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23-02-2016 Versión imprimir
Los ganadores de los distintos galardones, en la tradicional foto de familia
Los ganadores de los distintos galardones, en la tradicional foto de familia
 


El premio ADE de Dirección, ‘ex aequo’ para Ignacio García y Alfonso Zurro 


 
El actor y director sevillano Salvador Távora recibe el galardón de honor por su labor como renovador del teatro independiente andaluz que enriqueció con el arte flamenco
 
 
SERGIO GARRIDO PIZARROSO
El Teatro Español de Madrid se engalanaba nuevamente este lunes 22 de febrero para albergar la ceremonia de entrega de los Premios ADE, un evento que cumplía su vigésimo novena edición. Como cada año, la Asociación de Directores de Escena de España concede estos galardones en reconocimiento a la labor en pro del teatro que realizan algunos de los artistas que trabajan detrás de los focos. Porque estos premios destacan el mérito de esos profesionales imprescindibles pero a veces poco visibles que se encargan de dirigir el espectáculo teatral, iluminarlo, dar realismo a la puesta de escena o traducir los textos teatrales a nuestro idioma para que el resultado sobre las tablas desencadene los aplausos del público.
 
   “Celebramos que personas de la ‘cosa’ teatral lo han hecho muy bien”, apostillaba el presentador del acto, Carlos Rodríguez. A la celebración se unía el recuerdo del poeta sevillano Antonio Machado en el 77º aniversario de su muerte en el exilio de Colliure. Este aniversario convirtió la ceremonia de entrega de los Premios ADE en un teatral homenaje a la figura del autor de Campos de Castilla, un intelectual que siempre apostó por la cultura y la libertad. A lo largo de la gala, varios de los invitados leyeron algunos de los los escritos más representativos del que fuera el representante más joven de la Generación del 98.
 
   La actriz Itziar Miranda, que interpreta a la tierna Manolita en la serie televisiva Amar es para siempre, fue la encargada de romper el hielo y leer uno de los poemas que mejor reflejaban el espíritu de Machado, El mañana efímero. A través de la voz de la intérprete aragonesa el teatro se llenó de versos que subrayaban la libertad, la vida y el poder de la cultura frente a la corrupción, la injusticia o el conservadurismo. “La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y alma inquieta, ha de tener su mármol y su día, su infalible mañana y su poeta”.
 
   Tras su intervención fue el turno del secretario general de ADE, Juan Antonio Hormigón, quien, como cada año, volvió a sacar la sonrisa al numeroso público con su oratoria ingeniosa. “Los habituales sabrán que me tienen que aguantar un discurso”, señalaba. Hormigón celebró los 33 años que cumple la ADE al servicio del teatro, más de tres décadas en las que esta institución ha recuperado textos clásicos y generado un amplio fondo editorial, apostando por la cultura teatral con austeridad “pero sin bajar ningún sueldo”. El secretario también alabó a Machado y leyó algunos fragmentos en los que defendía la cultura y su difusión: “Enseñad al que no sabe, despertad al dormido”.
 
 
 
Itziar Miranda lee a Machado en presencia de la Junta Directiva de la ADE
Itziar Miranda lee a Machado en presencia de la Junta Directiva de la ADE
 
 
 
   Después de los discursos inaugurales tuvo lugar la entrega de premios que comenzó con la tradicional concesión de las Medallas de la ADE a los directores de escena Rosabel Berrocal, Mercedes León, Josep Maria Mestres, Helena Pimenta, Carme Portaceli, Jorge Saura y Carlos Rodríguez Alonso, así como al escenógrafo, director de escena y autor teatral Javier Navarro de Zuvillaga. En nombre de todos ellos, Carme Portaceli agradeció los galardones a ADE y subrayó el “rigor y lealtad” de la institución, así como su firme defensa de la igualdad ya que “siempre se tuvo en cuenta que teníamos que estar las mujeres”.
 
   Sobre el escenario se encontraban todas las personalidades convocadas para hacer las entregas de algún galardón. Entre ellas figuraban autoridades institucionales como Montserrat Iglesias, Directora General del INAEM; Jesús Carrillo, Director General de Programas y Actividades del Ayuntamiento de Madrid o personalidades del mundo de la cultura como Rafael Ruiz, director de la RESAD de Madrid; Isabel García Adánez, secretaria general de ACE Traductores o la bailarina Laura Hormigón, consejera de AISGE.
 
Diversidad sobre las tablas
A lo largo de la velada se siguieron intercalando la lectura de textos de Machado con la entrega de galardones. Entre los finalistas al Premio ADE de Dirección, uno de los que mayor reclamo suscita, se encontraban propuestas teatrales de muy diferentes géneros, que evidencian la riqueza y diversidad de lo que se cuece sobre las tablas españolas. Así, Carlota Ferrer por Los nadadores nocturnos, un montaje que entremezcla la paternidad con el terrorismo o la legitimación de la violencia; Ignacio García por Enrique VIII y la cisma de Inglaterra, un drama humano bajo el aspecto de un conflicto teológico basado en el texto de Calderón de la Barca; Ricardo Iniesta por Madre Coraje, adaptación de las obras de Grimmelhausen y Brecht sobre una vendedora que lucha por sobrevivir en medio de la Guerra de los Treinta Años; Marc Montserrat-Drukker por La ola, que narra el experimento que un profesor de historia realiza en sus clases para describir el nazismo y las consecuencias que provoca; o Alfonso Zurro por La estrella de Sevilla, basada en la tragedia de Lope de Vega que denuncia los caprichos de la monarquía absolutista. La actriz Itziar Miranda fue la encargada de entregar el premio, que lograron ex aequo (por segunda vez en la historia de estos galardones) Ignacio García y Alfonso Zurro.
 
   Ignacio García, director de Enrique VIII y la cisma de Inglaterra, no pudo acudir a la ceremonia ya que se encontraba trabajando en México, lo que no le impidió agradecer el galardón por carta. “Madrid, Madrid, Madrid, en México se piensa mucho en ti”, bromeaba tras dedicar el premio a sus padres, que le enseñaron los valores más importantes en una persona: “humildad, trabajo, respeto y dignidad”. Por su parte, Alfonso Zurro, director de La estrella de Sevilla, expresó su preocupación por la cultura en estos tiempos y animó a todos los compañeros de profesión: “Debemos seguir mordiendo la conciencia de los espectadores”.
 
   En cuanto al galardón que se otorga a un director novel, el Premio José Luis Alonso para jóvenes directores, fue a parar a las manos de Diego Palacio por su original distopía teatral Última transmisión.
 
El reconocimiento detrás de los focos
Durante la ceremonia, la ADE premió también el trabajo, a veces olvidado y poco agradecido, de aquellos profesionales que contribuyen a que los montajes teatrales puedan ver la luz con la mayor calidad y rigor posibles. Era una noche también para reconocer a los traductores, cuyo Premio María Martínez Sierra a la Traducción Teatral fue a parar en Lydia Vázquez, por su trabajo en La isla de los esclavos y La colonia de Marivaux, así como en Teatro erótico de Pierre Louÿs. Vázquez dedicó su galardón a “todos los traductores literarios del país”.
 
   Los iluminadores, que paradójicamente siempre suelen estar a la sombra en lo que a reconocimientos se refiere, también tuvieron su momento de gloria: el Premio Rogelio de Egusquiza a la Mejor Iluminación recayó en Paco Ariza por Enrique VIII y la cisma de Inglaterra.
 
   Precisamente por sus figurines para esa misma obra, Pedro Moreno recogió el Premio Adrià Gual de Figurinismo. “Mi trabajo es ayudar a que las emociones del teatro lleguen al público”, resumió. Por su parte, Curt Allen Wilmer se alzó con el Premio Joseph Caudí de Escenografía por su mano recreando la esencia de Lope de Vega en La estrella de Sevilla. Los estudios teatrales también tuvieron su hueco y el Premio Leandro Fernández de Moratín alabó la publicación de la ADE de Manuel Vieites que desentraña los rasgos del llamado “teatro cívico” de Percy MacKaye. “Un teatro es una casa de vida a tiempo completo”, señalaba Vieites en palabras de MacKaye tras recoger su premio.
 
Una vida dedicada al teatro
El director y actor asturiano Etelvino Vázquez fue reconocido con el Premio Adolfo Marsillach a una labor teatral significativa. Su actividad al frente del grupo Teatro del Norte, donde ha puesto en marcha montajes lorquianos como Yerma, le han hecho merecedor de un insigne galardón que el año anterior recayó en José Sanchis Sinisterra. “Llevar tantos años en la escena es producto de la cabezonería y de la casualidad, pero sobre todo de los compañeros”, aseguraba.
 
   Otro de los momentos más emotivos y esperados del acto fue la entrega del Premio de Honor de la ADE al actor y director sevillano Salvador Távora. Su actividad artística con la Cuadra de Sevilla durante más de 40 años, la creación de espectáculos teatrales renovadores con un lenguaje propio donde se entremezclan sus raíces andaluzas con elementos flamencos, un férreo compromiso social y ciertos tintes autobiográficos le han valido el reconocimiento de la Asociación de Directores de Escena. “Toda mi vida ha sido luchar para que la idea se volviera un sonido, un silencio antes que una palabra” subrayaba un emocionado Távora, para quien “el teatro debe ser la confesión íntima de quien lo hace”. El célebre verso póstumo de Machado cerraba el evento con un halo de melancolía: “Estos días azules y este sol de la infancia”.
 
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