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21-06-2018

VETERANOS ILUSTRES

 

La eterna voz 

de la dama joven

Tras doblar a decenas de personajes de cine y televisión, incluida la primera Heidi, Selica Torcal ha conquistado en la madurez el reconocimiento como actriz por papeles en musicales y ahora en cortometrajes

 

 

PEDRO PÉREZ HINOJOS (@pedrophinojos)

Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha (@enriquecidoncha)

Ir a nacer junto a una funeraria, en una gélida noche del invierno castellano, con un metro de nieve y en una calle llamada (para más señas) de la Vida y la Muerte, deja huella en el carácter a la fuerza. Selica Torcal (Segovia, 1932) que achaca a esa circunstancia la sombra de melancolía y timidez que siempre le acompaña. Aunque se ha obstinado siempre en defenderse de ella “hablando sin parar y haciendo un poco la gamberra”. Y en ello sigue, con una sonrisa ancha que pone el broche a un doble milagro físico: un cuerpo menudo, casi de adolescente, y una voz fresca. De ahí que no sea extraño que se mantenga al pie del cañón, cosechando éxitos como actriz de cortometrajes tras una larga trayectoria en la que sobresale el medio siglo que le dedicó al doblaje.

   “A mi madre siempre le dijeron los médicos que yo aparentaría mucha menos edad a lo largo de mi vida”, cuenta Torcal, que en un principio parecía destinada a vivir de la música. De hecho, vino a nacer en Segovia por la casualidad de un compromiso musical de su padre, integrante de la orquesta contratada para las veladas del café La Suiza, en la plaza Juan Bravo. “Mi madre estaba a punto de dar a luz y no quería separarse de mi padre, así que tuvo que buscarnos a toda prisa una vivienda, y solo encontró un piso en una casa en la que teníamos de vecinos a otra familia y una funeraria en la planta baja”. 

   Su abuelo paterno, Julio Torcal, era director de orquesta y compositor; y su tía y madrina, la célebre cantante lírica Selica Pérez Carpio. De ella heredó el nombre, otro capricho musical del abuelo materno, un sastre manchego loco por la ópera y la zarzuela, que lo tomó de la esclava de La Africana de Meyerbeer. De ahí que la niña Selica cantara desde muy pequeña, “aunque también bailaba y contaba cuentos e historietas”. Con ese desparpajo ingresó con diez años en la escuela Lope de Rueda de Modesto Higueras. Y en apenas dos años pasó a la compañía que dirigía Cayetano Luca de Tena y comenzó a hacer papeles. Sobre todo de chico, “porque era pequeñita y podía hacer de niño sin problemas”.

 

Con mantas en el césped

Baile en capitanía (Agustín de Foxá, 1944) supuso su debut y luego encadenó una sarta de superclásicos como FuenteovejunaRicardo IIIHamlet El sueño de una noche de verano. De esta última guarda el recuerdo imborrable de dar vida al duendecillo Puck. “Fue un acontecimiento, en las críticas hablaban de mí como el niño Seliquín”. Tal fue el alcance de aquella versión de la comedia de Shakespeare que incluso se representó ante la mismísima Evita Perón con ocasión de su viaje a España en 1947. “Estábamos en Barcelona. Los jardines de Montjuich iban a ser el bosque mágico, pero la función se fue retrasando. Cuando llegaron las autoridades estábamos todos por el césped, tapados con mantas. Pero nos pusimos a representarla. Y en el momento en que Puck le anuncia al rey Oberon que amanece, se puso a amanecer de verdad. Fue increíble”.

   Con 22 años ingresó en el prestigioso cuadro de actores de Radio Madrid. Y tras casi una década haciendo seriales y temporadas de verano con arrolladoras funciones el Teatro de la Comedia, dio el salto al doblaje de películas y series en el reputado estudio Fono España. Se especializó en voces infantiles pero también triunfó en otros registros. “La primera dama joven que hice fue en Gigi(1958), con Leslie Caron”, apunta Torcal. A lo largo de las cuatro décadas siguientes también dobló a Judy Garland, Shirley McLane o Margot Kidder, la Lois Lane de la saga de Superman, aparte de poner voces en producciones nacionales. Como en El pequeño ruiseñor (1956), el debut de Joselito, aunque el niño prodigio no quedó conforme del todo: “Vino con una ayudante a una sesión de doblaje y le preguntaron que qué le parecía y dijo: ‘Está bien pero yo no tengo esa voz de rata”.



   Y en televisión es inolvidable su voz para Susan Saint James en McMillan y esposa, o Emma Samms en Dinastía, además de muchos personajes de dibujos animados. Así fue como le llegó la oportunidad de Heidi en 1975, si bien las maratonianas sesiones y el sobreesfuerzo por distorsionar la voz le provocaron una brutal afonía y hubo de ser sustituida.

   Esta dedicación al doblaje le obligó a dejar la interpretación durante lustros, con excepciones a las que guarda un especial cariño. Como la triunfal gira de Las que tienen que servir, embarcada en la compañía de Manolo Gómez Bur; o las funciones infantiles en el María Guerrero con los Títeres de la Sección Femenina: “Con ellos hice un Don Quijote de la Mancha y un Platero con música de Bernaola y dirección de Fernández Montesinos. Maravillosos”. 

   Con el cambio de siglo, jubilada ya del doblaje, llegó su desquite. En 2001 Jaime Azpilicueta la reclutó para dar vida a la señora Pearce en el exitoso montaje de My Fair Lady, con José Sacristán y Paloma San Basilio. En 2005 formó parte de la versión musical de Maribel y la extraña familia (Mihura) y un año más tarde se enroló en Filomena Marturano, con Concha Velasco y Héctor Colomé. En 2012 logró su primera gran oportunidad en televisión con la serie Con el culo al aire. Pero solo rodó ocho capítulos; su marido falleció y la productora no esperó a que viviera su duelo.

   Para entonces ya había probado con éxito en el cortometraje. “Un día conocí a Jorge Muriel, codirector de Zumo de limón (2010). Me dijo que era más joven y más guapa que la abuela que estaba buscando, pero me hizo varias pruebas y al final me escogió”. El corto fue candidato a los Goya y el primero de una larga serie de trabajos multipremiados: A LondresPulse ONi una sola líneaEl pomo azulLas Vegas La pelu de Rossi

   Corto a corto se ha hecho un hueco en este formato, lo que le permite mantenerse activa e incluso rechazar propuestas; como las de dos musicales, “porque creo que puedo, pero no debo, es arriesgado”. Sí siente Selica Torcal que pudo haber hecho más cine y teatro en otras edades. 

   Aparte está su inconfundible voz, por la que recibió el pasado abril un emocionante homenaje en la primera edición de los premios Irene de doblaje: “Vino de Barcelona Manolo García, la voz de Superman, para entregarme el premio. No olvidaré nunca lo feliz que fui con el Teatro Gran Vía en pie aplaudiéndome”.  Tampoco olvidará el público la eterna voz de la dama joven, que vibra conmovedora en el saludo (o despedida) del contestador automático de su teléfono: “Si quieres decirme algo, habla. Si necesitas algo, pídelo. Y si no quieres hablar conmigo, cuelga. Pero no me olvides”.






Heidi vive

La garganta “a prueba de bombas” de Selica Torcal se rompió al final del capítulo 8 de Heidi. “TVE aún no emitía la serie pero exigía al estudio que se le entregaran cuanto antes todos los capítulos, así que se buscó a toda prisa una sustituta y se pidió discreción”. La propia Torcal sugirió el nombre de Marisa Marco, que completó el doblaje de los 52 capítulos. Fue también “la que se llevó todos los homenajes, pues a TVE nunca le interesó admitir ante el gran público de que hubo dos actrices para dar voz a Heidi”. Ni siquiera se aprovechó la muerte de Marco hace un año para hacerle justicia a la dobladora primitiva de la niña de los Alpes. “Tuve que salir yo a recordarlo, sobre todo para tranquilizar a la gente que me conocía y que pensaba que había muerto”, se lamenta.

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