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07-07-2015 Versión imprimir

 


De la pantalla al papel
(y viceversa)
 
 
Personajes de ficciones creados para televisión deambulan por las librerías


NURIA DUFOUR
Hasta hace nada el camino era unidireccional. Clásicos y grandes personajes literarios saltan a la pantalla. Quijotes, Lazarillos, Celestinas, Romeos o Julietas han servido y sirven de inspiración para construir multitud de historias. La televisión, como el cine, se alimenta de la literatura desde siempre. Todavía en la retina, fotogramas del imaginario de Galdós, Blasco Ibáñez, Clarín, Buero Vallejo, Delibes… 
 
   Uno de los ejemplos más recientes, y rentables, El tiempo entre costuras. Once capítulos a partir del superventas de María Dueñas que Antena 3 emitió en 2013 y cuyo extraordinario éxito ha animado a la cadena no solo a valorar una segunda parte, sino a trabajar en las adaptaciones de otros títulos. Fortunata y Jacinta, Apaches y La catedral del mal son tres de las próximas producciones anunciadas por el canal que más horas dedica a la ficción propia.
 
 

 
 
 
   Otras series cocinadas al calor de la lectura: Crematorio, adaptación de la novela de Rafael Chirbes, producida por Canal Plus y emitida posteriormente en La Sexta; Polseres Vermelles, inspirada en El mundo amarillo de Albert Espinosa; Victor Ros, las aventuras de un Sherlock Holmes castizo, basadas en el personaje creado por Jerónimo Tristante. Tele5 ya se adentró en el universo literario detectivesco en los noventa, adaptando seis de las novelas de Vázquez Montalbán sobre el detective Pepe Carvalho y las que protagoniza la inspectora Petra Delicado de Alicia Giménez Bartlett.
 
 
Seriefilia frente a cinefilia
Hoy, aunque el romance tele/bestseller mantenga su vigencia, se está produciendo el fenómeno inverso. El creciente mercado de las series se ha trasladado a las librerías. La oferta de libros inspirados en las teleseries de moda crece de manera significativa. La seriefilia toma delantera a la cinefilia.
 
   En unos tiempos en los que la industria del libro sufre una de sus peores crisis (dos librerías cierran al día en España, según un reciente informe), muchas de nuestras producciones televisivas más seguidas se convierten en libro. No hablamos de merchandising: lo que ha devenido en tendencia es idear una historia paralela con uno o varios de los protagonistas de la serie de referencia. A partir de ahí, el autor o autores, normalmente guionistas de las ficciones referidas, desmadejan el ovillo.
 
 

 
 
 
   ¿Por qué tal o cual personaje se comporta de la manera en que lo hace? ¿Cuál fue su pasado? ¿Tiene orígenes ocultos? ¿Qué ocurriría si esta o aquella trama diera un golpe de timón? De este modo, han ido apareciendo historias noveladas sobre muchos de los protagonistas que más han calado entre los públicos de las teleseries. De igual modo, tramas paralelas como la que desarrolla Laura y el misterio de la Isla de las Gaviotas, en la que la inspectora Laura Lebrel (María Pujalte), la protagonista de Los misterios de Laura, desentraña con sus particulares deducciones un caso al más puro estilo de los de Agatha Christie.
 
   La oferta de novelas inspiradas en series es copiosa. Desde Azucena de noche, la primera de las siete editadas por Plaza&Janés a partir del sello Amar en tiempos revueltos, en la que se construye una historia en torno al serial radiofónico que escuchan los protagonistas de la segunda temporada (2007), hasta las surgidas a partir de Águila Roja (La profecía de Lucrecia y los volúmenes juveniles El impostor, Lobos de mar, El alquimista y El tesoro del Indiano), Gran reserva (La viña vieja), la apuesta de tintes paranormales de Cuatro Hay alguien ahí (El chico que no miraba a los ojos), la vespertina El secreto de Puente Viejo (La canción de Alba, Promesas incumplidas, Antes de ti, donde se contaba lo que se saltó la teleserie de A3 entre las dos primeras tandas, trece años en la vida del imaginario pueblo castellano) o Velvet, la más reciente en sumarse a la lista. 350 páginas ambientadas en los albores de los años treinta retratan el origen de las galerías de moda. 
 
   También las editoriales aprovechan el éxito de una ficción para tirar del hilo y lanzar libros acerca de la época recreada o reeditar biografías como la de Isabel de Castilla a propósito de la emisión de la serie de TVE. Seguro que algo así ocurre también con la del nieto de la reina católica, Carlos, Rey Emperador, personaje del que la pública prepara una ficción cuyo rodaje comenzó a comienzos de año en la localidad vallisoletana de Tordesillas. Un centenar de actores completan el reparto que encabezan Álvaro Cervantes y Blanca Suárez como Leonor de Portugal, la mujer del primer Habsburgo español.
 
 

 
 
 
   En esa línea histórica, la editorial Planeta lanzó a principios de año El siglo de Águila Roja. El libro, firmado por el novelista José Ángel Mañas (Historias del Kronen), traza un recorrido por el siglo de Oro español contado a través de un imaginario diálogo que mantiene la pareja protagonista de la serie de TVE, Gonzalo de Montalvo y Sátur mientras deambulan por el epicentro de la villa y corte.
 
   Para escribir la novela, Mañas tuvo que verse en una semana los 64 primeros episodios de la exitosa serie de aventuras. Durante la presentación en la Plaza Mayor de Madrid, Javier Gutiérrez, Sátur, declaraba a Efe el paralelismo con la época actual “en cuanto a corrupción e impuestos que apretaban las clavijas a los ciudadanos de entonces”.
 
   La serieadicción va incluso más allá del papel. Además de libros, se multiplican los blogs literarios en la red donde seguir andanzas paralelas y simultáneas de personajes de las producciones televisivas. Es una tendencia generalizada que se conoce como transmedia.
 
 

 
 
 
ZAPPING
 
Una vuelta de tuerca
La pasada temporada Antena 3 estrenó la ficción Cuéntame un cuento. Apenas unas semanas después la novela de la serie ya estaba disponible. Cinco entregas independientes, 4000 páginas, inspiradas libremente en cuentos clásicos infantiles. Interpretaciones adultas de Blancanieves, Hansel y Gretel, Los tres cerditos, La bella y la bestia y Caperucita Roja. Cinco thrillers psicológicos en los que la aparente dulzura de aquellos personajes infantiles transmuta en cualquier forma de vileza.
 
Aunque el público no respaldó el formato todo lo bien que sus responsables esperaban –12,5 por ciento de cuota de pantalla, algo más dos millones de telespectadores-, la ficción fue recibida con aplauso por lo arriesgado y novedoso de la apuesta.
 
No es la primera vez que se actualizan en imágenes cuentos clásicos infantiles. En el cine, varios ejemplos recientes y otros por llegar. Desde la Blancanieves de Pablo Berger, en la que Macarena García sucumbía silente a la manzana envenenada que le entregaba Maribel Verdú, hasta las norteamericanas Cenicienta, que rubrica Kenneth Branagh, o Dumbo, proyecto anunciado por Tim Burton.

También la literatura ha hecho sus propias reinterpretaciones. Carmen Martín Gaite trasladó en 2002 la Caperucita de Perrault al Manhattan contemporáneo, en uno de sus libros más vendidos. Ana María Matute fabuló a partir del “fueron felices y comieron perdices” de otro de los clásicos de la literatura infantil en El verdadero final de La bella durmiente.
 
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