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28-07-2017 Versión imprimir
Juan José Ballesta
Juan José Ballesta
 

ASÍ SE HACE

 
Ley y orden para las sobremesas de TVE


La cadena pública apuesta por una ficción de temática actual cuya acción transcurre en la comisaría de un barrio obrero en algún lugar imaginado del sur de Madrid. Los policías y vecinos de ‘Servir y proteger’ reúnen cada tarde a más de un millón de espectadores


NURIA DUFOUR
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Las sobremesas de La 1 se renuevan con la primera serie policial de emisión diaria tras años de seriales. El proyecto de Servir y proteger partió de la cadena, que quería renovar la oferta de ficción de tarde apostando por una serie contemporánea sin abandonar el melodrama, un ingrediente indispensable para funcionar en este tramo horario. Otro objetivo de la pública era integrar al público joven en una franja particularmente madura. Pese a que registra una media de 1,2 millones de espectadores desde su estreno en abril, una cifra nada desdeñable, a sus responsables les convence más el resultado visual que las audiencias. Lo afirma Emilio Perea, director de producción: “Aún llevamos poco tiempo en la parrilla y competimos contra proyectos muy asentados”.
 
   Las cámaras de la productora Plano a Plano se trasladaron a finales de febrero hasta la comisaría de un barrio imaginario del sur de Madrid. Concretamente, al polígono fuenlabreño Cobo Calleja. Multitud de almacenes mayoristas flanquean los dos platós donde se gesta esta ficción, cuyo rodaje se prolongará hasta noviembre para completar los 200 episodios comprometidos. “Como la serie cumple de momento las expectativas de la cadena, damos por sentado que continuaremos”, piensa un optimista Rubén Torrejón, director general de la ficción.
 
   El equipo trabaja en 4.000 metros cuadrados que albergan la comisaría, el bar La Parra, un ambulatorio, el bufete Ocaña, un gimnasio, la empresa de transportes Quintero, las viviendas de los protagonistas y una plaza que actúa de localización exterior para ubicar las fachadas de la comisaría, el bar y el consultorio médico. El 15 por ciento de las secuencias se graban en escenarios naturales: parques, fábricas abandonadas, calles de localidades próximas…  
 
   El departamento artístico, capitaneado por Carlos de Dorremochea, invirtieron 14 semanas en construir los decorados principales. Hay además sets polivalentes que varían en función de las necesidades de las subtramas. Durante los primeros 100 capítulos se han levantado nueve decorados episódicos, como la nave abandonada donde se oculta el violador en serie, antagonista de la historia que lleva varias semanas intrigando a los espectadores.
 
 
Nicolás Coronado
Nicolás Coronado
 
 
 
Sin minuto extra
Añadir acción era el hándicap con el que sus creadores sabían que iban a encontrarse. “Trabajamos deprisa, con unos presupuestos reducidos, aunque dentro de los parámetros que manejan en producciones de semejantes características”, resume Rubén Torrejón. Él está pendiente de lo que se está grabando, lo que se ha grabado y lo que se grabará en las siguientes jornadas. Desde su dilatada experiencia en seriales diarios (Acacias 38, Ciega a citas, Bandolera), Rubén considera que la clave para sacar adelante estos productos radica en tener buen carácter y las cosas claras. Porque aquí se trabaja al límite: “Si no estás habituado a los tiempos que se manejan puedes ponerte muy nervioso”. Cuatro directores más –Alexandra Graff, Nacho Guilló, Kiko Claverol e Inma Torrente– trabajan simultáneamente en bloques semanales de cinco guiones cada uno.
 
   El carácter y la claridad de ideas afectan a los 130 técnicos y al medio centenar de actores. “No hay prueba más difícil para un actor que interpretar una diaria. Saben que tienen que estar bien en la primera o la segunda toma”. El minuto extra no existe. Juan José Ballesta se encarga de dar vida a Rober, un joven policía cañero, con carisma y principios. “Es muy como yo”, sentencia. El de Parla está acostumbrado al cine, donde las secuencias se matizan. “Aquí arriesgas demasiado, a veces sientes que el personaje muere un poquito ese día, aunque al siguiente lo levantes otra vez”.
 
   Nicolás Coronado encarna a Sergio Mayoral y hace hincapié en la “concentración absoluta” con que uno tiene que trabajar en este tipo de producciones. Al segundo día de grabación entendió que había que darlo todo a la primera y no pensar en si podría haberse hecho mejor. Tanto Nicolás como Ballesta debutan con Servir y Proteger en el terreno de las series diarias. Ponerse en la piel del abogado Mayoral le costó a Coronado sucesivas pruebas y una espera varios meses. A punto de darlo por perdido –“mira qué costó este casting”–, llegó la esperada llamada. Similar fue la incorporación de Silvia Sanabria, una actriz de origen colombiano que interpreta a la policía Nacha Aguirre. La confirmación definitiva de que el personaje era suyo la sorprendió tras cuatro meses de espera. Apenas faltaba en ese momento una semana para el inicio del rodaje. “Ser extranjera hace que tengas más limitaciones a la hora de encontrar un personaje”, comenta, razón por la cual celebra que proyectos como este abran la puerta a actores de otras nacionalidades.
 
 
Nausicaa Bonnin
Nausicaa Bonnin
 
 
 
   Con la mirada cargada de ilusión por haber logrado al fin un papel en una serie de largo recorrido, Sanabria resalta el hecho tener como compañero de acción a Fernando Guillén Cuervo (el inspector Elías Guevara). “Estar rodeada de compañeros tan buenos te da experiencia deprisa. Aprendes día a día de la presión y del ritmo, vas a por todo y lo disfrutas al máximo”, concluye la colombiana. De la agente Nacha destaca su dureza y corrección. Llega a España huérfana y bastante confundida por su sexualidad, “pero se acepta al encontrarse en un país de mentalidad más abierta que el suyo”. Hablamos con Silvia Sanabria en el camerino que comparte con Nausicaa Bonnin, Laura Escalada en la ficción, una inspectora de policía especializada en delitos informáticos. Aguardan maquilladas y ataviadas para trasladarse al plató en cuanto culmine la secuencia que ahora graban Luisa Martín (la inspectora jefe) y Juan José Ballesta.
 
   Esta es la segunda incursión de Bonnin en una ficción diaria tras El cor de la ciutat. “Lo positivo de estas series es que día a día se abren nuevas oportunidades. Hay que estar vivo, despierto a los inputs que te dan los compañeros, estar en el presente sin pensar en las secuencias venideras. A partir de ahí vas encontrando los matices”. Ballesta habla de improvisación: “En mi cabeza tengo un repertorio de miradas, gestos, formas de utilizar las manos. Hay días que llego a la grabación apretado, con 30 folios aprendidos, me pongo en automático y la cosa sale. Entro y salgo del personaje sin que los directores puedan notarlo. Esa suerte tengo. Cuando llevas tantos años en esto, lo tienes automatizado”. Y es que se graban unas 60 páginas de guion por día, prácticamente un capítulo, entre las dos unidades que trabajan al mismo tiempo para cumplir con la semana de emisión.
 
   Ante semejante ritmo, “el rácord emocional lo llevamos nosotros, entre todos aportamos. Se escucha mucho, tanto guionistas [un total de 13, coordinados por Tirso Calero, autor de la idea original] como directores aceptan que les propongas de cambios”, alega sinceramente Aníbal Soto. Todos los actores coinciden en destacar la figura de las scripts y la coach, que trabaja a pie de pista para que nadie pierda el hilo de su personaje.
 
 
Silvia Sanabria
Silvia Sanabria
 
 
 
Emitir y grabar a la vez
Nausicaa Bonnin reconoce que le cuesta mucho ver su trabajo, algo que se aprende conforme pasan los años. “Lo bueno de las diarias es que puedes ir modificando a medida que vas grabando”. A Silvia Sanabria le resultó complicado ver la presentación de su Nacha. La acción la enfrentaba al que sería su compañero de fatigas: Fernando Guillén Cuervo. Hoy adora aquella escena. Y le recuerda a Bonnin que su primera jornada de grabación fue precisamente con ella. “No la conocía, como a la mayoría de los compañeros, pero Nausicaa me ayudó mucho. Teníamos una secuencia bastante intensa. A mi personaje le gusta el de ella y fue difícil arrancar sin conocernos. Ahora estoy dispuesta a enamorarla”, bromea entre risas.
 
   Nicolás Coronado es autocrítico, pero no se tortura. “No puedes quedarte enganchado en cada cosa con la que no te hayas quedado a gusto”. Aníbal Soto recibe el feedback de los cámaras en lo que él llama “un examen continuo”. A él le gusta observar al equipo técnico, y en función de cómo este “respire”, saber si está o no en su personaje de Marcelino Ocaña. Este es un abogado del Estado con rectas convicciones, aunque debido a su ambición, juega al borde mismo de la ley. “A veces sueltas un tocho y te vas con la sensación de no haber hecho tu trabajo en condiciones. Hasta que miras a las personas que están a tu lado y sabes que te dicen la verdad”.
 
   Juan José Ballesta confirma que vive sin presiones. El joven actor madrileño es claro y conciso. Disfruta cuando graba y también cuando se ve en la pantalla. Le encantan las ficciones policiacas. Hacerlas, menos. Memorizar el texto cuesta casi tanto como en las de época. “Todo lo que dicen en plan técnico, o te lo aprendes al dedillo, o no hay manera. Me refiero al ‘queda usted detenido’, ‘tiene derecho a guardar silencio’, ‘cualquier cosa que diga será usada en su contra’, etcétera”.
 
 
Luisa Martín
Luisa Martín
 
 
 
Luisa Martín 

“Los personajes femeninos de esta serie
no se enfrentan por banalidades”


Curtida en series y obras teatrales, Luisa Martín contagia energía dentro y fuera de escena. Subraya lo mucho que le gusta Claudia Miralles, la protagonista de Servir y proteger, un personaje que construye tomando elementos de su propia personalidad. Luisa y Claudia tienen la misma edad y ambas se definen como mujeres muy responsables y disciplinadas en su vida y su profesión. “He hecho una aritmética entre las dos y el experimento está siendo precioso”.
 
¿Qué destacaría de Claudia Miralles?
– Su ecuanimidad, estricta profesionalidad y humanidad. Lo que consiente a los demás no se lo permite a sí misma.

¿Jugó con referentes?
– Me hablaron de la británica Happy Valley y de otras series policiales protagonizadas por mujeres. Pero más que de las ficciones, tomo referencias de grandes actrices. Me fijo en cómo están construidos los personajes desde el guion.

No es su primera policía.
– La que encarné en Gran Reserva estaba más en la línea de aquella de Fargo. Era una policía un tanto surrealista, mientras que en Servir y proteger hablamos de cosas reales, de cosas que le pasan a la gente de verdad.

Esta producción tiene una marcada presencia femenina.
– Lo interesante de esta serie no es que el protagonismo lo lleven las mujeres, sino que ellas no estén en conflicto entre sí. Eso es lo verdaderamente innovador, porque cuando hay dos mujeres en una serie, se llevan fatal por cuestiones banales. 

¿Cómo prepara a Claudia, teniendo en cuenta el intenso ritmo de trabajo?
– Soy superordenada. Y nos ha ocurrido una cosa maravillosa a Andrea y a mí: somos como los personajes, tenemos una relación similar a la que mantienen Claudia y Alicia, trabajamos codo con codo durante casi todo el día. Me preparo mi guía emocional, y ella lo hace igual. Llevo señalizadas qué cosas pertenecen a cada trama y capítulo, apunto qué día se graba y a qué hora, siempre estoy poniendo anotaciones en el margen para saber de dónde viene tal o cual reacción... Es como un diario. El personaje va evolucionando y llega un momento en que el actor sabe mucho más sobre él que los guionistas, sin pretender con esto desmerecer su trabajo.

Le gusta trabajar con libertad controlada porque usted respeta mucho el texto.
– Me gusta ser muy específica en los diálogos. Soy puntillosa. Mi personaje maneja un lenguaje concreto, utiliza latiguillos, no recurre al insulto contra el delincuente… Sustituyendo el taco por un sinónimo aporto mucho más.
 
Mariano Estudillo y Miguel Ortiz
28-07-2017 Versión imprimir
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