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08-05-2017 Versión imprimir

 
 
Laura Contreras conquista el Simón con su monja de ‘Luz de soledad’


El filme hispanoalemán ‘Bestfriends’ acapara mejor película, dirección y guion en la sexta edición de los galardones aragoneses


FERNANDO NEIRA
Reportaje gráfico: Academia del Cine Aragonés
A veces los santos son reacios a los besos. Laura Contreras, en cambio, besó al suyo este sábado, 6 de mayo, a las primerísimas de cambio. Llegaba la actriz aragonesa de raíces andaluzas como una de las seis finalistas a la categoría de interpretación de los VI Premios Simón, pero ni se había llegado a preparar unas palabras por si su nombre era el pronunciado al final en la gala del Auditorio de Zaragoza. “Tenía una chuleta preparada, pero la tiré a la basura cuando vi en la alfombra roja que había venido Eduardo Noriega”, confesaría después. Se equivocó, felizmente para ella. Y la rotunda ovación escuchada en la sala Mozart corroboró que el gremio tiene en alta estima a una mujer a la que ya habíamos visto en un papel secundario de La novia, pero que ahora pudo acariciar la preciada estatuilla de la Academia del Cine Aragonés gracias a su primer papel protagonista, el de Luz de soledad.
 
   “Apasionarse es lo que te cambia la vida”, resumió ante el millar de asistentes a la gala esta zaragozana que cumple ahora 36 años, “y la mía cambió desde el momento mismo en que se me ocurrió la locura esta de ser actriz”. Contreras dedicó el triunfo a sus padres (“las dos personas sin las que nada de esto habría sido posible”) y a Pablo Moreno, director de la cinta, “por regalarme un gran personaje y confiar en mí más que yo misma”.
 
 
Laura Contreras y los entregadores de su premio (Alba García, Iñaki Guevara y Ana Pavía)
Laura Contreras y los entregadores de su premio (Alba García, Iñaki Guevara y Ana Pavía)
 
 
 
   La categoría de interpretación aún no cuenta con división masculina y femenina en los Premios Simón, de manera que Contreras competía en las quinielas con Ester Gotor (El gran día), Elena Rivera (Rewind), Alfonso Desentre (Magia), Alfredo Abadía (El morico) y Eduardo Noriega (Nuestros amantes), el más popular de los candidatos y el que acaparó docenas y docenas de selfis desde que hizo presencia, a eso de las nueve de la noche, por las inmediaciones del auditorio. Pero los académicos se decantaron por la encarnación que Laura ha sabido trazar de la monja Soledad Torres Acosta, fundadora en el siglo XIX de las Siervas de María, mujeres que atendían a los enfermos en los hospitales y en sus propios domicilios. Como dificultad interpretativa adicional, Contreras hubo de dar vida al personaje desde los 20 años hasta su fallecimiento. “Tuve que afrontar en pantalla todo el proceso de envejecimiento…, y eso sin dejar de lucir hábito”, comentaba en todo divertido durante el rodaje.
 
 
Carlos Val y el equipo de 'Bestfriends'
Carlos Val y el equipo de 'Bestfriends'
 
 
 
La furgoneta de los VHS
La zaragozana se convirtió así en una de las protagonistas de una noche en la que la gran vencedora resultó ser Bestfriends, largometraje escrito y dirigido por Carlos Val y Jonas Grosch que acaparó los premios a mejor película, dirección y guion. En ausencia de Grosch, fue Val quien subió las tres veces al escenario y fue desgranando confesiones encantadoras. Por ejemplo, que su pareja le comunicó que iba a ser padre tres días antes de comenzar el rodaje, cuando él ya se encontraba en Berlín. “En realidad me envió una foto de un Predictor con dos rayas rojas, y tuve que ponerme a buscar en Internet a ver qué significaban esas rayas…”. O que su vocación cinematográfica se remonta al día en que sus padres compraron “un vídeo VHS Grundig” que le abrió los ojos a un fascinante nuevo mundo. “Desde entonces esperaba la llegada de la furgoneta que venía a alquilar vídeos hasta San Mateo de Gállego [Zaragoza], mi pueblo. Allí pasaba horas y horas eligiendo la peli que iba a ver ese fin de semana con mi familia”, relató.
 
 
Jorge Aparicio, mejor cortometraje con 'El morico'
Jorge Aparicio, mejor cortometraje con 'El morico'
 
 
 
   El inesperado éxito de Bestfriends, una historia (grabada en alemán y con actores foráneos) que relata las dificultades del ser humano treintañero para incorporarse a la edad adulta, dejó sin galardones a Nuestros amantes, de Miguel Ángel Lamata, que sumaba cinco nominaciones pero se marchó de vacío. Hasta siete candidaturas había alcanzado El morico, de Jorge Aparicio, que al menos obtuvo la recompensa del Simón al mejor cortometraje. Aparicio, al que su discapacidad no le ha impedido ejercer como actor, cantante y, desde hace unos años, director, dedicó el galardón a sus profesores. “Sí, seguiremos aprendiendo y seguiremos haciendo cine”, se conjuró ante la audiencia.
 
 
Iris de Campos, presentadora de la gala
Iris de Campos, presentadora de la gala
 
 
 
   Sobre conjuras también habló, de alguna manera, el actor Jesús Marco, que se estrenaba en los Simón como presidente de la Academia de Cine Aragonés. “Hemos dejado escapar, con demasiada facilidad, talentos que fuera de Aragón han brillado luego por sí mismos”, se lamentó. “Tenemos que conseguir que la maldita frase ‘No ser profeta en tu propia tierra’ desaparezca de nuestro lenguaje para siempre”. De paso, Marco aprovechó para animar a las empresas privadas a que tengan presente el sector audiovisual en sus planes de marketing. “Invertir en cine ya no está mal visto y termina mejorando las cuentas de resultados”. La actriz Iris de Campos, presentadora de la ceremonia (en la que la parte musical corrió a cargo de la nutrida Feeling Big Band), se felicitó de “otro año con una buena hornada de cine aragonés” y aprovechó para sugerir una definición de tal cosa: “El cine aragonés consiste en rodar en Aragón y contar lo que somos en realidad, no lo que otros creen que somos. Historias grandes o pequeñas, porque todas nos importan”.
 
 

 
 
 
María José Moreno, premio y reivindicación
“Yo no puedo decir eso de que no me lo esperaba…”, bromeó la gran actriz zaragozana María José Moreno (Daroca, 1950) cuando recibió el Premio de Honor, que reconoce toda una trayectoria fecunda sobre los escenarios y es el único que la Academia concede de antemano, antes de la ronda final de votaciones. Moreno se confesó feliz de incrementar su lista de reconocimientos con el Simón, aunque bromeó: “Espero que no queráis por ello prescindir de mí”. Y se maravilló de una profesión con la que sigue en activo, ahora en la gira de La casa de Bernarda Alba. “Todos sabemos que no solo la poesía es un arma cargada de futuro”, resumió parafraseando a Gabriel Celaya.

La felicidad del momento no amortiguó, con todo, la faceta más concienciada y reivindicativa de la veterana artista. Moreno recordó que los papeles protagonistas femeninos apenas son el 16 por ciento, “y ya va siendo hora de que se nos reconozca y lleguemos a un punto un poco más equitativo”. Y alertó sobre el grave problema del desarraigo cuando un artista no nace en una de las grandes ciudades de la geografía peninsular. “En mi generación ya sabíamos que debías abandonar tu tierra para dedicarte al cine, que aquí no había nada que hacer. Hoy las instituciones declaran que la cultura es imprescindible en el desarrollo integral de las personas, pero los políticos siguen actuando como si residir en provincias fuera una lacra. Y deben generar las condiciones suficientes para que Aragón no acabe exportando a toda su gente del cine y la cultura”.
 
 
 
 
Los coches de época toman la Gran Vía
La imagen, la tarde del sábado 6 por el centro de Zaragoza, era insólita. Al habitual trasiego de tranvías por la Gran Vía de la ciudad se le sumaba esta vez un encantador ir y venir de automóviles de época, cortesía de la Asociación Aragonesa de Vehículos Históricos. El resultado era una estampa casi idílica con la que los organizadores de los Premios Simón consiguieron que le picase la curiosidad a miles de viandantes, intrigados por la proliferación de aquellos viejos cacharros. Muchos de los nominados acudieron montados en ellos hasta el Auditorio de la ciudad. Y casi todos los asistentes a la gala no resistieron la tentación de curiosear entre estos automóviles, estacionados a las puertas del moderno edificio en curioso contraste de épocas y circunstancias. El glamur, a fin de cuentas, ha existido siempre.
 
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