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21-01-2013

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Los 'pulseras rojas', en plena acción en la planta hospitalaria

'Pulseras rojas': Aprendiendo a vivir
 
La serie más emotiva y exitosa de TV3, 'Polseres vermelles', emprende su segunda temporada después de repetir éxito, doblada al castellano, en Antena 3
 

NURIA DUFOUR
Reportaje gráfico: Pau Fabregat
Lo que a primera vista se dibuja como un edificio fantasmal entre las montañas de la cordillera litoral barcelonesa es la localización base de una serie que ha roto moldes por calidad y proyección. Lo hizo a comienzos de 2011 en TV3 –recordamos la definición del crítico televisivo Ferrán Monegal: “alimento de primera necesidad para la audiencia”– y lo ha vuelto a hacer este verano pasado en A3, al convertirse en la primera ficción en catalán que salta a una cadena generalista en versión bilingüe con notables resultados. Incluso, “por expresa iniciativa de A3”, los temas musicales que interpretan grupos como Teràpia de Shock, Sopa de Cabra o Antònia Font se han subtitulado. “Los clips aparecen en medio y al final del episodio; buscaba un formato muy claro para el espectador”, explica Pau Freixas, el director y productor ejecutivo.

   'Polseres vermelles' vuelve a estar de rabiosa actualidad: el 14 de enero echó a andar la segunda temporada en TV3. El título de la serie da nombre a una pandilla de seis muchachos de entre 7 y 17 años, los pulseras rojas, que se crea en la planta infantil de un hospital. Pandilla en la que cada uno asume un arquetipo: líder (Lleó), co-líder (Jordi), listo (Toni), guapo (Ignasi), imprescindible (Roc, el narrador o conciencia de la historia, en coma desde hace varios años) y la chica (Cristina), y en la que la polsere simboliza la diferencia que les une y les separa del mundo.

   Esta segunda temporada, a cuyo rodaje asistimos, comenzó a grabarse el mismo día que A3 estrenaba la primera: 9 de julio. Mikel Iglesias (Ignasi) recuerda como impactante la respuesta a la emisión en Cataluña. “El público reaccionó de una forma inesperada, se sentían muy cercanos a los casos que presentábamos”. Nil Cardoner, Roc, el benjamín del clan, se acuerda del calor que pasaba, “fue muy difícil actuar inmóvil en la cama durante tantas secuencias”. Y Marc Balaguer, Toni, añade haber sido muy especial volver a verla. “Recordamos entre nosotros momentos únicos de cuando la rodábamos”.

   A día de hoy, la producción de Filmax alcanza los 150.000 seguidores en Facebook. Los actores también están al día de lo que se comenta en las redes sociales. “Tras la emisión”, relata Mikel, “leemos las reacciones ante las tramas. Mi cuenta de Twitter la tengo bastante activa”. Marc también trata de no perder hilo (“con el estreno en A3 se ha notado mucho el aumento de fans”). Un éxito inesperado, aunque a medida que iban visionando los primeros capítulos, crecía el entusiasmo del equipo. “El matiz vida-muerte que aborda la serie es uno de sus encantos”, cuenta Oriol Maymó, director de producción.

   La construcción, impresionante por dimensiones –unos 5.000 metros cuadrados, la mitad como plató– y por las sensaciones que sugiere, se localizó fortuitamente. Así nos lo revela Teresa Gefaell, la delegada de producción de Filmax para el largometraje Cruzando el límite (Marcel Borràs, Roger en Pulseras, era uno de sus protagonistas).

   Mientras recorremos las múltiples estancias –entre naturales, fijos y polivalentes, los decorados suman una treintena–, nos cruzamos con Freixas, que sale de una de las salas de montaje para meterse en otra (hay cuatro en total). “A la hora de localizar, pido espacios que me funcionen por todos los lados para que el actor no esté limitado”. Se nota. La serie derrocha luz. El edificio cuenta con enormes ventanales y gigantescas claraboyas. Apenas hay exteriores, y estos no se echan en falta. Ni siquiera planos de situación, porque daban un nivel de realismo que no encajaba con el tono del producto. “Los rodé”, continúa Freixas, “pero en cuanto ponía el plano, rompía el resto. El mundo de Polseres es más una metáfora de la realidad que la realidad misma”.

   Son las 14:30 horas de un miércoles nuboso. El equipo técnico, 120 personas, empieza a llenar despachos y salas. Las de maquillaje y peluquería son ya un hervidero. Es el último día de rodaje en el ficticio Hospital Miramar tras un verano intenso, aunque aún tienen por delante unas semanas más de grabaciones en otras localizaciones. La tarde se presenta larga: el rodaje de las diez secuencias se prolongará hasta la madrugada. De lunes a viernes, en jornadas de diez horas, se graban entre ocho y doce páginas de guion (unos diez minutos de emisión) y en seis días se completa un capítulo.

   Actores y figuración ocupan sus posiciones. Álex Monner repasa con una de las coachs la primera secuencia. “Cuando me enfrenté por primera vez a Lleó, mi mayor preocupación fue si acabaría entendiéndolo pese a las circunstancias que vive”, confiesa. Y es que las historias que la serie retrata son cruentas, aunque el humor y el vitalismo desdramaticen las traumáticas vivencias de estos chicos y las conviertan en lecciones de vida.

   La camaradería salta a la vista. Los chavales se conocen mucho. Antes y durante las grabaciones, igual que hicieran en la anterior temporada, los jóvenes actores conviven en una casa de colonias. Allí preparan los personajes, estudian sus diálogos y ensayan con los directores (tres, capitaneados por Freixas).
Han pasado dos años entre ambos rodajes. Los niños son menos niños y las situaciones a las que se enfrentan, más duras. Para Álex, Lleó ha adquirido “capacidad de afrontar decisiones mil veces mayores”. ¿Lo más difícil? “Saber distanciarte al máximo del personaje una vez terminas de rodar”, apunta Joana Vilapuig tras su primera experiencia televisiva, “aunque haya aprendido muchas cosas de Cristina”.

   Los adultos (padres, médicos y personal hospitalario) aparecen en segundo plano. Muy al principio se planteó retratarlos de manera subjetiva, pero aquello no terminaba de funcionar porque el drama habría perdido contundencia.

   A diferencia de la mayoría de las series estatales, cada capítulo dura 45 minutos, el estándar norteamericano, aunque esto no fue una idea preconcebida. TV3 compartió la intuición de Freixas de que la serie “pedía ese metraje”.

   Los seis actores protagonistas coinciden en calificar de irrepetible su participación en Polseres vermelles. Mientras a Mikel le ha hecho madurar como actor y persona, Igor Szpakowski (Jordi) destaca los muchos valores que transmite, “no siempre relacionados con el hospital y las enfermedades, sino también con la amistad y las emociones”. Por su parte, Marc reconoce que tocar temas como el cáncer o la muerte es poco usual. “Al hacerlo, hemos conseguido que muchas familias hablen de eso. Solo por ello vale la pena rodar una serie así”. Ni que lo diga.
 



EL AUTOR
ALBERT ESPINOSA
 
“Siempre intento que cada personaje
tenga algo para el actor”
 
Albert Espinosa (Barcelona, 1974) irradia inteligencia y cercanía. Actor, guionista de cine y TV, director, prolífico autor teatral –en diciembre estrenará en el Nacional de Catalunya Els nostres tigres beuen llet–, superventas literario (tres novelas, primer escritor español vivo en ser traducido por la británica Penguin), columnista de El Periódico de Catalunya, colaborador de programas de radio, conferenciante en hospitales e ingeniero industrial químico. No es extraño leer o escuchar referencias a él como el “fenómeno Espinosa”, aunque la acepción fugaz de “fenómeno” encaja bien poco con su trayectoria.

   Polseres vermelles
está inspirada en su libro autobiográfico El mundo amarillo, donde Albert plasmó a modo de breves e intensas anotaciones sus vivencias con el cáncer. A los 14 le detectaron un tumor maligno por el que pierde la pierna izquierda; a partir de ahí toda una década entre hospitales, un viaje en cuyo recorrido se dejaría un pulmón y medio hígado. 

– ¿Cómo se convence a una cadena para que apueste por una historia de niños enfermos en la que a uno de los protagonistas le cortan la pierna en el primer capítulo y hacia la mitad de la primera temporada otro de los ‘pulseras rojas’ muere?
– Tenía muchas ganas de explicar cómo se crea el carácter de los niños en un hospital, no el cáncer en sí. La directora de TV3 Mónica Terribas quería hacer una serie realista sobre niños en hospitales y Filmax, muchas ganas de producir una ficción en Cataluña. Yo había escrito El mundo amarillo y el guion de Planta 4ª (Antonio Mercero, 2004) y dije cuatro veces que no, hasta que finalmente me aceptaron hacer la serie al estilo americano: escribir los 13 capítulos antes de grabar, ser productor asociado, participar en el reparto y elegir al director. Es una manera de trabajar que siempre había deseado.

– ¿Los personajes de Lleó y Jordi son su álter ego?
– Todos tienen un poquito de mí y de la gente que he conocido. Voy dividiendo mis experiencias entre ellos, pero, sí, Jordi tiene bastante mío. Yo perdí la pierna el día de Sant Jordi, como ocurre en el primer capítulo, e hice la fiesta de despedida de la pierna, igual que hace el personaje.

– Usted aborda sentimientos sin complejo. A veces parece que estuviera prohibido expresar ternura.
– Siempre digo lo que Mercero: “hay los diez terroristas más buscados y los diez ternuristas más buscados”. Hacer ternura es casi como un delito y a mí la ternura me encanta. Hice mi primera película con Antonio y conocí ese punto entre el humor y la emoción que él domina tanto [el personaje del celador que interpreta Xicu Masó lleva el nombre del director guipuzcoano a modo de homenaje]. A veces se te va la mano y te pasas, a veces te queda perfecto y a veces te falta un poquillo. Si al final te llevas una frase o una idea, eso es un plus. Jamás intento aleccionar.

– ¿Su faceta de actor influye en su manera de plantear los diálogos?
– Un poco sí. Empecé actuando en teatro con mi compañía [Los Pelones] y siempre intento que cada personaje tenga algo para el actor. Que tenga unos diálogos importantes, pero también recortables. Cuando el actor me dice: “te he cambiado cuatro palabras”, digo: “perfecto, para eso estamos”. Son los actores los que conviven con el personaje y nunca me ha molestado que cambien cosas. Enriquece.

– El alta no termina de ser una buena noticia para los ‘pulseras’, implica la pérdida de los compañeros. ¿Esto es algo real?
– No es complicado curarse, sino enfrentarse a la vida que vendrá a continuación. No es que quieran permanecer enfermos. Mis personajes saben lo que significa curarse y recaer. Hemos intentado ser realistas y lo real, cuando sufres una enfermedad larga, es que cuesta volver a poner un pie en la calle.
– Tras el estreno de ‘Polseres’ en A3 usted recibió 40.000 correos electrónicos. ¿Cómo maneja el contacto con los seguidores?
– En El mundo amarillo se me ocurrió poner mi mail personal. ¡No esperaba vender tantos ejemplares! Cada día recibo unos 1.500 correos. Dedico miércoles y domingo a contestar. Lo que no sospechaba es que el día del estreno pasáramos de 1.500 a 40.000. Muchos piensan “no los leerá todos”, y sí que los leo. Es como aquello de Superman cuando dice que un superpoder conlleva una responsabilidad. Si das tu correo, tienes que asumirlo. Les contestaré con gusto.
– ¿Imaginaba ese resultado?
– Ha sido un locurón. Las épocas de ganancia son importantes porque luego se desprenden pérdidas. De las épocas de pérdida que padecía en el hospital se despertaron muchas ganancias. Siempre me ha parecido igual de interesante una época que otra. Al final se dan la vuelta y aprendes de ambas.
– La semana del estreno de la serie en A3 fue intensa: comenzaba el rodaje de la segunda temporada y le comunicaron que sus libros habían llegado al millón de ejemplares vendidos. ¿Se pellizcó por si estaba soñando?
– Más que pellizcarme, tengo la sensación de estar viviendo una época muy bonita. Ahora estoy escribiendo una obra de teatro, otro libro y dispongo de una libertad que nunca he tenido. He tardado en conseguir que alguien confiara en mí. No es fácil ir con una historia de niños con cáncer o de cojos o de chicos especiales.
– ¿La serie puede ayudar a favorecer la imaginación de los que diseñan las plantas infantiles de los hospitales, como ya reclamaba en su libro?
– Con la serie han aumentado en casi un 40 por ciento las visitas a los hospitales infantiles. Como en muchos capítulos enseñamos que las paredes de quimioterapia son muy tristes, hay hospitales en Cataluña que las han repintado y en otros han puesto televisores grandes para que los chavales puedan ver sus series o jugar. Igual sí ha habido cambios, algo que te llena de felicidad.
– ¿En qué fase se encuentra ‘The Red Band Society’, la versión que prepara Spielberg?
– Martha Kauffman, la creadora de Friends, me ha mandado el guion piloto y quiere que vaya a ayudarles. Será un subidón conocerles a los dos. Me emocionaré mucho.
 

Joana Vilapuig, Marc Balaguer, Nil Cardoner y Álex Monner bromean durante un descanso

Joana Vilapuig, Marc Balaguer, Nil Cardoner y Álex Monner bromean durante un descanso

Un emotivo abrazo entre Nil Cardoner, Joana Vilapuig, Marc Balaguer (de espaldas) y Álex Monner

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Oriol Maymó, director de producción

Oriol Maymó, director de producción

Descargar'>Los preparativos de tres de los 'pulseras', justo antes de rodar

Los preparativos de tres de los 'pulseras', justo antes de rodar

El director, Pau Freixas, junto a Teresa Gefaell

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El autor de la serie, Albert Espinosa, charla con Mikel Iglesias

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