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03-05-2016 Versión imprimir

 
 
Los Simón le declaran amor eterno a ‘La novia’


El filme de Paula Ortiz, con Luisa Gavasa como emblema, arrasa en la quinta edición de los galardones aragoneses



FERNANDO NEIRA
Reportaje gráfico: Academia del Cine Aragonés
Fue al calor del terruño donde La novia se procuró su gran banquete final. La película de Paula Ortiz, casi un poema lorquiano en imágenes, había vivido ya muchas noches de parabienes, pero fue al calor de sus paisanos donde recibió los abrazos más cálidos y agradecidos. Todos los Premios Simón a los que optaba acabaron siendo suyos, empezando por el de mejor largometraje y siguiendo por la dirección y la interpretación, donde la zaragozana Luisa Gavasa, inmensa en su papel de madre contrita, cumplió los pronósticos y acaparó las mayores alabanzas de la noche del 29 de abril. Los Simón, que van creciendo poco a poco, abandonaron su tradicional ubicación en el Teatro Principal para mudarse hasta la sala Mozart del Auditorio, un espacio con un 50 por ciento más de aforo. “Lo próximo será ya el estadio de fútbol de La Romareda”, bromearon los organizadores, la Academia del Cine Aragonés, felices de haber sacado adelante una gala muy digna (y por primera vez retransmitida por la televisión regional) con un presupuesto 350 veces más modesto que el de los Goya.
 
   La pujanza de La novia dejó sin opciones a las otras más que meritorias cintas que representaban lo mejor de la cosecha aragonesa del año: Bendita calamidad (Gaizka Urresti), El bandido Cucaracha (Héctor Pisa y Juan Alonso), Muchos pedazos de algo (David Yáñez), Novatos (Pablo Aragüés) y Refugios, rubricada por Alejandro Cortés. También Luisa Gavasa completó su inmaculada colección de trofeos: a sus 65 espléndidos años, el Simón le ha servido para redondear una estantería en la que ya lucían el Goya a la mejor actriz revelación, el Feroz de la crítica y la Medalla del CEC. “Este era un premio muy anhelado por mí”, reconoció la extremaña. “Soy muy sincera: me habría quedado muy decepcionada si no lo obtengo”.
 
 
 
Paula Ortiz, Luisa Gavasa y el resto de los premiados por 'La novia'
Paula Ortiz, Luisa Gavasa y el resto de los premiados por 'La novia'
 
 
 
   Gavasa se disputaba los laureles con una espléndida hornada de actores y actrices aragoneses, desde Ana Esteban (Un sueño breve) a Jaime García Machín (Novatos), María José Moreno (Milkshake express), Nicolás Coronado (Novatos) y Pepín Banzo, estupendo en El bandido Cucaracha. Pero todo el auditorio sabía que las quinielas apuntaban hacia esa mujer que, como bromeó la presentadora, Irene Alquézar, “llevaba el Cierzo en la cabeza” con su espectacular y alborotado estilismo capilar de la noche de los Goya. “Luisa lo hace tan, tan bien que está siendo reconocida hasta en Aragón”, resumió Alquézar por hacer broma de esa España cainita tan consolidada a lo largo de los siglos, y de la que ni siquiera se libran las nobles tierras mañas.
 
   En torno al reconocimiento habló, sobre todo, Gavasa en su emocionado parlamento con el Simón ya entre los dedos. “Hoy quiero agradecer a toda esa gente anónima que te toca el claxon desde el coche, te da besos en el tranvía o te suelta: ‘¡Qué guapa eres, maña, y qué joven!’. ¡Me lo voy a acabar creyendo!”, se sonreía la mujer que ya había trabajado a las órdenes de Paula Ortiz en otro largometraje sustancial, De tu ventana a la mía. Y, tras homenajear a su primo y a su hermano José Luis, remachó: “A todas esas personas que no son ni políticos, ni directivos, ni actores, a la gente de la calle… A ellos les dedico este Simón con todo amor y gratitud”.
 
 

 
 
 
La ‘enfermedad’ del cine
A falta de espectaculares despliegues artísticos, fue la emotividad lo que mantuvo viva la quinta gala del audiovisual aragonés durante su prudente hora y tres cuartos de desarrollo. La Joven Orquesta de Bandas Sonoras (JOBS), que hacía manifiesto honor a la primera de sus cuatro iniciales, fue salpimentando de cuerdas y vientos los distintos interludios, mientras adquirían merecido protagonismo algunos valientes hombres y mujeres de la cultura aragonesa que rara vez acaparan titulares. El periodista del Heraldo de Aragón Antón Castro, premio nacional de Periodismo Cultural de 2013, pronunció un vibrante discurso sobre cómo la región sigue “alimentando la enfermedad del cine”. “Estamos como nunca”, argumentó Castro: “Se cimbrea un arbusto y detrás hay un cineasta”.
 
   La actriz Ana Gavira no escatimó en énfasis a la hora de lamentar “la censura salvaje y criminal” que aún sufre la profesión “en estos tiempos nada buenos para la lírica”, y expresó su solidaridad con los actores Alberto San Juan y Gloria Muñoz, denunciados por la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Azucena Garanto y Carmen Pemán demostraron que se puede dirigir dos cada vez más atractivos festivales de cine, los de Huesca y La Almunia, con nombre de mujer. Y el edil de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, Fernando Rivarés, demostró que la representatividad institucional no es incompatible con el desparpajo: desde primera fila, y en conversación con la presentadora, no dudó en ponerse a entonar The show must go on para mostrar su devoción por la música de Queen y por el sentido del espectáculo.
 
   La prevalencia de La novia en el palmarés (además de película, dirección e interpretación, acaparó las estatuillas de dirección artística y la categoría especial, por el vestuario de Arantxa Ezquerro) no debe oscurecer otros nombres que salieron triunfadores de la sala Mozart. Sobre todo el del joven Miguel Casanova, precisamente alumno de Paula Ortiz, y al que la Academia reconoció como mejor cortometrajista del año por su Milkshake express. “Hay mucha gente de los de arriba a los que les molesta el cine”, advirtió un reivindicativo Casanova. Y propuso: “Apoyémonos entre todos para seguir haciendo largos, cortos, videoclips y de todo”.
 
   Emocionante resultó también el momento en que se desveló el Simón al mejor documental para Eduardo Ducay. El cine que siempre estuvo ahí, la cinta que Vicky Calavia dedicó al gran productor aragonés, Simón de honor en la edición de 2014 y fallecido apenas una semana antes de esta entrega de 2016. “Eduardo estaba encantado con el Simón que le habían concedido dos años atrás y hoy se sentiría muy feliz de ver que este documental sobre su figura y la de Alicia Salvador, su mujer y biógrafa, también había resultado premiado”, resumió Calavia.
 
 

 
 
 
Fernando Esteso, nobleza y humildad

Ningún invitado aglutinó tantos aplausos en la noche de los Simón como Fernando Julián Esteso Allué (Zaragoza, 1945), uno de los actores más populares en la España de hace casi cuatro décadas y un hombre que ha convivido con el éxito y el olvido sin dejar de ser él mismo ni perder su condición de ser humano humilde y noble. Desaparecido de la gran pantalla durante largos años, Esteso no solo se ha reencontrado con un papel protagónico para Re-emigrantes, sino que ejerce de artista totémico entre la generación de jóvenes realizadores: Ciro Altabás le rescató en 2005 con el corto DVD, Tirso Calero le alió en 2013 con otros clásicos reivindicables (Manolo Zarzo, Jesús Guzmán) para Blockbuster y varios alumnos de la Universidad Miguel Hernández de Elche le convencieron para colocarse al frente de El trayecto, una cinta de 12 minutos que podrá verse en el próximo Festival de Alicante.

Esteso habló, precisamente, de ser uno mismo en todas las circunstancias, tanto cuando se trabaja junto a estudiantes noveles como en los tiempos en que protagonizaba El binguero, la película más taquillera de todo el cine español en la temporada de 1979. “Gocé de una popularidad casi extrema”, rememoró, “y concedía entrevistas a periodistas en prácticas o a chicos del colegio a los que les encargaban una redacción para clase. A algunos me los he encontrado luego, con el paso de los años, y eso me ha hecho muy feliz”.

El que fuera tantas veces pareja artística de Andrés Pajares no pudo evitar la emoción cuando recordaba sus primeras veces sobre las tablas, “cuando salíamos a actuar y el sueldo consistía en los caramelos y las perras gordas que nos lanzaban al escenario”. Y para finalizar la fiesta, se marcó una jota alusiva con la que demostró su espléndida forma vocal y el gran dominio de su familia en el canto más característico del folclor aragonés. La coplilla que compuso decía así: “Me entrega el Simón de cine / la Academia de Aragón / Lo pondré en mi corazón / pa que naide me lo quite”. Suyo es para siempre, maestro. 
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