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24-10-2014 Versión imprimir
Fotografía: Cristian Montoro
Fotografía: Cristian Montoro
 


Rodrigo Cortés
 
 "Ryan Reynolds es un 'antidivo' ejemplar"

Ha tenido un verano frenético. Mientras llega su esperada nueva película, el director de 'Buried' ultima una novela, produce de todo y sigue haciendo cortos. Atinado y lenguaraz, seguir su discurso es una clase magistral
 

 
JAVIER OLIVARES LEÓN
Sabemos poco de su vida entre rodajes. Pero Rodrigo Cortés, salmantino de Orense (nació en Pazos Hermos, donde el ribeiro), tiene definición para todo: “La vida es, precisamente, lo que pasa entre los títulos del IMDb”. A los 41 años, domina el lenguaje oral aún mejor que el cinematográfico, que ya es decir. Este 2014 “me han dejado” producir una película, editar un libro, acabar una novela, escribir dos guiones, desarrollar otros dos, rodar un corto de terror y hasta hacer tres o cuatro spots… “El resto son viajes, charlas, reuniones... Este verano, me temo, no ha sido una excepción”. No ha sido fácil encontrar hueco para la entrevista con el director de Buried y Luces Rojas, siempre rapado al 2.
 
– Y ese siguiente proyecto largo, ¿para cuándo?
– Pronto, espero. Nunca doy nada por hecho y, precisamente por eso, prefiero hablar de los proyectos cuando dejan de serlo, cuando se convierten en películas. Antes, todo es humo y ruido.
 
– Transcurrieron 20 años entre su primer (y precoz) corto y su primer éxito comercial.
– Los caminos siempre son largos, y parece saludable que así sea. Conocemos a un actor, a un director, a un cantante, a un escritor cuando, por alguna razón, hace algo que adquiere cierta resonancia. Pero ninguno de ellos empezó a trabajar el día anterior.
 
– Igual accede a algún guión sin papá dando vueltas por América, como estuvo Buried…
– Hay muchos guiones sin padre dando vueltas por Hollywood. Y algunos padres dando vueltas sin guiones.
 
– Sinceramente, ¿le sorprendió el éxito de aquella película?
– Claro. Si haces una película con un único actor en una caja de madera con la intención de dar un pelotazo, es que hay algo que no has entendido.
 
– ¿Qué relación mantiene con Ryan Reynolds? ¿Es tan antidivo como parece?
– Somos buenos amigos, sí. Es un antidivo ejemplar: amable, aterrizado, trabajador, educado. Creo que le ayuda ser canadiense. También es alto y guapo, claro, y eso ya es más desagradable [risas].
 
 
Fotografía: Cristian Montoro
Fotografía: Cristian Montoro
 
 
 
– ¿Hubo más distancia en Sigourney Weaver y en Robert de Niro, con los que coincidió en Luces rojas?
– Se oyen muchas cosas sobre los actores, pero en mi corta experiencia siempre me he encontrado con gente amable y trabajadora, buenos compañeros, que han dedicado su energía a encontrar el mejor modo de servir al guión desde la mayor verdad posible. Nunca he tenido experiencias desagradables con los actores con que he trabajado. Al revés.
 
– Que te cite De Niro en Taormina para hablar de un guion suena a oráculo.
– Sicilia permite hacer ofertas que no pueden rechazarse.
 
– Dicen que su inglés es casi tan perfecto como su español, de por sí elevado. ¿Eso ayuda a entrar en Hollywood?
– Mi inglés no es ni de coña ejemplar. Si alguien opina lo contrario es porque sabe lo que he dicho, pero no lo que quería decir.
 
– ¿Buried le dejó el listón muy alto?
– ¿Para qué? No puedes considerar que tus listones los determina ninguna percepción externa; tienes que recordar por qué haces lo que haces y manejar tu carrera a largo plazo manteniendo tu centro.
 
– ¿Cree que su primer largo, Concursante, habría sido mejor acogido tras el fervor por Buried?
– Cada película es hija de su tiempo y vive sus circunstancias, y tú con ellas. Los Qué habría pasado si…? son, por definición, indemostrables. Mucha gente está descubriendo Concursante ahora y no hay ninguna queja al respecto, se trata de un proceso natural. Lo interesante es que no se habla del mismo modo de las películas cuando se estrenan que tres años después. A veces la valoración cambia para bien, a veces para mal; cómo les fue o no en su estreno acaba siendo, si las películas sobreviven, irrelevante.
 
– ¿Concursante fue una buena premonición de la crisis que vivimos?
– No sé si buena, pero hablaba de lo que iba a pasar, sí.
 
– Por cierto, ¿cómo va ese germen de novela de Concursante?
– Se publicará, seguramente, en noviembre, bajo el paraguas de Editorial Delirio. Estamos ultimando detalles.
 
 
 
Cortés, en pleno rodaje
Cortés, en pleno rodaje
 
 
 
– ¿Y cómo ha ido A las 3 son las 2, el libro de greguerías tuiteras?
Absurdamente bien, teniendo en cuenta sus pretensiones. Se agotó la primera edición de 2.000 ejemplares y Delirio acaba de lanzar la segunda.
 
– ¿Le ha sorprendido Twitter como herramienta?
Me interesa poco como instrumento informativo, pero hay quien ha sabido hacer de él un vehículo expresivo. Las cuentas más creativas, las que tienen un alcance poético o descriptivo, son mis favoritas.
 
– ¿Es fácil condensar ideas en los 140 caracteres de Twitter?
Lo difícil, como siempre, es hacerlo bien, aunque resulta más difícil escribir un buen relato, y más aún una novela cohesionada y brillante. Hay mucho mito sobre el reto de la restricción; la restricción es casi siempre un regalo para la creatividad.
 
– ¿Le gusta el estilo tuitero de su colega José Luis Cuerda?
– Me gusta mucho su vocación desacomplejadamente literaria; Cuerda escribe en Twitter; siempre de forma estimulante.
 
– ¿Cuáles son sus cuentas favoritas?
– Me gustan @Canodrama, @Cucutras, @TuiterDeDios, @SweetTowers, @QueridoAntonio, @HammerClume…
 
– De vez en cuando rueda también anuncios. ¿La compañía que contrata le deja libertad de expresión?
– La compañía es la que tiene total libertad de expresión [risas]. Tu labor es llevar cierta idea a un terreno narrativo interesante. En general, te llaman porque les interesa la impronta con que puedas impulsar una idea previa y, en lo personal, siempre he trabajado con mucho margen de confianza por parte de agencias y clientes. Pero un spot es un laboratorio magnífico para el rodaje, no el medio para expresar tus propias ideas.
 
– Ha producido Grand Piano. ¿Ser productor hoy en día tiene algo de suicida?
– Nada es suicida, salvo vivir, que garantiza la muerte. Mitificamos demasiado, nada que merezca la pena se logra sin obstáculos. En términos globales, Grand Piano ha ido muy bien, con magníficas críticas internacionales y buenas ventas. En España tuvo un estreno discreto y cumplió las modestas expectativas de la distribuidora.
 
– Se alinea en una partida de cineastas españoles jóvenes con presencia en el extranjero, junto a Bayona, Collet-Serra o Amenábar. ¿Diría que vivimos un buen momento creativo?
– Siempre ha habido creadores únicos y fértiles viviendo bajo mejores y peores condiciones.
 
– Siempre se confesó devoto de Scorsese, pero hay quien quiere ver en usted rasgos cinematográficos de Christopher Nolan.
– Para mirarlos a ambos tengo que levantar la cabeza. Cuando empiezas, fijas tu mirada en referentes inalcanzables, a modo de zanahoria; cuando vas encontrando tu lugar, por modesto que éste sea, te preocupa más desarrollar tus condiciones con la mayor eficiencia y honestidad posibles. Y seguir mirando arriba, claro.
 
 

 
 
 
– ¿Cuánto de innato hay en el talento y cuánto de estudioso en su cine?
– Ni idea. No son características en guerra, son condiciones elementales para plantearte, siquiera, arrancar.
 
– Combina con soltura las facetas de director, montador, guionista. ¿Es imposible dirigir sin montar?
– En mi caso, las considero fases diferentes de un único proceso narrativo. Empiezo a dirigir en la escritura y empiezo a montar en el rodaje. En todo caso, es en la sala de montaje, según mi opinión, donde se produce el hecho genuinamente cinematográfico. Incluso una gran interpretación se acaba de modelar y afinar en la mesa de montaje.
 
– Se dice que el talento anida ahora en las series. ¿Tiene la pequeña pantalla algo que ver con el gran cine?
– Tiendo a no estar de acuerdo con casi ninguna consideración general, y menos si se labra en mármol. Cuando hablamos de las series, ¿a qué nos referimos? ¿A los seriales diarios del mediodía, a la HBO? Cuando hablamos de la HBO, ¿a qué nos referimos? ¿A True Blood, a The Wire? Al hablar de los mejores ejemplos de la televisión por cable, hemos de tener en cuenta que eso no es, propiamente, televisión: es aquello por lo que la gente está dispuesto a pagar para no ver la televisión.
 
 
 
Energía en corto
Firmó su primer corto en Súper-8, El descomedido y espantoso caso del victimario de Salamanca, a los 16 años, cuando los del barrio quitaban el celofán al Cine-Exin. Como entonces, sigue sin gustarle el mazapán, y como entonces, se expresa en formato corto de maravilla. El último que ha hecho es 1.58, enmarcado en Cinergía, un proyecto que Gas Natural ha encomendado a varios directores para desarrollar sendas historias de terror, con la eficiencia energética como telón de fondo. “Manuela Vellés –la protagonista– es una guerrera llena de verdad, una actriz estupenda, entusiasta y entregada. Se las hicimos pasar canutas durante tres noches seguidas, haciéndole conducir por carreteras solitarias de bosques oficialmente embrujados, con todas las maldiciones en regla, rechazando del mejor modo posible el ataque de unos encapuchados poco amigables”. Dice haber disfrutado trabajando con un equipo de primera, con la misma seriedad y profesionalidad que en cualquier largo. Pero un rodaje no le produce, precisamente, placer. “Imagino que será una experiencia placentera para muchos otros. Siempre me he visto obligado a llevar un ritmo de unos 40 planos diarios, lo que te obliga a estar particularmente pendiente del reloj y la tensión del rodaje. Existe un tipo de placer, sí, pero está más relacionado, imagino, con la escalada: satisface llegar arriba, pero se ven más dientes apretados que sonrisas en el camino”.
 
 
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