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24-07-2019

 

Sol Picó

“La danza es un vehículo 
maravilloso para denunciar”

 

La contemplan el Premio Nacional de Danza, 10 Max y un cuarto de siglo largo sobre el escenario. Y lo celebra con el estreno de un documental sobre su vida y trayectoria

 

Picó, retratada por Mar Badal

 

BEATRIZ PORTINARI (@beatrzportinari)

Irónica, transgresora, reivindicativa y referente indiscutible de la danza contemporánea española, la bailarina y coreógrafa Sol Picó (Alcoy, Alicante, 1967) cumple 25 años de compañía propia, con 34 espectáculos y 30 galardones, entre los que destacan el Premio Nacional de Danza del Ministerio de Cultura y el de la Generalitat de Catalunya y 10 trofeos Max de las Artes Escénicas. Inventó el concepto “flamenco en puntas”, que casi provoca un infarto a los puristas de ambas corrientes de danza. Tras recuperarse de una grave lesión de rodilla le quedaban muchos escenarios por bailar, y así lo ha demostrado con espectáculos como Cita a ciegas Animal de sequía.El documental De rodillas corazón, dirigido por Susana Barranco, radiografía la vida y obra de Picó y abrió este 12 de julio el festival Dance on Camera en el Lincoln Center de Nueva York. 

 

- A los seis años empezó a bailar. ¿En su familia había antecedentes artísticos?

- ¡En absoluto! Sí es verdad que mi madre tenía una chispa artística que le corría por las venas: le gustaba mucho cantar y bailar. Murió joven y no pudo verme llegar donde he llegado. Pero fue ella quien me vio bailar con seis años por el pasillo de casa y le dijo a mi padre: “Vamos a apuntar a la niña a ballet”. Así empecé en la escuela de María Jesús Rodríguez en Alcoy. Ella me enseñó el verdadero amor por la danza y también la disciplina. Recuerdo la primera vez que hice un plié. ¡El subidón que me dio! Allí terminé mis estudios y me titulé en Danza Clásica y Danza Española. Me fui a Valencia, y de ahí a Barcelona.

 

- En la capital catalana intentó entrar en el Institut del Teatre, pero recibió la primera negativa de su carrera.

Por peso. Decían que estaba “gorda”. No era cierto: simplemente no encajaba con sus cánones. Y eso que yo estaba dispuesta a aprenderlos, precisamente a eso iba. Esa situación te pilla con 17 o 18 años, sin venir de una familia de buen comer, como yo, y acabas con anorexia. De hecho, tuve un bajón al ver que una carrera puede truncarse por una cuestión física que no es real. Por suerte, tenía un buen soporte familiar que me permitió seguir intentándolo en Barcelona, donde me becó La Fábrica, que en los años ochenta era un referente de danza contemporánea. Después de dos años hice las maletas y me fui a París a seguir formándome. 

 

 

- ¿En qué momento salta de la danza al teatro, la performance, la música y otras disciplinas artísticas?

- Después de aprender mucho y pasar hambre en Francia, cuando pensaba que tendría que volver a Alcoy a montar una academia, me llamó quien fue uno de mis profesores en La Fábrica: Francesc Bravo. Ahí empecé a descubrir el mundo de la coreografía, de la interpretación… Era la época de Los Rinos, de la experimentación. Si miro atrás, creo que pocas veces he ido a buscar, sino que me han ido llegando las oportunidades. Soy muy curiosa, siempre investigo nuevos caminos. Por ejemplo, conocí a la extraordinaria saxofonista Mireia Tejero en una fiesta y se convirtió en mi partenaire para el espectáculo Spit Brides.Nos disfrazábamos de novias y salíamos a la calle para interaccionar con el público y liberarnos, así dejábamos de ser novias encorsetadas.

 

Lleva décadas hablando de igualdad de género y feminismo en clave de danza. Fue pionera en ello. ¿Se considera reivindicativa?

- Creo que, sin querer, siempre he llevado esa pequeña carga del mensaje reivindicativo sobre la mujer. Desde Split Brides bailo sobre ese tema: a veces de forma punzante y a veces de manera lúdica. En Del planeta basura, uno de los espectáculos más macarras y surrealistas que he hecho en mi vida, cuatro mujeres con barbas analizan el mundo y gritan lo que está pasando. Bésame el cactustambién puede seguir esa línea: es una mujer que se enfrenta a sus miedos, que no pasa nada por tenerlos y exponerlos, porque después de todo podemos salir punteando de un jardín de cactus. En La dona manca o barbisuperstar se planteaba el imaginario atribuido a la mujer. En WWWe Womenéramos cuatro mujeres de distintas etnias y orígenes reflexionando sobre la condición femenina. Sí, es posible que lleve años tratando el tema, pero obviamente debemos insistir en ese mensaje, porque parece evidente que todavía no ha calado: la igualdad de género todavía no ha llegado.

 

Ha coreografiado otros temas sociales, desde las mujeres represaliadas por la dictadura franquista, el drama de los desahucios, los migrantes sirios ahogados en el Mediterráneo…

El arte es la mejor forma de exponer esa crudeza: se puede hablar de todo, se puede dar un sentido a la creación. Con mucha belleza y elegancia se pueden exponer cosas terribles. No todo es bailar sobre temas personales, cosas que me pasan pero que son extrapolables a cualquiera. La danza es un vehículo maravilloso para denunciar. El espectáculo Halab [nombre de Alepo en árabe] surgió cuando veíamos a gente saliendo del mar que podríamos ser nosotros. Me parecía tan terrorífico que necesitaba sacarlo a la luz, homenajearlos, que no nos olvidemos de ellos, de los que llegaron y los que han muerto en el mar.

 

 

- ¿El público está preparado para comprender este tipo de espectáculos? ¿Cómo ve la situación de la danza en España?

-Si la danza no tiene aún el reconocimiento que en países como Francia o Alemania, donde además tienen más tradición, es por un cúmulo de factores. El contemporáneo llegó casi de sopetón, sin tener un traspaso natural y orgánico desde la danza española o clásica, que era lo que se hacía de toda la vida. La pregunta que suscitábamos era: “¿Qué hacen estos de contemporáneo por el suelo?”. Todos hemos aprendido en el extranjero o sobre la marcha. Las infraestructuras para entender y divulgar la danza siguen siendo escasas, aunque cada vez encuentras más programadores y gestores culturales que apuestan por un espectáculo y además lo promocionan y difunden, lo que es clave para que el público acuda. En las escuelas podrían empezar a trabajar en esto porque allí están los futuros espectadores. Cada vez tenemos menos relación con nuestro cuerpo, solo nos relacionamos de cuello para arriba. Y eso deberíamos cambiarlo desde el colegio. 

 

- ¿Cómo se cumple medio siglo de vida y casi tres décadas de trayectoria?

- Hace poco me llevé una grata sorpresa en una representación del dúo Cita a ciegas. Una mujer me esperó a la salida y me dijo: “Te sigo desde hace años y ahora me gusta más cómo bailas: bailas desde otro lugar. No pares nunca”. Casi me echo a llorar. A la hora de subir al escenario, con los años, bailo desde otra perspectiva, con otra profundidad. Después de mi lesión de rodilla y de la recuperación el cuerpo sigue respondiendo, pero para eso debes estar todos los días en el linóleo entrenando y trabajando. Llegará un día en que el escenario se acabe, eso está claro, pero la creación va por dentro: puedo seguir creando desde una silla. 

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