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04-11-2013 Versión imprimir

 

Sandra Blázquez

 
“Todos deberíamos atrevernos a ser
tal y como somos”
Imparable en el arte de la ficción por entregas, disfruta ante las cámaras de su larga juventud. Los martes por la noche es la dueña de unas audiencias que se dirimen entre ‘Tierra de lobos’ y ‘Vive cantando’, las dos series en las que actúa. Supersticiosa, idealista y afortunada
 
 
FRANCISCO PASTOR
Hace poco cumplió los 26 pero, como reconoce, hay una parte de ella que sigue siendo una niña. Sandra Blázquez creció entre camerinos y de la mano del mundo de la televisión; lo que le esperaba fuera de él, allí donde los alumnos de su colegio le tenían envidia, era un poco más amargo.  
 
   Entre sus primeros pasos se coló, también, una etapa como presentadora –por aquel entonces, de programas infantiles–, pero la madrileña siempre supo que quería ponerse en la piel de otras personas. Lo ha logrado, incluso con técnicas de desdoblamiento: dos de las producciones en las que trabaja se emiten el mismo día de la semana y a la misma hora, como descubrirá cualquiera que practique el zapeo con Vive cantando y Tierra de lobos. Llegó a pensar que nunca encontraría un reto como aquella Física o química en la que interpretó a una joven retorcida y excéntrica, pero ahora admite la evidencia: no le ha ido tan mal.
 
   Cercana, muy risueña y repleta de optimismo –fruto, quizá, de una trayectoria en la que el trabajo ha sido una constante–, siempre guarda una parte de sí misma para soñar con un mundo mejor. Aunque suele mirar hacia adelante, su vida se encuentra en plena vuelta de tuerca: a los nueve años la descubrieron cantando en un karaoke y, estos días, su personaje en la ficción Vive cantando, precisamente, en uno de ellos.
 
 

 
 
 
– ¿Alguna vez preferiría no haber crecido frente a las cámaras?
– ¡Qué pregunta! Supongo que no, porque estoy muy contenta y, para llegar hasta aquí, hay que pasar por eso. Si lo pienso, claro que me gustaría haber estado jugando en el parque, como el resto del mundo, pero creo que elegiría lo mismo si volviera a nacer. Siempre tuve bastante claro que esto era lo que quería.
 
– Este otoño anda haciéndose la competencia a sí misma. ¿Cómo lleva esto de aparecer en dos series que se disputan la misma audiencia?
– Que Tierra de lobos y Vive cantando se emitieran en días diferentes hubiera sido perfecto, pero, claro, no depende de mí. A mí me toca hacer mi parte del trabajo lo mejor que pueda. Ojalá las cosas no fueran así, porque disfrutaría mucho más de una y otra, pero… ¡en el fondo es gracioso!
 
– ‘Vive cantando’ se desarrolla entre canción y canción. ¿Es muy diferente de lo que había hecho hasta ahora?
– Sí, es muy distinto: no tanto por la música, sino porque es menos dramático. Hasta ahora me había visto en papeles de llorar, llorar y más llorar. Ahora a mi personaje le toca pasarlo mal, ya que está sacando adelante un embarazo, pero el enfoque es mucho más cómico. Y es una experiencia que me está gustando.
 
– A lo largo de estos años se ha dirigido usted a públicos de todas las edades. ¿Ha notado mucho la diferencia entre unos y otros?
– No por mi trabajo, sino por mí y por cómo me ve la gente. Empecé con 10 años y lo que me llevé fue que mis compañeros de clase no se lo tomaran bien y se metieran conmigo. Aquello no fue fácil. Ahora, ya como adulta, me encuentro con todo lo contrario: la gente que se acerca para preguntarme por mi carrera lo hace desde el respeto y la admiración. Me encuentro muy bien.
 
– ¿Cómo fue despedirse de Alma, el personaje con el que más tiempo ha convivido hasta ahora?
– ¡Todavía la echo de menos! Física o química fue el cambio, hasta ahora, más relevante de toda mi trayectoria. Lo guardo como un recuerdo de algo perfecto, muy grande y simplemente inolvidable. Cuando algo se acaba siempre tienes miedo acerca del futuro, pero en esta ocasión sentí, además, muchísima pena. Sospeché que nunca iba a encontrar algo que me gustara tanto y donde me lo pasara tan bien como en aquella serie.  
 
 

 
 
 
– ¿Qué le ven últimamente los directores de ‘casting’ que la eligen, una y otra vez, para meterse en vidas tan complicadas?
– Buena pregunta, pero me temo que no lo sé ni yo.  Lo que sí me llama la atención es que siempre me toca ser más joven de lo que soy. Ahora interpreto a una chica de apenas 16 años, así que imagino que, a pesar del paso del tiempo, sigo teniendo cara de niña. Y así acabo sintiéndome yo, ¡como si no hubiera crecido! Me gustaría que alguna vez me dieran un papel de alguien de mi edad o mayor; debe ser distinto y me encantaría probarlo.
 
– Después de haber interpretado a gente con tantos problemas, ¿sigue considerándose una persona idealista, como decía cuando empezó en esto?
– Lo soy, ¡romántica empedernida! Siempre he creído que el amor debería moverlo todo, y espero seguir pensándolo siempre. Si me pusiera a arreglar el mundo, y sin meterme mucho en política, lo haría con la educación: desde que somos pequeños. Enseñarle a la gente a crear, a inventar, a experimentar. Intentaría que todos confiáramos más en nosotros, que descubiéramos lo que llevamos dentro y nos atreviéramos a ser tal y como somos, en lugar de regirnos siempre por los mismos patrones. Me gustaría que viéramos de lo que seríamos capaces si nos lo propusiéramos. Todo sería muy diferente.
 
– ¿Sigue con el anhelo de dirigir alguna película, como cuando estudió dirección?
– Dirigir me gustaría mucho pero, si cogiera la cámara, tiraría más hacia los documentales. Me encantaría crear algo relevante sobre lo mal que lo está pasando la gente en el Tercer Mundo y poner mi granito de arena, claro que sí, por los niños de África.
 
– ¿Tiene algún sueño pendiente? ¿El cine, quizá?
– Actuar en cine, sin ninguna duda, es uno de ellos, aunque reconozco que sí guardo un deseo muy concreto que, por superstición, no le cuento a nadie. Qué puedo decir: me da miedo que, después de todo, sea de cosas así de pequeñas de las que depende que los sueños no se cumplan.
 
– ¿Qué consejo daría a quienes, como usted, quieran vivir entre bastidores?
– Que no pierdan la esperanza nunca, porque no hay nada imposible. Y, sobre todo, que no caigan en la tentación de compararse con los demás, porque todos tenemos algo diferente que aportar a esto. Si un casting sale mal, o simplemente no lo consigues, no pasa nada: mañana habrá otro y pasado habrá más. Yo intento ser mejor cada día y mirar siempre hacia adelante.
 
 

 
 
 
Algo personal

Un director con el que trabajar. Alejandro Amenábar

Un motivo por el que sentirse afortunada. Porque estoy aquí
 Un personaje al que interpretar. Laia, de Katmandú, un espejo en el cielo
Una persona a la que dar las gracias. A mis padres

Un ideal al que no renunciar. Ser siempre una soñadora
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