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15-06-2017 Versión imprimir

 
Los gays y lesbianas que se les colaron a los censores franquistas
 
 
Alejandro Melero presenta en AISGE ‘Violetas de España’, un ensayo apasionante sobre la homosexualidad en los años más crudos de la dictadura
 
 
ANTONIO ROJAS
“Lejos de ser periféricas, las posibilidades ofrecidas por la representación de personajes gays y lésbicos se deben entender como centrales en el cine español de la dictadura”. Quien así se expresa, rompiendo falsas creencias e incluso mitos, es Alejandro Melero, profesor universitario y dramaturgo, autor recientemente de un libro revelador: Violetas de España. Gays y lesbianas en el cine de Franco (Notorius Ediciones). El volumen se presentó este 14 de junio en la sede madrileña de la Fundación AISGE.
   
   Después de alumbrar un texto que ya llamó la atención en su momento, Placeres ocultos. Gays y lesbianas en el cine español de la transición, Melero se empeña en ir más allá. Da una vuelta de tuerca y demuestra que, a pesar de lo que se ha pensado durante largo tiempo, ninguno de los grandes géneros cinematográficos obvió la cuestión homosexual. “A menudo son personajes fundamentales en las películas más influyentes, especialmente en el género policíaco, la comedia y el terror. Marcaron las pautas que definieron esos géneros y las expectativas de los espectadores”, asegura.
 
   Lo mismo se puede decir de los grandes creadores: ni uno solo de ellos se olvidó de la homosexualidad en su filmografía, y en todas las generaciones de cineastas estuvo presente. De Berlanga a Buñuel pasando por Bardem, Rovira Beleta, Saura, Picazo, Camus, Aranda...

   Melero no niega la severa represión que durante el régimen de Franco sufrieron gays y lesbianas. Fueron odiados, humillados, perseguidos, condenados al ostracismo, encarcelados. Pero el autor ha descubierto los resquicios que atrevidos directores y productores aprovecharon en las sucesivas fases del proceso censor para mostrar el mundo homosexual en sus filmes. Los hallazgos nacen de una concienzuda investigación que incluyó el visionado de centenares de cintas, buena parte de ellas olvidadas por el público, además del estudio de infinidad de expedientes de censura. Y tampoco faltan en las páginas del libro numerosos testimonios de protagonistas de la época.


 
 
Representación de la homosexualidad
En opinión de Melero, es un error aceptar o presuponer que el cine de Franco prohibió la representación de la homosexualidad, sobre todo teniendo en cuenta que fue una dictadura larguísima. “Asumir que los cineastas del franquismo renunciaron a las posibilidades de representaciones homosexuales es un error tan grave como pensar que renunciaron a tratar otras temáticas conflictivas para el régimen”. 

   Este historiador del celuloide subraya que Violetas de España… no es un texto sobre la censura. “Claro que era importante, que angustiaba a guionistas, realizadores y productores, pero era parcialmente negociable. Había mecanismos ante una burocracia tan loca para abrir huecos y poder introducir así personajes o tramas homosexuales”. La realidad española de entonces, apunta, no se reduce a la afirmación de que todo era oscuro.
 
   “Muchos entendieron que las historias de gays y lesbianas les venían bien para sus narraciones y consiguieron colarlas en sus películas, como también hicieron con otros temas que eran considerados tabú, desde el adulterio al suicidio”. En este sentido, Melero cree que la España de Franco, en lo que a cine se refiere, “confirma lo que se ve en otras filmografías de fuera”.

Temática presente en todas las épocas
Entre las principales aportaciones del libro figura la de que el contenido gay o lésbico estuvo presente en el cine español a lo largo de los cuarenta años de dictadura, no solo al final, cuando los controles de los censores fueron aplicándose con menos tenacidad. De hecho, Alejandro Melero ya detecta situaciones y personajes claramente homófilos en las cintas bélicas de la posguerra (el caso de ¡A mí la Legión!, de Juan de Orduña, paradigma de la homofilia en el cine de la cruzada) o en las de ambiente taurino, tan populares en el primer franquismo. “El cine en principio más cercano a la oficialidad permitió ciertos resquicios para imágenes de marcado carácter homoerótico”.
 
   En su detallado y prolijo recorrido por el cine español de cuatro décadas, Melero se detiene a analizar la compleja relación de Luis Buñuel con la homosexualidad y cómo esta se reflejó en sus cintas. O a explicar la milagrosa existencia de una cinta “incomparable y sin parangón en ninguna otra cinematografía”, Diferente, de Luis M. Delgado y Alfredo Alaria, estrenada en 1961 y protagonizada por el propio Alaria, Manuel Monroy, Sandra Le Brocq, Julia Gutiérrez Caba... El autor dedica espacio también a dar cuenta de las tramas o subtramas con temática gay que hay en géneros tan populares como el cine de romanos o el spaghetti western. Detecta el lesbianismo en producciones encabezadas por vampiresas y amazonas y detalla el peso de los mariquitas en las situaciones humorísticas de las comedias.
 
   El primer ejemplo cronológico que brinda al lector es el de Don Floripondio, un filme de Eusebio Fernández Ardavín estrenado solo siete meses después del final de la Guerra Civil, cuyo guion contiene indicios de la que se convertiría en la estrategia principal del humor gay: la confusión.
 
Entre las coproducciones y el Padre Benito
Violetas de España… desvela cómo las coproducciones con otros países, especialmente Italia y Alemania, fueron determinantes para la historia de la homosexualidad en nuestro celuloide. Sobre todo a partir de los años sesenta. Como ese régimen de coproducción obligaba a rodar dobles versiones, para el consumo interno y para el externo, en más de una ocasión se produjeron escándalos al proyectarse en España la versión extranjera. ¿Y por qué el escándalo? Porque había escenas subidas de tono o que mostraban claramente la homosexualidad.
 
   En el libro aparecen figuras entrañables, como el Padre Benito, un hombre perspicaz con el tema de la homosexualidad, quien conduce a Melero a una conclusión: en la censura aplicada al cine hubo mucho –muchísimo- de personalismo.

   Quizá una de las grandes lecciones de este libro es que “la homosexualidad fue primero reconocida y después perseguida, pero no se consiguió que desapareciera”. Y otra no menos importante: “Es una lástima que se nos haya enseñado a despreciar lo que en realidad fue un cine muy rico. Los actores hicieron malas y buenas películas, pero nunca malas interpretaciones”.
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