twitter instagram facebook
Versión imprimir
14-05-2019


Un fotograma de 'Palabras de amor', el salto de Serrat al celuloide


El cine, esa ‘pequeña cosa’ en la carrera de Serrat

 


Ahora que se han cumplido 50 años del estreno de 'Palabras de amor', su primera película como actor, repasamos el corto, desconocido y muy musical periodo cinematográfico de Joan Manuel Serrat


JAVIER OCAÑA (@ocanajavier)

En la Barcelona de 1969 podían convivir a solo unos metros la rancia burguesía catalana y la modernidad intelectual de la gauche divine, las censuras del franquismo y los estallidos de un cierto hippismo. Y entre todos ellos, deambulando entre la ilusión y la desesperanza, con un punto de melancolía y de indolencia, un joven recién llegado de un pueblo de Lleida en busca de una nueva vida y de un viejo amor. Pelo negrísimo, patillas largas y pobladas a la moda; es Juan, así, en castellano, y lo interpreta Joan Manuel Serrat, cuando para parte del territorio español aún era Juan Manuel. Pocos recuerdan ya que hubo un tiempo en que el cantautor catalán probó suerte en la pantalla, pero así fue. Acaban de cumplirse 50 años de aquel debut como actor: Palabras de amor, de Antoni Ribas, estrenada el 25 de marzo de 1969. Luego llegarían dos películas más como protagonista y una colaboración muy especial. Serrat en el cine, la historia de una quimera.

 

— El lugar que buscas no existe.

— ¿Y tú cómo lo sabes? ¿Te has molestado alguna vez en buscarlo?

 

   Este bello diálogo de la película de Ribas podría definir no solo el sueño de aquel joven de pueblo en la ficción, sino la breve y quizá imposible carrera cinematográfica de Serrat en la realidad. El cantante había logrado un gran éxito con Com ho fa el vent [Como lo hace el viento], su tercer álbum, y desde Producciones Balcázar se pensó en lanzar a Serrat a la manera de otros intérpretes musicales, cada uno en su estilo, tanto en España (Raphael, sin ir más lejos) como en Europa (de Adriano Celentano a Jacques Brel). Y de esa manera surge, aprovechando el título de la canción estrella de aquel LP, Paraules d’amor, la película de Ribas, basada en la novela de Jaume Picas Tren de matinada y que adaptaron el propio director, Miguel Cussó y un joven Terenci Moix, de incipiente carrera literaria.


   Sin ser un musical al uso, Serrat, que tenía entonces 26 años, canta cinco canciones completas (tanto en catalán como en castellano), unas veces mejor integradas en la trama que otras, en una historia asentada en un clásico triángulo amoroso entre la chica de la que anda rendidamente enamorado y la dulce y conveniente para su estado de bienestar: “Porque te quiero a ti / porque te quiero / Cerré mi puerta una mañana / Y eché a andar”. A la primera, altiva, soberbia, de enorme personalidad y casada, como golpe final para el protagonista, la interpreta la espectacularmente moderna Serena Vergano, una de las musas del movimiento cinematográfico de la Escuela de Barcelona en Noche de vino tinto y Dante no es únicamente severo, y mujer en aquella época del arquitecto Ricardo Bofill, miembro de la gauche divine. A la segunda, la amiga enamorada en silencio, Cristina Galbó. Eso sí, todos ellos doblados por otros para su versión en castellano (la catalana nunca llegó a estrenarse), incluidos Emilio Gutiérrez Caba y Manuel Galiana, que completaban el reparto principal. Con cigarro perpetuo alojado entre las cuerdas de la guitarra mientras canta, Serrat muestra buen perfil cinematográfico y el plano parece quererle, pero nunca sabremos si su dicción y su declamación eran satisfactorias. En cualquier caso, la película fue relativamente bien en taquilla, con 350.000 espectadores.



Con Linda Cole en 'La larga agonía de los peces fuera del agua'



Ofreciendo una actuación callejera en ese mismo filme



   Durante cinco meses, entre los últimos de 1969 y los primeros de 1970, el cantante realizó con éxito su primera gira por América. Y aunque había sido vetado por Televisión Española (lo estuvo hasta 1974) a causa de la mítica polémica de Eurovisión (él iba a cantar La, la, la y, tras amagar con hacerlo en catalán, fue sustituido por Massiel, que ganó el certamen), su excitante carrera musical auguraba más pasos en el cine. Y el segundo llegó con La larga agonía de los peces fuera del agua, estrenada en marzo de 1970. Basada en la novela de Aurora Bertrana Vent de groc, fue dirigida por un veterano, Francesc Rovira-Beleta, el autor de la maravillosa Los Tarantos, y de nuevo estaba guiada por un triángulo amoroso, ambientado entre Ibiza y Londres, entre el personaje de Serrat y dos chicas muy distintas. En este caso, una ibicenca (otra vez fiel, tímida y sensible) y una guiri algo mayor que él, por la que abandona casa, familia, su oficio de pescador y a esa novia camino de esposa que se le auguraba, a la que interpretó Emma Cohen.

 

   Su personaje se consume en el pueblo, “como la agonía de los peces fuera del agua”, y tras un romance de verano con la mujer inglesa, se marcha a Londres, donde vive la eclosión de la contracultura y, de nuevo, el hippismo. Es precisamente en territorio inglés donde se filman las secuencias que mejor perduran en la película: esas que Rovira y su equipo rodaron sin permisos, de un modo espontáneo a la manera de la nouvelle vague, cámara en mano, entre ellas una actuación de Serrat en plena calle con otra actriz pasando la gorra, y durante la que tuvieron que salir por piernas porque la policía les pilló rodando.

 

   Aunque la censura se cargó posteriormente un paseo de Serrat por la calle de los peep show de Londres, permanecen unas potentes imágenes documentales de la policía persiguiendo a los manifestantes de una protesta comunista y anti-Vietnam, las cuales fueron integradas luego en montaje con otras de ficción en las que Joan Manuel y su pandilla son perseguidos por guardias, esta vez de atrezo. Una sistemática que también se ejercitó con una presunta actuación del protagonista (que, claro, es cantante además de pescador) en el segundo festival de la Isla de Wight (1969), algo así como el Woodstock británico, grabada en realidad con planos cortos en Barcelona y aprovechando las imágenes reales de la multitud durante aquellos conciertos, con actuaciones de The Who, The Band o Bob Dylan, y rodadas por el equipo de Rovira en Wight.

 


Izquierda y arriba: distintos fotogramas de 'Mi maestra particular', con Serrat y Analía Gadé como grandes protagonistas


   La película no tuvo excesiva buena prensa por su desbocado desenlace, pero comercialmente fue aún mejor que la primera, con más de medio millón de espectadores. En septiembre de 1973 llegó el tercer y último personaje protagonista en cine para Serrat: el alumno de piano de Mi profesora particular, la más extraña de sus tres películas, dirigida por otro cineasta reputado, Jaime Camino, que venía de acudir a Cannes con la muy política España, otra vez. Aunque, vista hoy, quizá sean los dos nombres de sus coguionistas los que más fascinen: nada menos que Juan Marsé y Jaime Gil de Biedma. De Marsé no es difícil ver esos apuntes de pijoaparte arribista en el personaje de Serrat. Y de Gil de Biedma, aparte de un socarrón título inicial, Tocar el piano, mata (de hecho, hay un piano que produce descargas eléctricas), y desechado más tarde, queda una tremenda línea de guion que, por fuerza, quedó censurada en aquellos tiempos: “Lo cogieron en los urinarios con un dominico belga durante el Congreso Eucarístico”.

 

   Insólita, transgresora y de una excentricidad que a veces roza el ridículo, pero con unas impagables situaciones de corte surrealista, Mi profesora particular contiene menos canciones que las anteriores (una de ellas es la mítica Aquellas pequeñas cosas). Y en el filme Serrat vuelve a ser doblado. Aunque para excentricidad, la de su último papel para el cine en La ciudad quemada (Ribas, 1976), donde su presencia es testimonial, casi un cameo, pero qué presencia: la del histórico carbonero Ramón Clemente, deficiente mental condenado a la pena de muerte por fusilamiento en el Castillo de Montjuïc por haber bailado durante días con el cadáver de una monja tras la profanación de su tumba y la quema de un convento en la Semana Trágica de Barcelona en 1909.

 

   Desde entonces, nada más, aparte de los documentales sobre su obra musical. El cine quizá haya sido una de esas “pequeñas cosas” en la vida artística de Serrat. Pero como dice su canción, “aunque uno se cree que las mató el viento y la ausencia”, esas pequeñas (grandes) cosas “te acechan detrás de la puerta”.



Como Ramón Clemente en 'La ciutat cremada', su última aparición cinematográfica

Versión imprimir