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29-08-2016 Versión imprimir

 
 
Selu Nieto

 
“Mi mayor compromiso en la vida lo tengo con esta profesión”


El actor sevillano de 'El secreto de Puente Viejo' se concentra ahora en preparar 'La última boqueá' con su propia compañía, Teatro a la Plancha


LUISMI ROJAS
Texto y fotos
En Alanís de la Sierra, un pequeño pueblo de la Sierra Norte de Sevilla, ha puesto el ojo José Luis Nieto Lindo (Sevilla, 1987) en busca de inspiración. Paseando por sus hermosas calles blancas, el muchacho que encarna al entrañable Hipólito Mirañar en El secreto de Puente Viejo nos cuenta que con este retiro cercano a la naturaleza está “escuchándose” para forjar el nuevo proyecto que tiene en mente. Se trata de su tercera obra sobre el escenario, y mientras charla sentado en un banco, declara su amor a la interpretación: este oficio es lo mejor, nos dice, que le ha pasado en la vida al hombre a quien todos conocen como Selu.
 
¿Siempre había querido dedicarse a esto?
– Cuando era pequeño quería ser paleontólogo porque me gustó mucho Jurassic Park. Entonces creía que descubriría dinosaurios vivos. Pero no. Tendría que desenterrarlos, y eso significaba que vivos no los iba a encontrar, así que pensé que quienes podían ver dinosaurios vivos eran los actores. Desde ese momento me dije: “Quiero ser actor”.
 
¿Le entró miedo cuando tomó la decisión de verdad?
– No. Como es algo tan vocacional, lo tengo tan claro y no entiendo la vida de otra forma, solo puedo tener los típicos miedos que se le tienen incluso al día de mañana.
 
 

 
 
 
Deja sus estudios en Sevilla y se marcha a Madrid. ¿Cómo fue ese cambio?
– Me fui cuando cursaba tercero en la Escuela de Arte Dramático. En ese momento compaginaba mis estudios con la serie de Canal Sur Padre Medina. Terminó aquello, me salió un casting… y salté a Madrid. Entonces me dije: “Qué bonito, voy a poder vivir de lo que quiero”. Aunque eso supusiera dejar atrás muchas cosas. Andalucía no está dormida ni mucho menos en cuanto a creación. Tenemos mucho que contar, y cada vez hay más compañeros andaluces trabajando en grandes proyectos a nivel nacional, algo que me alegra muchísimo. Nuestras entrañas encierran mucho dolor y una belleza particular, y si eso lo dejamos solo para nosotros... se pudriría.
 
¿Se ha enfrentado a algún papel al que le haya tenido respeto?
– Eso siempre sucede en esta profesión. Al principio te asomas a una persona desconocida, como una primera cita en la que no sabes cuál será tu reacción. Sin embargo, cuando vas conociendo al personaje, te das cuenta de que realmente habita en ti.
 
¿Qué le ha aportado el papel de Hipólito Mirañar?
– Mucho. Me ha abierto las puertas hacia el cariño de la gente, hacia otros trabajos, lo cual se ha traducido en cierta estabilidad profesional. Por eso he creado mi propia compañía [Teatro a la Plancha]. Me lo paso muy bien con Hipólito, es como un niño.
 
¿Cree que las series que llevan mucho tiempo en la parrilla deben concluir a tiempo para evitar que se desgasten?
– Si la gente ve un producto, es porque le interesa. Si sigue teniendo buena audiencia, cerrarla de golpe sería inexplicable. El secreto de Puente Viejo cambia las tramas y los personajes conforme pasa el tiempo.
 
Cinco años después del estreno, ¿pensaba que el personaje llegaría hasta aquí?
– Para nada. De hecho, mi primer contrato solo era de tres meses, nos quedamos muy sorprendidos al ver el éxito.
 
 

 
 
 
¿Cómo ha sido ese lustro de su vida compartido con Maribel Ripoll?
– Genial. Es una compañera magnífica, te ayuda siempre que puede, tanto en la serie como fuera. Es una excelente persona.
 
Otra de sus facetas es la de director. ¿Cómo se enfrenta al proceso de creación de una obra?
– Primero hay que escuchar mucho. Paso mucho tiempo en silencio. El nuevo texto que estoy preparando me ha llevado un año de reflexión. No es que busque desde el principio un mensaje para transmitir; más bien me escucho en silencio para ver con qué me siento cómodo. Descubro qué sale de mí, cómo quiero contarlo. Siempre me pregunto qué quieren expresar los personajes, qué les afecta… y qué es lo que a mí me llena.
 
¿Por qué viene a la sierra para crear esta nueva historia?
– Porque el tipo de teatro que hacemos en la compañía exige mucho sacrificio. Nosotros no nos vemos una hora y nos vamos. El motor siempre debe estar encendido para poder encaminar un proyecto así. Entonces… qué mejor sitio que la naturaleza para escucharnos. Ensayamos nueve horas diarias, y al llegar a casa, tenemos de nuevo la obra en mente. Este retiro permite sumergirte completamente en la historia. Yo no llevo el texto a los ensayos, trabajamos desde la pérdida, en base a lo que surge. Así vamos creando lo que se queremos contar. Es un proceso complicado, sí, pero muy bonito.
 
– ¿Resulta difícil ser director y actor de su propia obra?
– Claro. Eso es lo complicado. Soy un actor más de mis propias obras por el simple hecho de que mis compañeros quieren que esto sea una cosa de los tres, pero a mí me encantaría dedicarme solo a dirigir. Dirigir y escribir es lo que más me gusta del proceso de creación, y espero poco a poco ir posicionándome ahí.
 
 

 
 
 
¿Desde cuándo tiene esa inclinación?
Esa espinita siempre ha estado ahí. Ayer me decía un compañero que, más que director, yo soy creador. De pequeño inventaba mil y una historias con los juguetes. Luego llegó el carnaval: durante cinco años escribí letras para la chirigota de Los Niños. Son formas de expresarme más allá de la representación de un personaje.
 
– ¿Se plantea dirigir cine?
Hasta ahora no. Siempre digo que, si de teatro sé poco, de cine sé aún menos. Tiene detrás muchas cuestiones técnicas que se me van de las manos. Además, en el teatro he encontrado el modo de canalizar mis obsesiones, mis intereses. El celuloide quizás no me aportaría lo que necesito ahora mismo.
 
– En la obra Los perros está muy presente el mensaje de la libertad y la esperanza. ¿La creó como reflejo de la situación actual en el mundo?
Tiene relación y no la tiene. Algunas personas me preguntan por ello, y no es algo buscado de forma intencionada, pero sí aparece. Siempre digo que la obra es y cuenta lo que cada persona interprete. Yo no soy nadie para decirte que no tiene el sentido que tú le atribuyes. Si el mensaje que has extraído te ha conmocionado, no puedo quitarte ese sentimiento. Trabajé desde el hecho de que el ser humano, que teme a la muerte, también tiene la esperanza de enfrentarse a eso a través de los sueños. Para llegar ahí tuve que ver muchos telediarios, aunque intentaba no quedarme con ninguna historia en concreto. Quería transmitir algo que sucede hoy, que sucedió, que puede suceder mañana.
 
 

 
 
 
– ¿Con qué nos encontraremos en La última boqueá, el título de su siguiente montaje?
– Ahora mismo estamos entre hundirnos y salir a flote, y eso es lo que intentamos descubrir.
 
¿Cuál es la peor crítica que ha recibido o podría recibir?
– Lo que más me molestaría sería algo así: “Se nota que este tío no se ha esforzado”. Mi mayor compromiso en la vida lo tengo con esta profesión. He dejado muchas cosas por ella. Nos dejamos la vida por esto, pero nos da la vida al mismo tiempo. Me da igual que tilden un texto de basura, pero referirse al esfuerzo son palabras mayores.
 
¿Le ha decepcionado el oficio alguna vez?
– Su esencia, nunca, pero sí en muchas ocasiones el entorno: el postureo, las ambiciones… Cada uno se dedica a esto por algo. Hay personas que necesitan el cariño de la gente, otras que sienten la necesidad de expresarse, otras tantas que te pegan empujones para escalar más alto.
 
¿Eso significa que para usted la fama no es importante?
– Es bonito el reconocimiento, el cariño y el amor que recibes, pero no que te digan: “¡Qué bueno eres!”. Estoy agradecido por el afecto del día a día, pero mi fin último no es la fama. Si la popularidad llega, que sea porque he trabajado mucho.
 
Si tuviera oportunidad de homenajear a un personaje mítico, ¿a cuál elegiría?
– Cuando sea muy mayor, porque ahora mismo no doy la talla, me gustaría encarnar al Quijote. Encierra la figura del actor, del loco que lucha contra los molinos.
 
– ¿A qué se dedicaría en caso de dejar la actuación?
– Ayer jugué con mis colegas de la compañía y me tocó esta misma pregunta. No haría nada, no entiendo mi vida sin la interpretación. Eso no impide que, si el día de mañana no puedo vivir de esto, trabaje de otra cosa. Si tuviese que escoger, la verdad es que me atrae la cocina, la filosofía, la historia de la música… Pero nada de eso me llenaría del todo.
 
– Acabemos con un dilema clásico. Cine, teatro, televisión: ¿con cuál se queda?
– Esta es la pregunta difícil. Me quedo con la interpretación, que está presente en los tres. Yo he nacido en el teatro, y con él intento que la gente viaje como lo hacemos nosotros cuando se sienta en la butaca. Pero a la tele le debo las tablas que tengo a día de hoy.
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