, televisión, teatro? ¿Siente debilidad por alguno en particular?

– Cualquier proyecto que te interese es bueno. Está claro que las series tienen una proyección enorme en la actualidad. Cuando estábamos en Panamá todo el mundo conocía las series españolas, todo el mundo había visto ya La casa de papel… Así que son una buena fuente de trabajo, pero no es lo único que quiero hacer.

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