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20-09-2016 Versión imprimir
Algunos de los actores que han protagonizado cortos de temática LGTB de Roberto Pérez Toledo, retratados en la madrileña Plaza de Pedro Zerolo. De izquierda a derecha, Miguel Ángel Bellido, Adrián Expósito, Daniel de Llano, Enrique Cervantes, Carlos Soroa, Ángel Velasco y Pelayo Roncal.

(Reportaje gráfico: DAVID VEGA)
Algunos de los actores que han protagonizado cortos de temática LGTB de Roberto Pérez Toledo, retratados en la madrileña Plaza de Pedro Zerolo. De izquierda a derecha, Miguel Ángel Bellido, Adrián Expósito, Daniel de Llano, Enrique Cervantes, Carlos Soroa, Ángel Velasco y Pelayo Roncal. (Reportaje gráfico: DAVID VEGA)
 

Cine LGTB: mucho más que una simple etiqueta


 
Los cortos de temática gay proliferan en las redes, a falta de que estas tramas se hagan hueco también en las grandes producciones. Uno de los impulsores del género reflexiona sobre la importancia de la normalización



ROBERTO PÉREZ TOLEDO
Director y guionista
“Hola, Roberto. Decirte que después de ver tu corto del Orgullo (cinco veces), he decidido decirles a mi familia y amigos que soy gay (con 28 años…). Para ese momento pondré tu corto y luego hablaré con ellos. Eres un genio. Gracias por ayudarme a dar el paso. ¡Un fuerte abrazo!”. Una mañana me topé con estas líneas entre mis mensajes privados de Instagram. Me sentí abrumado y reconfortado a la vez. Pocas semanas antes había subido a mi canal de YouTube una pieza titulada Hola, mamá, hola, papá, gestada en apenas un par de horas en una habitación de hotel, de la manera en que me gusta trabajar en estas producciones pequeñas: una idea clara que surge de pronto, una cámara cualquiera que tengamos a mano, un micrófono y, sobre todo, dos actores inspiradores. En ese caso fueron Daniel De Llano y Miguel Ángel Bellido.
 
   El sencillo argumento de Hola, mamá, hola, papá presenta a un chico de veintitantos años recién llegado a Madrid que está grabando un vídeo con su móvil para mandárselo a sus padres por WhatsApp. Les comunica que ha llegado bien tras el viaje en bus, les enseña la habitación en la que va a alojarse… y revela algo más. Resulta que no se ha ido a la capital para ver una obra de teatro, como les había dicho, sino que el motivo es celebrar el Orgullo Gay. Porque nunca se lo ha contado, pero es homosexual y además tiene un novio, al que también les presenta para aprovechar del todo la ocasión. El protagonista solo se atreve a enviar la grabación unos minutos después, mientras su novio le ayuda a sobrellevar el vértigo de un instante como ese. Los jóvenes se abrazan y suena el móvil. La madre está llamando. El hijo duda, pero animado por su pareja, lo coge. “¿Mamá?”, contesta al descolgar. Corte a créditos.
 
   Subí Hola, mamá, hola, papá a internet el 29 de junio, en plena semana del Orgullo en Madrid, lo cual contribuyó a su repercusión. Se multiplicaron sus visionados, los muros de Facebook y los tweets que lo compartían, así como los mensajes en la línea del citado al principio. Esas palabras impresionan porque otorgan una dimensión extra a tu trabajo: la de conseguir que tus historias sirvan, que sean útiles para alguien más allá de entretener durante un rato, que es lo que simplemente pretendo en primera instancia.  
 
Daniel de Llano y Miguel Ángel Bellido, los novios que salen del armario con un vídeo de Whatsapp en ‘Hola, mamá, hola, papá’
Daniel de Llano y Miguel Ángel Bellido, los novios que salen del armario con un vídeo de Whatsapp en ‘Hola, mamá, hola, papá’
 
 
 
   Casi todos mis cortos con temática LGTB han logrado una ruidosa y cálida recepción en el mundo virtual. En febrero de 2015 estrené cinco piezas que mostraban distintas formas de amor en diferentes franjas de edad, las cinco concebidas para la campaña de San Valentín de El Corte Inglés en redes sociales. La mayor parte de la atención se centró en una, Cupido in love, cuyo elenco reunía a Pelayo Rocal y Ángel Velasco. Su acogida fue más que positiva y fervorosa dentro y fuera de España, aunque en los medios de comunicación también se sucedieron titulares sobre un “polémico corto gay”. Influyó el hecho de que se tratara de la primera vez que esos grandes almacenes hacían un guiño a la comunidad LGTB, pero me llamó la atención que se tildara de polémica una historia en la que dos chicos viven un flechazo de manera naïf y poco irreverente, apenas tocándose el brazo cuando uno de ellos decide escribirle su teléfono al otro. 
 
   “Sentí que había una demanda de historias como esta para el gran público. Se ruedan muchos cortos de temática LGTB, pero en la mayoría de los casos solo son consumidos por público LGTB en festivales LGTB, cuando lo interesante sería un alcance más amplio. Que esos trabajos tuvieran vocación mainstream, que llegaran a la generación de nuestros padres, que fueran vistos por todo tipo de público”, me comenta Rocal. En este último año ha encabezado otras dos propuestas con personajes gays: Orgulloso (dirigida por él mismo) y Por un beso (que partió de una idea suya, ante la reciente proliferación de agresiones homófobas que sufre una ciudad aparentemente avanzada como Madrid).
 
Todos amamos igual
Se me agolpan las preguntas. Siempre que escribo un guion con componente LGTB, intento hacerlo de la manera más natural, reafirmándome en una convicción: la de que los sentimientos, mi principal materia prima, poco dependen de sexos. Todos amamos, sufrimos y nos desenamoramos de maneras similares. Así lo he sentido en Sí a todo, que filmé para El Corte Inglés con motivo del San Valentín de este 2016, con Enrique Cervantes y Carlos Soroa como protagonistas. O en el mediometraje Los amigos raros, que creé para el canal Calle 13 y donde Adrián Expósito tiene vínculos perturbadores con chicos y chicas indistintamente, una historia avalada por casi dos millones y medio de reproducciones en YouTube.
 
 
Enrique Cervantes y Carlos Soroa, protagonistas de ‘Sí a todo'
Enrique Cervantes y Carlos Soroa, protagonistas de ‘Sí a todo'
 
 
 
   Aun así, ¿existe una forma más correcta que otra para afrontar la temática LGTB con el propósito de visibilizar y normalizar adecuadamente? ¿Qué enfoques son los apropiados y cuáles fomentan los estereotipos? “El mundo audiovisual tiene mucho que ver en este proceso de visibilización. Todo se reduce a historias de personas a las que les suceden cosas, tienen conflictos, se enamoran… Pero no da igual cuál sea tu orientación cuando todavía existen muchos países donde pueden sentenciarte a pena de muerte por querer a alguien de tu mismo sexo”, asegura David Velduque, director de Por un beso. Y añade: “Hay ángulos menos explorados desde los que se pueden abordar historias de esta temática, y mucha gente se sorprendería y se sentiría más identificada pese a no compartir esos gustos sexuales. El abuso del estereotipo hace que un señor que ya es homófobo acabe quedándose con un punto de vista demasiado simplificado”.
 
   De esos estereotipos me habla también Ismael Núñez, artífice del recién estrenado cortometraje Marica tú, cuyas imágenes adaptan la novela gráfica del mismo título rubricada por Alfonso Casas y Julián Almazán. “Me interesaba un personaje gay en el que lo relevante no fuese su sexualidad, sino la superación de una ruptura amorosa, algo con lo que cualquiera se puede sentir identificado”, me explica. “Es importante hacer un trabajo en el que los personajes no se correspondan con clichés trilladísimos y la sexualidad se trate desde un punto normalizador. Si el propio colectivo alumbra argumentos donde los principales valores son la promiscuidad, las drogas y un mundo oscuro, incluso ayudará a alguien homófobo a reafirmarse en su odio. Sin embargo, si el personaje es homosexual pero lo importante es la historia, ningún espectador se sentirá ajeno a lo que se le relata”.
 
   ¿Entonces? ¿No es posible lograr la identificación general con relatos específicamente LGTB? ¿No existen relatos donde lo que le ocurra a un personaje homosexual pueda ocurrirle de forma intercambiable a un heterosexual? Claro que los hay, y me vienen a la mente unos cuantos cortos ya clásicos: desde En malas compañías (de Antonio Hens, estrenado en 2000, sobre el cruising en baños de centros comerciales) hasta Back room (dirigido por Guillem Morales ese mismo año, con la acción ambientada en un cuarto oscuro). O buena parte de la filmografía de Juanma Carrillo, con obras como Caníbales (más cruising, esta vez en la Casa de Campo madrileña) o Fuckbuddies (sobre encuentros sexuales inmediatos).
 
   Aunque esos títulos ahondan en realidades LGTB desconocidas para el público mayoritario, encontraron su lugar en festivales de todo el mundo por su brillante calidad cinematográfica. “El celuloide también está para descubrir y explicar a la gente situaciones que desconoce, incluso para educar si se exponen de forma sincera y honesta”, comenta precisamente Carrillo, a quien normalmente catalogan como realizador LGTB. “La etiqueta de ‘director gay’ se me queda corta, la verdad, me parece simplista: prefiero que me llamen buen o mal director. Cuando piensas en Pasolini no piensas en un autor gay con un alto componente homosexual en muchas de sus películas. La prioridad es siempre contar historias de calidad, pongas la lupa donde la pongas”.
 
 
Ángel Velasco y Pelayo Roncal obtuvieron gran notoriedad con ‘Cupido in love’, primer trabajo de temática homosexual promovido por El Corte Inglés
Ángel Velasco y Pelayo Roncal obtuvieron gran notoriedad con ‘Cupido in love’, primer trabajo de temática homosexual promovido por El Corte Inglés
 
 
 
   Hablando de lupas, Julián Quintanilla estrenaba allá por 2004 Implicación, otro cortometraje que se atrevía con una realidad nada explorada hasta entonces. “El texto surgió espontáneamente”, detalla, “tras sufrir en primera persona un caso de discriminación. Un jefe no me contrató para un próximo trabajo porque, según él, tenía demasiada pluma para el puesto. Casi me muero cuando me enteré, pero lejos de eso, resolví mi conflicto interno escribiendo un guion de cuatro páginas”.
 
   En Implicación, Loles León interpreta a la madre de un chico despedido por ser homosexual. Ella acude a la puerta de la empresa y canta las cuarenta al jefe discriminador, a quien da vida Antonio Valero. “Yo no era muy consciente de que había una etiqueta para el cine LGBT”, admite Quintanilla. “Uno pone la lupa en aquellos lugares donde encuentra una historia que cree importante ser contada. Las etiquetas vienen después y a mí no me gustan las etiquetas. Pero con el tiempo me di cuenta de que había sido importante compartir públicamente, a través de esa pequeña pieza, mi historia de discriminación. Y entonces algo cambió en mí: me hice consciente más que nunca de la responsabilidad que tenemos como creadores al contar una historia”. Julián está ahora a punto estrenar el mediometraje El mundo entero, de nuevo con Loles León y “con un conflicto que tiene mucho que ver con la educación y la normalización de la homosexualidad en la sociedad”. Lo veremos.
 
Llegar a un público masivo
Con etiqueta o sin ella, lo cierto es que lo LGTB encuentra un público enorme en la red de una forma mucho más contundente que en pantallas mayores como las de cine o televisión. Lo sé por propia experiencia, y si no que se lo pregunten también a Fernando Figueiras, director del cortometraje No soy como tú, protagonizado por Ventura Rodríguez y Jordi Rubio. Acumula más de cuatro millones de visionados en el canal de YouTube de Fernando, más un montón de réplicas en otras plataformas, alguna hasta con subtítulos en chino. “Queríamos hacer algo que fuera más transgresor que la habitual historia de amor y desamor. Dos miembros del equipo somos gays y sugerimos a la guionista un cambio en la trama. La idea original era una pareja heterosexual”, recuerda Figueiras. Para él, lo crucial es contar historias LGTB dispuestas a llegar a un público lo más amplio posible: “Muchas de ellas llegan a los que quieren que les llegue. La cuestión es seguir haciéndolo hasta que las grandes productoras incluyan estas tramas en sus películas y series”.
 
 
 
Adrián Expósito protagonizaba ‘Los amigos raros’, mediometraje con más de dos millones de visionados en YouTube que abordaba sus amores con hombres y mujeres
Adrián Expósito protagonizaba ‘Los amigos raros’, mediometraje con más de dos millones de visionados en YouTube que abordaba sus amores con hombres y mujeres
 
 
 
   La vocación mainstream siempre vuelve a la palestra: la necesidad de que las historias LGTB lleguen a un público masivo que puede que no las necesite ni las demande pero  que, inevitablemente, abrirá los ojos rumbo a una necesaria normalización. “Que Disney se atreva a ponerle una novia a Elsa en la secuela de Frozen”, sugiere Enrique Cervantes. Sí, algo así derribaría enormes barreras de pensamiento en el mundo, pero… ¿se atrevería Disney? De momento, lo dudo.
 
   La presencia LGTB en televisión sí crece de forma palpable, pero buena parte de mis entrevistados me advierte de que este gesto a veces lo perciben un tanto impostado.  “Piensan ‘vamos meter un gay, una lesbiana o un transexual para que se vea diversidad’, pero luego los estereotipos superficiales brillan, porque estos personajes son siempre secundarios. Está claro que si Compañeros se hiciera hoy, Luismi sería gay”, me asegura Pelayo Rocal.  
 
   Si intento sacar conclusiones, me atoro. La temática LGTB hay que tratarla más en el cine y la televisión, pero hay que hacerlo bien. Pero ¿qué es hacerlo bien? Muchos me dan la clave en dos palabras que se repiten en lo hablado: naturalidad y honestidad. Aunque estas dos palabras también admitan mil puntos de vista. Ocurrió con Looking, por ejemplo, con la que HBO intentó crear la serie LGTB definitiva, pero no pasó de dos temporadas en antena y acumula un buen número de detractores que se aburrieron con su aparente naturalidad.
 
   Solo hay un camino, entonces: seguir contando historias que muestren la descomunal diversidad del ser humano. Algunas veces acertaremos, otras no. Algunas veces, sin quererlo, incluso ayudaremos.  Ah, por cierto, el chico del mensaje con el que empecé este texto me escribió tiempo después de nuevo. “Por fin he tenido esas conversaciones pendientes y he de decirte que todo ha ido genial, aunque aún estoy aterrizando”, me contaba. Y me daba las gracias de nuevo. Gracias a ti, por dar tanto sentido a mi trabajo.
 
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