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14-09-2018

 

Ricardo Gómez

 “Soy consciente de que
lo que he vivido no es la realidad”
 

Adiós a Carlos Alcántara, el personaje con el que ha convivido durante 17 años. “He tomado esta decisión por necesidad de explorarme en otras situaciones”. El actor madrileño recibe en el FesTVal de Vitoria el premio AISGE a la Interpretación Destacada

 

 

NURIA DUFOUR

Reportaje gráfico: Marina Gala

Había cumplido siete años y apenas debía rebasar 1,10 metros de estatura cuando Ricardo Gómez (Madrid, 1994) empezó a experimentar la magia del teatro con el musical La bella y la bestia. Es en esa disciplina en la que más ha trabajado, pues acumula ocho montajes, aunque parezca que su carrera haya estado siempre ligada a la televisión. Pero lo cierto es que solo ha aparecido en tres producciones para la pequeña pantalla desde que debutase a los ocho años. 

 

   19 temporadas, 348 capítulos y 17 años ininterrumpidos en Cuéntame cómo pasóle han convertido en un actor de desmedida popularidad en toda España. Este joven cercano y lúcido recuerda como un juego sus primeros compases en la mítica ficción de TVE. La conciencia de que aquello era un trabajo llegaría más tarde, como la decisión de que el oficio de actor iba a ser finalmente el suyo.

 

 

   Gracias al profundo respeto por la profesión que le han inculcado su madre y los enormes compañeros con los que ha compartido secuencias (desde Fernando Fernán Gómez a Terele Pávez pasando por José Luis López Vázquez, Agustín González o Tony Leblanc), Ricardo supo desde niño que el circo que a veces rodea a los intérpretes no debe formar parte de su oficio. 

 

   Aprendió muy pronto a poner y ponerse límites. “A nadie le interesa lo que yo haga cuando termino un rodaje. Demasiado expuestos estamos con un trabajo de cara al público como para abrir otras puertas de nuestra vida…”. También se preocupó por seleccionar con cautela las propuestas que iba recibiendo: “Dividir la cabeza en más de un proyecto a una edad tan temprana habría sido cavar mi propia tumba”.

 

   Las grabaciones de Cuéntamele ocupaban más de medio curso escolar, pero aun así participó en la película Tiovivo c.1950(José Luis Garci) y en las obras teatrales Siglo XX que estás en los cielos(a las órdenes de Blanca Portillo) y El señor Ibrahim y las flores del Corán (en escena junto a Juan Margallo). Habrían de pasar 10 años para que el ya adolescente y espigado Ricardo se enrolara a menudo en nuevas aventuras interpretativas: los alabados montajes La cocinaMammónLaOrestíada, que supuso su bautismo en el Festival de Mérida, además de las series El padre de CaínVivir sin permiso, donde cambia de registro. Y es que le veremos como pareja del personaje que encarna el también actor precoz. Sin olvidar en el repaso a su currículum el largometraje 1898, los últimos de Filipinas. “Intento elegir los proyectos que, por diferentes motivos, siento que más me interesan. Irene Escolar decía en una entrevista que ejerce su libertad de expresión con los proyectos que escoge. Me parece una manera muy concreta de definir lo que yo hago”.

 

 

– ¿Qué método sigue para trabajar un personaje? 

– Cuando se empieza tan joven como yo, se trabaja desde la pura intuición, desde una libertad absoluta y la naturalidad más tremenda, aunque por entonces contaba además con la increíble ayuda de la actriz Alicia Hermida, coachy profesora, para preparar los guiones. Al crecer y tomar conciencia de lo que cuenta tu personaje y del mundo que te rodea, se va perdiendo la inocencia. Y en esa pérdida es cuando entra la técnica. Si me pusiera a ver todo Cuéntame de un tirón, identificaría el momento en que eso ocurrió.

 

– ¿Le gusta indagar, documentarse, llegar al plató con propuestas?

–Me encanta experimentar, improvisar, de las improvisaciones acaban saliendo cosas muy ricas. Cuanto más conoces al personaje, cuanto más lo construyes, más libre estás a la hora de abordarlo. Quiero vivir el personaje, no solo recitar lo que el guionista escribe. Expresarme corporalmente también forma parte de la construcción del personaje. 

 



 

– Precisamente, usted ha dicho en alguna ocasión que su punto débil era la falta de expresividad corporal, de ahí su necesidad de teatro. ¿Cómo lleva hoy esa flaqueza?

Alguien que ha crecido físicamente haciendo televisión tiene el peligro de encerrarse en su cara porque se acostumbra al plano corto. El teatro te aporta la necesidad de incorporar todo el cuerpo a una acción, a una escucha. A mí me ayuda a formarme como actor en cada ensayo, en cada pase de texto, en cada función. Es de lo que trata, en definitiva, nuestra profesión.  

 

– Por su segundo trabajo cinematográfico, 1898, los últimos de Filipinas, estuvo nominado al Goya como actor revelación. ¿Qué significó para usted?

–Lo viví como una época preciosa que aproveché al máximo. Disfruté de cada entrevista, de cada día, de la gala. Ya había sido increíble vivir la experiencia de rodar esa película con gente tan grande como Luis Tosar, Javi Gutiérrez, Karra [Elejalde], Eduard [Fernández] o Carlos Hipólito. Y una vez que sueltas un proyecto que has preparado durante mucho tiempo, en el que te has dejado la piel y el alma para hacerlo de la mejor manera posible, te llega la sorpresa de que los académicos han decidido que quieren premiar tu trabajo. Fue un subidón, algo muy grato. 

 

– Se pide a los guionistas que sean buenos observadores de la realidad. ¿A los actores también?

–Por supuesto. No puedes dar vida a otros, trasmitir sus emociones, si vives aislado en tu mundo, si no sales a la realidad. Leí a Paco León decir que le encantaba sentarse en la calle y observar a la gente porque luego lo utilizaba en su trabajo. 

 

– Se ha atrevido con la dirección. Codirigió junto a Miki Esparbé el corto Cariñoy realizó el suyo propio: Gracias por venir. Se trata de un duro monólogo sobre el peregrinaje de un actor por distintos castingsque protagonizó Javier Albalá. ¿De dónde nace la necesidad de escribir este texto?

–De sentirme un tremendo privilegiado. Cuando escribo me gustan los temas cercanos, cosas que conozco, que siento, con las que tengo un compromiso. Comencé en la profesión participando en un proyecto sin precedentes. He tenido suerte, soy consciente que esto que yo he vivido no es la realidad. Es la mía y la miro desde mi situación de privilegiado, aunque también he tenido que trabajar. Y mucho. 

 

 

– ¿Veremos futuros trabajos suyos detrás de la cámara?

–Puede ser. Me gusta mucho escribir.

 

Este otoño estrenará con Juan Echanove y a las órdenes de Gerardo Vera el texto Rojo. Expone la tormentosa lucha que el pintor Mark Rothko libra contra sí mismo al tener que renunciar, de alguna manera, al expresionismo abstracto para dejar que el pop artinunde su nueva creación.

–Es una barbaridad de texto, de función, donde ahora está concentrada toda mi energía. Por el momento en el que estoy viviendo, he conectado muy rápido con la historia. Me coge muy de cerca. Habla del arte, la vida, el trasvase generacional, la necesidad de iniciar algo nuevo. Tras 17 años en Cuéntame estoy, como en la obra, dejando paso al pop art

 

 

 

 

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