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09-05-2019


A la izquierda, Juan Maidagán. Junto a él, Pepón Montero


Romanos con poca épica

 

 

Los guionistas Pepón Montero y Juan Maidagán estrenan en Movistar + la primera temporada de ‘Justo antes de Cristo’

 

PELAYO ESCANDÓN

Año 2018. La artista Marta Sánchez se saca de la manga una letra para el himno nacional y canta: “Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón y no pido perdón”. La polémica se desata, y mientras unos echan bilis por la boca, otros se aprietan la pulsera de España en la muñeca hasta que les corta el riego. Año 31 a. C. “Roma y república son mi blasón y no pido perdón”, brama un aclamado Manio Sempronio, a quien da vida Julián López en la serie de Movistar+ Justo antes de Cristo. En ella participan actores como Cecilia Freire, Xosé Touriñán o Priscilla Delgado. Más de 2.000 años de diferencia, pero las consignas para invocar las pasiones más bajas son las mismas. “Seguimos igual”, resumen Pepón Montero (Madrid, 1963) y Juan Maidagán (San Sebastián, 1970), guionistas y creadores de esta ficción, una comedia coral de romanos con 12 capítulos de los que se han estrenado la mitad. Narra las peripecias de Manio en un campamento militar, donde trata de recuperar el honor tras haber deshonrado a su familia. Una de romanos, con muy poca épica y mucho humor.

 

   A Montero y Maidagán se les ocurrió la idea hace más de 15 años. Se conocieron en Madrid en casa de una amiga común a finales de los noventa. El primero había estudiado dirección de cine en el Instituto de Radio Televisión y, tras pasar por el American Film Institute de Los Ángeles, recayó en Canalone, uno de los miniespacios de humor que albergaba el programa de televisión Lo + Plus. “Yo estaba de ayudante de dirección. Conocí a Juan [formado en Bellas Artes en Bilbao] y le dije que necesitábamos guiones para sketches”, resume. Corría el año 1997.

 

   Cuando terminaron ese ciclo se pusieron a escribir para el canal Paramount Comedy y desarrollaron dos series. Una de ellas se tituló La guerra de las Galias, también de romanos, la cual fue el germen de Justo antes de Cristo. “A partir de ese momento hicimos una obra de teatro, nos quedamos en paro y escribimos el piloto de esta serie. No la vendimos y terminamos en Camera Café”, continúa el dúo, que seguidamente fue responsable de Plutón BRB Nero junto a Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría. Los romanos se quedaron por entonces aparcados en un cajón. Hasta que apareció Movistar+. “Tuvimos flexibilidad para escribir, hacer el casting, montar… La libertad ha sido total”, señalan ambos.



   Justo antes de Cristo aborda cuestiones cotidianas de hace más de 2.000 años pero que siguen afligiéndonos hoy en día. ¿Por qué remontarse a la época del Imperio Romano? “La conclusión es que nos hacía gracia. Nos interesaba plasmar que no hemos cambiado nada en este tiempo. Cuando viajas hasta Roma para hacer una ficción es para contar grandes historias, pero no se suele ahondar en los problemas de la gente normal. Del 99 por ciento, vaya. Eso sí, una vez recuperada del cajón, hemos reescrito la serie entera”, matizan. ¿De verdad no hemos cambiado nada en este tiempo? “Los conflictos son similares a los que tenemos ahora. La gran diferencia es el egocentrismo, que sí es más actual. Los campamentos eran miniciudades que luego se hacían permanentes. Al principio pensamos la propuesta en clave de sitcom: la tienda como el piso, el bar, el vecino pesado, el lugar donde iban a trabajar… Pretendíamos más bien hacer una parodia de una sitcom. Y ese poso se ha quedado”, prosigue Montero.

 

   Roma y el honor conforman un hilo conductor cuyo paralelismo más evidente se encuentra quizás en la serie y película M.A.S.H., que transcurrían dentro de un campamento estadounidense durante la Guerra de Corea. “La cuestión del honor siempre ha existido. Pero una vez estrenada la serie, la realidad nos ha superado, nos ha adelantado por la derecha. El honor, la patria y las grandes palabras ahora están muy presentes, pero no fue algo planeado”. De hecho, otra de las frases memorables se escucha cuando un tribuno justifica la aclamación popular al rebelarse Manio en el campamento militar: “Así hemos sido siempre los romanos, seguimos al que más grita”. Poco ha cambiado la cosa.

 


   En Justo antes de Cristo han participado unos 100 actores. Se ha grabado en los estudios madrileños Elamedia, con elementos alquilados en los estudios Cinecittà de Roma, donde se filmaron escenas de películas como Gladiator o Yo, Claudio. Los exteriores se localizaron entre la Sierra de Guadarrama y junto al pueblo de Patones. La primera media docena de episodios, ya en emisión, ha sido dirigida por el propio Montero y Borja Cobeaga. En la otra remesa de capítulos, pendiente de estreno, ha colaborado Nacho Vigalondo. ¿Por qué esos cineastas? “Buscábamos a alguien que estuviera en la misma onda y entendiera el tono, el tempo y el humor. Fe de etarras y Extraterrestre tienen un poco el mismo rollo. Siempre que escribes te da un poco de miedo entregar tus guiones, pero una vez que lo sueltas, viene muy bien que venga gente ajena a darle otro aire”. Los autores citan entre sus referencias las comedias italianas de Dino Risi o Mario Monicelli y libros como los de la serie Roma Sub Rosa, de Steven Saylor.



   El feminismo y el empoderamiento de la mujer es otra de las cuestiones que sobrevuela Justo antes de Cristo. Hasta el punto de que son ellas las que terminan por dirigir de manera clandestina el campamento militar. “Al principio teníamos un campamento de romanos en Tracia con 5.000 tíos. Por eso pensamos: ¿cómo metemos aquí mujeres? ¿Qué personaje femenino tenemos que hacer para que adquiera peso?”, recuerdan. De ahí surgieron los personajes de Valeria (interpretada por Cecilia Freire) y su hija Ática (a cargo de Priscilla Delgado). Con la primera quisieron construir una mujer poderosa, “pero que no respondiera al modelo que se sigue ahora, en el que las féminas son muy sensatas y muy fuertes”, aclaran. Se confiesan cansados de que la sensatez se asocie siempre a una mujer dentro de un grupo de hombres desastrosos. Así que apostaron por una persona vulnerable y maligna. “Valeria raya en lo psicópata. Su figura no está para homenajear a las mujeres”, sentencian. Sin embargo, la niña se empodera a medida que avanza la serie, toma las riendas de su vida: “Ática evoluciona en la segunda temporada. Es la que sufre la mayor transformación”.

 

   Este año los guionistas nominados a los Goya reclamaron más ayudas en el proceso de creación. Su gremio generalmente está a la sombra de directores y actores. ¿Cómo ven el patio los artífices de esta ficción? “Hay más producciones”, reflexiona Montero, “pero los sueldos de los guionistas no han mejorado. Quizá sí ha mejorado el reconocimiento. En este caso hemos sido los mandamases, algo que hace cinco años era impensable, algo que ahora ocurre después de irrumpir las plataformas en streaming. En las cadenas generalistas opinaba todo hijo de vecino. Sacar una serie de autor en la que lo decides todo a lo largo de todo el proceso sigue siendo novedoso. Es la figura del showrunner que existe en EEUU. En Movistar+ quieren cuidar a los autores y dejan que desarrollen sus ideas, algo que normalmente no ha ocurrido”. Grabada está la segunda temporada, aunque no tiene todavía fecha de estreno. “Y tenemos otra comedia, pero actual. A ver si la vendemos”, concluyen.

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