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29-07-2010 Versión imprimir
 
SANCHO GRACIA
ACTOR INTRÉPIDO Y AVENTURERO
“Recorrí media España en camión y media a caballo”

Perdió un avión a Nueva York por hacer de Escipión en Calígula y eso cambió su vida
En peleas, a caballo o con la espada, nunca quiso que lo doblaran
 
EDUARDO VALLEJO
“Viernes tarde: carrera de chapas en el arenal (Tour de Francia). Mañana del sábado: fútbol en el descampado. Sábado tarde: un duro de paga, puesto de pipas y escondite. Domingo mañana: buscar palitroques en las obras (tamaños: navaja, trabuco y pistolón), guerra contra el ejército francés de la calle de enfrente (me toca de Curro, que el domingo pasado hice de Algarrobo). Domingo noche: ver Curro Jiménez”. Esta, más o menos, podría ser la agenda estándar para el fin de semana de un preadolescente de mediados de los 70. Hoy podemos hablar con uno de los responsables de aquellos sueños infantiles. Nunca ganó un Tour ni una Copa de Europa, pero dio vida al bandolero más salado y generoso que se recuerda. Lo hemos pillado entre dos rodajes (Balada triste de trompeta, de Álex de la Iglesia, y Entre lobos, de Gerardo Olivares). Es Félix Sancho Gracia (Madrid, 1936) y mientras paseamos por su barrio nos cuenta su historia.
– Poca gente sabe que usted es uruguayo de adopción.
– Y de ciudadanía. Tengo la doble nacionalidad.

– ¿Cómo ocurrió?
– Mi familia emigró allí en 1949 por razones económicas, no políticas, aunque casi toda mi parentela había estado presa, mis tíos, mis abuelos... Todos pasaron por Yeserías, Ocaña y demás talegos de la zona. Llegué poco antes del Maracanazo de 1950, cuando Uruguay ganó a Brasil la final del Mundial. ¡Qué momento!

– Después estudió con Margarita Xirgú, y con su compañía debutó en las tablas.
– Entré en su conservatorio a los 17 años. Me encantaba el cine y las chicas tan guapas que había en ese mundo. Por allí pasó cuatro años antes Walter Vidarte, del que soy buen amigo.

– Hemos leído que también estudió en la Universidad de UCLA, en Los Ángeles. ¿Cuándo fue?
– Eso fue años después, a finales de los 60. Yo ya había hecho mucho teatro y cine. Terminé de pulir mi inglés.

– ¿Es cierto que su debut en el cine fue en una de Jesús Franco?
– Viajaba mucho a Europa a ver a mi familia y en uno de esos viajes surgió la ocasión. La película se llamaba Vampiresas 1930, de Jess Frank. Hacía de negra en una orquesta.

– ¿De negra?
– Como lo oye, en una orquesta de negras. Después, me volví a América a seguir con mi teatro en Uruguay.

– Y en uno de esos viajes en 1962 recaló en España con un pasaje a Nueva York en el bolsillo para visitar a su madre, pero José Tamayo le ofreció intervenir en Calígula de Camus. Perdió el avión y la vida le cambió.
– Un amigo uruguayo trabajaba en la obra. Le acompañé a un ensayo y les faltaba alguien para hacer de Escipión. Tamayo me preguntó si yo podía hablar con acento español y me pidió que se lo demostrara. Le recité el monólogo de La vida es sueño. Me contrataron y aquí estoy. Ya me establecí en España.

– ¿Y qué fue del acento porteño?
– ¿Porteño? ¡Qué dice usted! [indignado...] Acento u-ru-gua-yo, montevideano. [...y socarrón] Argentina es una provincia de Uruguay, ¿no lo sabía? Es un acento que he utilizado en mi profesión en varias ocasiones, en Tango, por ejemplo.

– Aunque su estreno más en serio fue en una película francesa de 1964 con Paco Rabal, Annie Girardot y Alida Valli...
– ¡Menudo reparto! Sí, antes de abrirme camino en la tele, hice mucho teatro con la compañía de Tamayo y mucho cine. En Uruguay ya había entablado amistad con Paco Rabal, una amistad que duró toda la vida. Él me llevó a conocer a Saura por si podía intervenir en Llanto por un bandido. No pudo ser, pero en su siguiente película, L’autre femme, pude trabajar. Hacía de hermano de Paco.

– Su primer gran éxito fue la serie Los tres mosqueteros.
– Dirigida por Pedro Amalio López, en Barcelona. Trabajaba en el teatro por las noches, acababa a la una y luego me levantaba a las seis para hacer de D’Artagnan. Fue duro pero me lo pasaba bomba. Yo lo hacía todo: el caballo, las peleas, la espada...

– Luego vino el legendario Doce hombres sin piedad para Estudio 1 con Bódalo, Rodero, Jesús Puente, Fernando Delgado...
– Acojonante. Creo que solo quedamos Alexandre, Osinaga y yo. Se podría rescatar la magia de aquellas producciones, pero reunir a un elenco así no sería fácil. Hay magníficos actores de carácter hoy en día, pero como aquellos...

– ¿Cuánto tardaron en grabarlo?
– Muchos Estudio 1 se grababan del tirón, algunos en los estudios Sevilla Films en conexión con el Paseo de la Habana. Este se grabó en Prado del Rey, pero no del tirón, con cortes.

– ¡Hay que ver!, como bandido, como mosquetero o al volante, pero usted siempre de aventuras por los caminos... Esa imagen intrépida que le han granjeado sus personajes, ¿tiene algo que ver con Félix Ángel Sancho Gracia?
– Me gusta el cine de acción. He hecho muchos westerns, por ejemplo. Las escenas de acción sencillas las he hecho yo siempre. Hombre, caídas donde me pudiera romper la crisma no, entre otras cosas porque los productores no te dejaban, lógicamente. Lo demás, sí. En el conservatorio había aprendido esgrima... y ballet.

–¿Danza clásica?
– Sí, señor. Con mi tutú y todo.

– Así que con Álex de la Iglesia se llevará bien, por lo del cine de acción lo decimos...
– Muy bien. También me ha hecho montar a caballo para Balada triste de trompeta, el muy... En general me he llevado bien con todos los directores: Bardem, Miró, Camus...

– Con Mario Camus hizo la serie Los camioneros. ¿Aquella itinerancia era de verdad?
– Y tanto. Recorrimos media España en camión.

– ¿Y cómo se le ocurrió el papel de Curro?, porque esto fue cosa suya, usted ideó el proyecto, escribió el guión y produjo la serie...
– Sí, igual que Los camioneros, que fue también un invento mío, un invento medio artístico medio interesado. Yo no conocía bien España y le presenté el proyecto a TVE en parte para poder conocer el país. Recorrimos media España en camión; luego con Curro Jiménez la otra media a caballo. Por otro lado, el título de Curro Jiménez se lo pusieron los directivos de televisión, yo a la serie la había llamado Bandoleros. La idea surge porque yo había hecho mucho cine de acción y era lo que me gustaba. Ya había trabajado en weterns y películas tex-mex con gente como Robert Taylor, Charlton Heston o Robert Duvall (después de que hiciera El padrino).

– Grandes nombres del cine internacional.
– Los productores extranjeros venían buscando actores que dominaran el inglés y supieran montar a caballo. Aquí éramos cuatro.

– ¿A qué atribuye el éxito de la serie?
– Ese éxito se basa en el de la literatura clásica de aventuras del Siglo de Oro y posterior: Dick Turpin, Robin Hood, o, sin ir más lejos y salvando las distancias, Águila Roja. Eso, a los críos y a los no tan críos, les vuelve locos, ahora y siempre. También gusta mucho la comedia y a mí me encanta, pero en televisón le hace la competencia la comedieta bárbara de los programas del corazón, esa fauna.

Curro Jiménez solo estuvo en antena tres temporadas (1976-78). Sin embargo, su repercusión fue la de una serie que hubiera estado muchos años. ¿Por qué no se hicieron más?
– Porque me aburrí de algunos que estaban allí. A veces en la vida cuando das un poco te quieren quitar un mucho.

Sancho es una institución en su barrio. Lleva 40 años aquí. Hemos saludado a medio vecindario y por fin damos con un bar donde no se permite fumar. Después nos cruzaremos con uno de sus muchos amigos, un chico con una discapacidad psíquica. Se han parado uno frente al otro a unos metros de distancia para repetir un ritual privado: se miran y con gesto avieso espetan “¡A los malos...!” y hacen el gesto de rebanar el cuello. Pura aventura.

– La continuación que hizo Antena 3 en 1995 (El regreso de una leyenda) no parece que cuajara. ¿Cómo recuerda la experiencia?
– La hicimos en Uruguay. Recogíamos el final de la primera entrega, en la que huíamos a América, y la continuábamos en una estancia uruguaya. Antena 3 me propuso el proyecto y allí la hicimos, con Jorge Sanz, que era mi hijo, y con Álvaro de Luna, que era como su ama de cría. Llegamos a un 25% de audiencia, que no está nada mal.

– ¿Llegaron a rodar en Cantillana, la localidad sevillana que vio nacer al auténtico Curro Jiménez?
– No, fue en Lora del Río, porque allí no quedaba ya ni rastro de la barca. Y después en Ronda, Jaén, Córdoba. De Despeñaperros para abajo, en todas partes, incluso algunas escenas se rodaron en Navacerrada.

– En la teleserie Lobos trabajó junto a su hijo, Rodolfo Sancho, que lleva dando guerra desde los tiempos de Al salir de clase. ¿Ha tenido que tirarle mucho de las orejas?
– Creo que mi hijo es muy buen actor, pero hablamos poco de trabajo. El principal consejo que yo le he dado es que cuide la dicción. Mi mujer me dice que a ver si estoy sordo, pero no es problema mío: hay muchos actores jóvenes a los que no se les entiende.

– A usted el éxito le llegó cuando ya sobrepasaba los cuarenta, después de mucho trabajar. Hoy suele llegar antes, salvo excepciones. ¿No es hoy todo en general demasiado rápido?
– No pasa nada por que el éxito llegue rápido, siempre que se tengan los pies en la tierra.

– ¿Por qué cree que no funcionó Unidad Central Operativa, su última serie?
– En mi opinión las series cuajan por el tirón del personaje protagonista. En esta serie no había un protagonista bien definido. Las series corales tienen ese hándicap. Fíjese por ejemplo en Aída, se basa en el tirón de Carmen Machi. El resto del elenco es fantástico, pero el tirón lo tienen ella y su personaje.

– Su productora, Lusa Films, participa en Libertadores, una colección de TV movies sobre los próceres independentistas de América Latina. ¿Sigue manteniendo lazos con Sudamérica?
– Sin duda. Tenemos hechos San Martín, Artigas, Hidalgo, José Martí y estamos en fase de preproducción de los demás: Sucre, Tupac Amaru, Bolívar... Queremos tenerlo listo para el bicentenario. Son películas de hora y media, para cine y televisión.

– La pregunta es ¿quién va hacer de Bolívar?
– Está sin decidir.

– En cine y teatro, ¿qué papel le ha dado más guerra?
– [pensativo] Jarabo, el boxeador caduco de Mala racha, no sé. Todos dan guerra, para todos hay que estudiar mucho y dedicarse a ellos cien por cien. Si no me entiendo con el director, puede haber problemas, pero no suele pasar. Una vez que nos entendemos, soy muy disciplinado.

– ¿Lo seguiremos viendo en las tablas con La cena de los generales?
– Estuvimos llenando el teatro Español en Madrid más de un mes y luego fuimos de gira llenando donde íbamos. He comprado los derechos de la obra para hacerlos en cine.

– ¿De qué va Entre lobos?
Sancho sonríe orgulloso mientras se ajusta la gorra promocional de la película antes de responder.

– Es la historia real de un niño que creció apartado del mundo en la Serranía de Córdoba, entre lobos y águilas. Hoy es ya mayor y todavía vive. Yo hago el papel del pastor que se hace cargo de él y le enseña a vivir en la sierra. Hoy está allí la prensa, pero yo no puedo ir. Mañana me chutan y que quitan otro poco de pelo...
Ponemos cara de circunstancias, pero Sancho ataja decidido y sin ñoñerías:
– ¡No pasa nada, hombre! La vida es esto y hay que seguir.

LA DÉCADA PRODIGIOSA
La dilatada carrera televisiva de Sancho Gracia tiene cuatro hitos inolvidables en los 70:
• Un clásico clásico. D’Artagnan en Los tres mosqueteros (1971), con Pedro Amalio López como director y dentro del espacio Novela. Sus 20 capítulos se grabaron en los estudios Miramar y localizaciones exteriores de Barcelona.
• Un clásico moderno. El jurado nº 7 en Doce hombres sin piedad, de Reginald Rose (viernes, 16 de marzo de 1973). Su encarnación del jurado indolente que se va a perder el partido de béisbol resulta tan convincente como la de su homólogo americano Jack Warden en el filme de Sidney Lumet de 1957.
• Un clásico de carretera. Paco en Los camioneros (1973-74). Rodada por Mario Camus en formato cine y en color, retrata al camionero con más desparpajo que se haya visto jamás al volante de un Pegaso. Y ha habido unos cuantos.
• El clásico. Curro en Curro Jiménez (22 de diciembre de 1976-16 de abril de 1978). Para más información, sigan leyendo.

CURRO JIMÉNEZ
• La historia. En la Andalucía del siglo XIX, un barquero sevillano, víctima de un ultraje, se echa al monte como bandolero. Desface entuertos, seduce a damas, se burla del ejérctio francés y roba a los ricos para dar a los pobres.
• Los datos. Se rodó en formato cinematográfico en la Serranía de Ronda y un sinfín de parajes andaluces y extremeños, amén de algunas escenas en Navacerrada. El primer episodio se emitió el 22 de diciembre de 1976 y el último, el 16 de abril de 1978. Tres temporadas y 40 capítulos de éxito mayúsculo. Se emitía los domingos por la noche, después del telediario.
• El reparto. Consagró a Sancho Gracia como estrella del medio y catapultó a otros dos actores que daban vida a sus compinches: Álvaro de Luna, “el Algarrobo”, y José Sancho, “el Estudiante”. Por ella desfilaron renombrados intérpretes, desde Florinda Chico a Alfredo Mayo, pasando por una pipiola de la copla llamada Isabel Pantoja que miraba con ojitos tiernos al Estudiante.
• La continuación. Antena 3 rodó en 1994 Curro Jiménez, el regreso de una leyenda. Se emitió en 1995 sin alcanzar el éxito de su predecesora.
• Los directores. Tuvo un magnífico plantel de realizadores: Romero Marchent, Rovira Beleta, Mario Camus, Antonio Drove y Pilar Miró.
• La repercusión. 35 años después, la pasión por el bandolero no se ha apagado. Hasta no hace mucho la edición en DVD figuraba como “agotada temporalmente” en la tienda virtual de RTVE. No sufran, vuelve a estar disponible.
29-07-2010 Versión imprimir
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