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28-11-2018

 

La Fundación AISGE premia en Ourense la carrera brillante y comprometida de Mabel Rivera

 La delegada de la entidad en Galicia, Isabel Blanco, hará entrega del galardón el 5 de diciembre, en el marco del Festival Internacional de Cine


 

PEDRO PÉREZ HINOJOS (@pedrophinojos)

La Fundación AISGE ha querido reconocer la trayectoria de la gran actriz gallega Mabel Rivera otorgándole su premio especial en el marco del Festival Internacional de Cine de Ourense. La delegada de AISGE en Galicia, Isabel Blanco, hará entrega en el transcurso de la ceremonia de clausura del festival, el próximo 5 de diciembre, de esta distinción a la veterana actriz ferrolana, toda una institución del teatro y la televisión en Galicia, además de un referente de compromiso social entre el gremio de actores y otros colectivos ciudadanos.

 

   Aunque fue el papel de la cuñada de Ramón Sampedro en Mar adentro el que le abrió literalmente las puertas de todo el mundo, como prueban los encendidos elogios que le dedicaron los críticos de The New York Times, ya para entonces Mabel Rivera (Ferrol, A Coruña, 1952) atesoraba una larga andadura en los teatros y en la TVG. En esta última, sobre todo, fueron sus trabajos en las series Pratos combinados Pazo de familia los que la convirtieron casi en una más dentro de los hogares gallegos.

 

   Aquel reconocimiento constituyó un “lujo inesperado”, como admite hoy Rivera. Ella misma ni de lejos lo habría imaginado cuando, allá por los años setenta, era aquella chica que estudiaba Filología Inglesa, se ganaba la vida como traductora en los astilleros Astano y en sus ratos libres hacía teatro aficionado. 

 

   Poco a poco, lo de subirse a las tablas, organizar montajes y buscarse cursos de formación actoral fue imponiéndose a las otras dos actividades. Y la crisis industrial que a principios de los ochenta hundió la construcción naval y le supuso un durísimo golpe a miles de familias gallegas, representó más bien para ella una liberación: así pudo consagrarse de lleno, de una vez por todas, a la profesión de actriz.

 

 

   Quiso la fortuna, además, que por entonces (1984) se fundara el Centro Dramático Galego, donde la ficharon dentro de aquel elenco pionero. Esta oportunidad llegó justo cuando tenía preparados los billetes para una larga estancia en Inglaterra con vistas a seguir preparándose como actriz y terminar de perfeccionar su dominio del inglés, cuya filología logró acabar en la Universidad de Santiago, donde también se licenció en arte dramático.

 

 

Debut en el bosque

El teatro se erigió en el centro de su vida profesional durante la siguiente década; tanto en el Centro Dramático, donde se fogueó en clásicos, como en compañías privadas, caso de Teatro do Malbarate. También protagonizó alguna incursión en la ficción televisiva y vivió su debut en el cine a las órdenes de uno de los grandes de la dirección española, José Luis Cuerda, con un pequeño papel en El bosque animado (1987).

 

   Pero el salto para convertirse en una referencia del público y del gremio lo dio desde la cocina del bar Suizo en la serie Pratos combinados, la primera gran comedia de situación de la televisión autonómica, donde dio vida a Balbina. Interpretó ese papel entre 1995 y 2004, a lo largo de 211 capítulos, lo que la convirtió en uno de los rostros más populares de Galicia. 

 

   Rivera aprecia esa popularidad y el cariño de la gente, así como la estabilidad laboral y el inmenso aprendizaje que le proporcionó. Pero también confiesa que llegó un punto en que aquel papel la estaba “enterrando en vida, profesionalmente hablando”. La dedicación en exclusiva a la serie le fue cerrando puertas progresivamente. Y cuando estaba a punto de abandonar, le llegó, casi sin querer, la oportunidad de Mar adentro

 

   Con escasa experiencia en cine, pensaba que no interesaría su trabajo para la película y ni siquiera acudió al casting. Pero la fortuna volvió a jugar a su favor y Alejandro Amenábar quiso ver a más actrices para escoger bien a la intérprete del personaje de la sufrida Manuela, la cuñada que cuidaba de Ramón Sampedro/Javier Bardem. Fue entonces cuando acudió a una prueba y convenció al director madrileño. “Y a mí me convenció su trabajo”, apostilla siempre Rivera.

 

   El Goya a la mejor interpretación femenina de reparto por aquel papel fue la guinda a un sinfín de reconocimientos y críticas entusiastas, así como la apertura definitiva de las puertas del cine, las que más se le habían resistido hasta entonces. Milos Forman contó con ella en Los fantasmas de Goya (2006) y luego vinieron Mataharis, de Icíar Bollaín (2007); El orfanato(2007), de Juan Antonio Bayona; Agallas (2009), de Samuel Martín Mateo y Andrés Luque, o Inevitable(2012), de Jorge Algora, entre más de 15 títulos.

Rivera, con el premio Mestre Mateo del audiovisual gallego, en la edición de 2015

 

   También comenzaron a llegarle oportunidades para hacer televisión fuera de Galicia, con apariciones en series de tanta popularidad como Los Serrano, Cuéntame cómo pasó Familia.

 

 

Un talento siempre “disperso”

Pero el teatro no ha dejado de ser su eje primordial durante estos últimos añosFunciones como Master Class(2010), de Terrence McNally, las sigue conceptuando entre lo mejor de su carrera. Y en televisión ha continuado sorprendiendo con un papel menos amable y más oscuro en la serie Pazo de familia(2015). Aparte, y haciendo honor a lo mejor de su carácter de “mujer dispersa”, ha realizado también traducciones e incluso se ha atrevido con el doblaje de divas del cine de Hollywood. Michelle Pfeiffer y Deborah Kerr, entre otras, le deben su verbo gallego.

 

   Fuera de los escenarios, de los platós y el set de rodaje, es conocido también el rasgo peleón y combativo de Mabel Rivera. Y no solo por los derechos laborales de los actores. También se ha involucrado a fondo con la recuperación y el mantenimiento del medio rural gallego a través de la Fundación Galicia Verde, que encabeza junto a su marido, Enrique Banet.

 

   Y continúa al pie del cañón. Este reconocimiento de la Fundación AISGE en el Festival de Ourense no será más que un estímulo en la senda de una mujer de férreo compromiso vital e interpretativo.

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