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Sara Rivero

"No podemos quedarnos llorando porque el cine ya no es lo que era"




HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
Esta vallisoletana nació hace 29 años en Medina del Campo. Su andadura teatral arrancó cuando era alumna de la RESAD, donde entró en contacto con el público gracias a los seis montajes que representó entre 2007 y 2008. Se estrenó a las órdenes de Mariano Gracia en Fly with me, una pieza sobre los atentados del 11-S creada a partir de textos literarios y periodísticos. El mismo director la fichó para esa revuelta popular contra el despotismo titulada Fuenteovejuna en llamas, la actualización del clásico de Lope que escribió el alemán Werner Fassbinder. Luego le tocó el drama lorquiano Así que pasen cinco años, la historia de un joven abandonado por su novia, interesado en una mecanógrafa a la que ya había rechazado antes y fallecido antes de su anhelada boda. Más espectacular resultó La reina de las hadas, una mezcla de ópera y teatro inspirada en El sueño de una noche de verano y dirigida por Pedro Martínez. Con él también llevó al escenario de la escuela madrileña La máquina infernal, de Jean Cocteau, una versión contemporánea de la tragedia griega Edipo Rey. Su protagonista, el hijo de los reyes de Tebas, mataba a su padre y se casaba con su madre sin saber quiénes eran. Se cumplía así el oscuro designio de los dioses, a pesar de que los soberanos habían ordenado el asesinato de su pequeño vástago tras conocer cuál sería su destino por boca de un oráculo. Cuando Edipo era consciente de semejantes atropellos, ya en el trono, dejaba su cargo para marcharse al exilio. Su última función estudiantil fue La misión, que reflexionaba acerca de la conciencia revolucionaria en el mundo de hoy.
 
   Italia presenció su debut profesional en la obra Le troiane, una coproducción de cuatro países que se estrenó con motivo de los Juegos Mediterráneos celebrados en 2009. Ese colosal proyecto contaba cómo muchas prisioneras de Troya fueron obligadas a contraer matrimonio con los soldados griegos que habían conquistado la ciudad y a iniciar una nueva vida lejos de sus casas. Juan Carlos Pérez de la Fuente la incorporó ese mismo año a la obra Angelina o el honor de un brigadier, ambientada en las postrimerías del imperio español, un momento idóneo para ridiculizar los valores conservados a lo largo de siglos. Y es que sus escenas dibujaban una estampa rompedora: la liberación de la mujer y la resignación del hombre ante ello. Se puso en el pellejo de Luisa, amiga de la alocada Angelina, una adolescente que huía con un galán ante su inminente pedida de mano. El autoritario padre seguía a los prófugos y, para mayor deshonra, descubría que el joven también se acostaba con su propia esposa. Al final los perdonaba a todos.
 
 


 
 
 
   La mismísima Emma Cohen le pidió que pusiera voz en Cadena SER a esas miserias de la Guerra Civil que relataba Las bicicletas son para el verano. En esa experiencia radiofónica del verano de 2011 la acompañaron grandes nombres: Tina Sainz, Ginés García Millán, Ana Labordeta, Iñaki Gabilondo, Gemma Nierga… Suyo fue el personaje de Manolita, la primogénita de una humilde familia madrileña, que quedaba embarazada de un soldado asesinado. Después se casaba con un antiguo pretendiente, aunque también fallecía, esta vez a causa de un bombardeo. La actriz emprendió por entonces su andadura como autora con buen pie, ya que el Festival de Escena Contemporánea le concedió el Premio de Dramaturgia Innovadora gracias a Ingrávida, su primer texto. Ya en 2012 le esperaba la XXVIII edición de Don Juan en Alcalá, la cita teatral que cada año llena de visitantes la localidad cervantina. Bordó a la novicia Doña Inés, tan enamorada del granuja Tenorio que moría de pena mientras aguardaba su improbable retorno. 
 
   A finales de 2009 llegó a la televisión gracias al pequeño papel que obtuvo en Somos cómplices, una comedia que Antena 3 retiró por la escasa audiencia de sus dos primeros capítulos. La propuesta, sin embargo, tenía buena pinta: una estafadora contactaba con un millonario estadounidense que estaba empeñado en indemnizar a la familia biológica de su hijo adoptivo. Ella convencía de inmediato a algunos amigos vividores y se presentaban como los parientes españoles del chico para percibir así la suculenta compensación económica. Al final la mentira se les iba de las manos. A partir de ese momento ha saltado de una serie histórica a otra. En 2010 retrocedió hasta el siglo XIX con Tierra de lobos, de Telecinco, donde encarnó una bella prostituta recién llegada al burdel del pueblo. No esperaba que su estancia allí fuera tan aciaga, pues un cliente al que rechazaba continuamente le rajaba la cara, lo que despertaba la solidaridad de las otras meretrices. Estas reunían dinero para pagar a un sicario que matase al hombre y vengar así una agresión que dejaba a su amiga sin posibilidad de trabajar. Regresó a Antena 3 con su Eugenia Montoro de Bandolera, el personaje que la hizo popular a base de episodios diarios durante dos años. Era una chica consentida de familia rica, así que fue la desdicha lo que la hizo querida entre el público. Todos los hombres ignoraban su necesidad de cariño y se sentía asfixiada por las normas que regían su hogar, circunstancias que la conducían a una preocupante fragilidad mental y a varios suicidios frustrados, hasta que un jornalero al servicio de su padre le salvaba la vida cuando estaba a punto de lanzarse al vacío desde una presa. A pesar de que el chico defendía la anarquía y el ateísmo, unos valores completamente opuestos a los suyos, ambos empezaban un noviazgo que la alegraba y estaba a punto de convertirla en madre. Sin embargo, él se distanciaba al enterarse de que eran hermanos, una pena que ella arrastró hasta que alguien la mataba.
 
 
En 'Velvet', junto a Miguel Ángel Silvestre
En 'Velvet', junto a Miguel Ángel Silvestre
 
 
 
   En otoño de 2012 pasó por un capítulo de Gran Hotel para encarnar a Cecilia Mieres, la antigua pareja del protagonista, Julio Olmedo (Yon González). Ese camarero había llegado al hotel con el propósito de investigar los secretos que se escondían tras sus paredes, pero un detective le paraba los pies cuando le detenía por un asesinato que no había cometido. Aunque ella era la verdadera culpable, aparecía ante la autoridad como única testigo. Y salvaba a su exnovio del garrote vil al no acusarle durante una rueda de reconocimiento. Luego le pedía algo a cambio de su favor: que se uniese a ella para desplumar a los clientes del establecimiento. Esa aparente reconciliación provocaba los celos de Alicia Alarcón (Amaia Salamanca), la hija de la propietaria, con quien el empleado mantenía un idilio furtivo. Finalmente, la ladrona era víctima de su propio chantaje, ya que el joven lograba su ingreso en presidio tras grabar la confesión del viejo crimen. Por entonces compaginó sus trabajos en España con viajes a Italia para filmar algunas entregas de Borgia, una coproducción europea rodada en inglés sobre esa familia del Renacimiento. El argumento repasaba la vida de Rodrigo Borgia, que fue Papa bajo el nombre de Alejandro VI. Su período al frente de la Iglesia católica se recuerda como uno de los peores por diversas razones: obró de modo despiadado, tuvo varias amantes, sus hijos también se entregaron al pecado… Ella hizo de Lucrezia Normanni, la adinerada concubina del Papa Julio II, que llegó al Vaticano dispuesto a arreglar todos los desaguisados de su predecesor. De la relación entre ambos nació la ilegítima Felice della Rovere, una de las mujeres más influyentes en la Roma de los siglos XV y XVI.  
 
   El año pasado retrocedió cinco centurias de la mano de Isabel, la minuciosa serie emitida por TVE, que le brindó el papel de Beatriz de Osorio durante tres episodios. Era sobrina de Beatriz de Bobadilla, la mejor amiga de Isabel la Católica (Michelle Jenner), así que se incorporaba a la corte como dama con solo 17 años. Lejos de rendirle lealtad a la reina castellana, seducía a Fernando el Católico (Rodolfo Sancho), de quien se enamoraba perdidamente tras un tórrido encuentro. Él se había comprometido a no cometer un nuevo desliz, aunque sucumbía otra vez al sentirse traicionado por su esposa. Y la aventura extramatrimonial iba a más, lo que la animaba a envenenar a la soberana para tener vía libre, motivo de su rápido destierro a Canarias cuando el monarca descubría esas intenciones. Ahora aparece ante los espectadores de Antena 3 como Carmen, una dependienta con doble personalidad que causa revuelo en los grandes almacenes de Velvet, esa exitosa ficción ambientada a finales de los cincuenta. Dedica a las compradoras todo tipo de halagos para vender más, pero menosprecia sin tregua a las compañeras de trabajo. Su ambición y arrogancia la convierten en una mujer desapegada, carácter al que está acostumbrada, pues no siente nada desde su triste infancia. ¿El motivo? Su madre, Blanca (Aitana Sánchez-Gijón), antepuso su puesto de jefa en las galerías al cuidado de la niña recién nacida. Ningún canal ha estrenado aún el capítulo piloto de Al otro lado, una terrorífica propuesta basada en leyendas y fenómenos paranormales muy populares entre los españoles: exorcismos, psicofonías, procesiones nocturnas de muertos… Su personaje, la curiosa Elena, encabeza el elenco con Álex (Alberto Amarilla). Ambos son periodistas en una revista dedicada al universo de lo oculto e investigan la veracidad de los misterios llegados a la redacción.
 
   Pese a su larga trayectoria televisiva, todavía no ha saltado a la gran pantalla. Acaba de presentar el cortometraje Jueves en la Semana del Cine de Medina del Campo. Da vida a la protagonista, María, que una mañana pide fuego a un chaval para encenderse el cigarro. Después de ese brevísimo encuentro sigue su rutina cotidiana sin saber que él va a observarla durante todo el día por las calles de la ciudad. “Es una historia hiperrealista de cine negro”, según el director, Pedro del Río.
 
 

 


− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− No creo en los golpes de suerte, creo que en el trabajo cada uno vive lo que le corresponde. Lo que está para él. La mayor suerte es saber aceptar lo que nos corresponde y, de igual manera, lo que no nos corresponde.
 
− ¿A cuál de los personajes que ha interpretado le tiene especial cariño? ¿Por qué motivo?
− Guardo un profundo cariño a mi Eugenia de Bandolera. Tras más de 200 capítulos, el vínculo con el personaje es tan fuerte que te permite trabajar desde un lugar sin resistencias, en el que el personaje está completamente vivo y es independiente. Pero hay otros como Beatriz Osorio, en Isabel, con los que también conectas de una manera muy directa pese a que se ruedan en menos tiempo. ¡Cuesta dejarlos atrás cuando termina el trabajo! Selecciono mucho mis personajes porque entiendo que, como en la vida, me partiré los puños por aquellos que escoja. Eso hace que siempre quede amor por los que un día elegí, aunque fueran personajes duros.
 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− A las artes plásticas. Ya me dedico a ello, pero de forma más secundaria, al ritmo que me permite mi trabajo. Ahora empiezo a dar forma a un proyecto en el que conviven fotografía, escritura y, poco a poco, pintura. De momento podéis ver parte de este trabajo en mi blog (La_Rivoir), aunque todavía estoy experimentando. Algún día tendré un taller donde guardar mis pinturas, mis luces y mis cachivaches, como la casita de cristal de Méliès. Pero sin prisa, todo llega.
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Perteneces a esto te guste o no, así que solo puedes asumirlo. Tirar la toalla no es una opción. No es posible mientras sientas que es aquí donde perteneces. Eso sí, si con el tiempo me descubriera distinta y sintiese que mi lugar está en otro sitio, tomaría nuevos caminos sin dudarlo. Sin ligarlo al fracaso.
 
− ¿Le gusta ver los títulos en los que ha participado?
− Siempre los veo cuando se emiten para comprobar el resultado final y analizar mi trabajo dentro de ese todo que recibe el espectador. Pero sin más, sin obsesiones. Verse es parte del juego.
 
 

 
 
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del cine español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− El principal problema es el gobierno español, el pensamiento conservador dentro y fuera del propio sector y el miedo. En España no hay una industria sólida, a lo que se suma que el mundo está cambiando y, por consiguiente, esa industria también necesita un cambio. ¿Qué hace falta? Sentido común y amor por la cultura y el país. Si las mentes limitadas de nuestros dirigentes y empresarios no están preparadas para innovar, para asumir el riesgo de lanzarse a la búsqueda de nuevos modelos, que al menos sean capaces de copiar a los vecinos cuyos modelos sí funcionan. Generar industria solo supondría enriquecimiento. Enriquecimiento cultural, social, económico. Y también ganaríamos en dignidad. Pero parece que ahora solo interesa empobrecer.
 
   No podemos quedarnos llorando porque el cine ya no es lo que era. ¡El mundo en sí no es lo que era! Convirtamos el cambio en virtud y utilicemos la democratización de Internet como arma a favor. ¿Se cierran las salas? Hoy en día todo el mundo lleva una pantalla en el bolsillo. El cine no es una mezcla de butacas y palomitas, el cine es una historia y muchos píxeles, y eso no lo hemos perdido. Démosles a los cines un nuevo papel en la sociedad o en la industria que Internet no pueda sustituir. Y démosle a nuestras películas un lugar digno y sostenible en la Red. ¿Cómo? Asumiendo riesgos. El mundo solo lo cambian los emprendedores y los canallas, y ni los unos ni los otros tienen miedo. Es hora de que la juventud tome el mando, porque no tenemos nada que perder.
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− Devolvería la llamada antes a Javier Rebollo o Fernando Franco.
 
− ¿Cuál fue la última película que no fue capaz de ver hasta el final?
Irreversible, de Gaspar Noé. Es un atentado contra el espectador. Me hizo plantearme dónde están los límites del cine, pues me sentí tremendamente agredida. La considero valiosa por esos límites que cruza, pero creo que es mejor no sobrepasarlos.
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchada?
− Ahora a Girls, que me parece una absoluta obra de arte: banal, compleja, genial y libre. No puedo admirar más a Lena Dunham, productora, guionista, directora y actriz de la serie. Ella se lo guisa y ella se lo come, lo que hace esa producción aún más brillante.
 
 

 
 
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− Estoy terminando de grabar la primera temporada de Velvet, de reciente emisión en Antena 3. Es un proyecto muy cuidado y estoy segura de que nos va a dar muchas alegrías. Por lo pronto, me está permitiendo trabajar mano a mano con Pepe Sacristán o Aitana Sánchez-Gijón, a quienes respeto un montón. Hacen que este trabajo valga por dos. ¡Estoy contenta! Y en breve vuelvo al teatro, lo que me pone más contenta todavía.
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Vivir de mi profesión sintiendo que nunca me he traicionado.
 
− ¿Qué canciones simbolizan su día a día?
− Mi banda sonora actual sería una mezcla de Daughter, Fleet Foxes y Sharon Jones, aunque no te vas a creer que a estas alturas de mi vida he descubierto a Rocío Jurado. En el coche voy cantando a tope eso de “Ahora es tarde para echar atrás, señora…”. Sufro un momento bizarro-musical.
 
¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− Que el pueblo español se moviliza por sus derechos.
 
− ¿En qué otra etapa de la historia le gustaría haber nacido?
− ¡Uy! He nacido en tantas… [Risas].
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