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Susana Córdoba


“Sería bonito ir al cine con mis hijos y verme en una buena película”

 
Esta cordobesa nació en 1974 y de niña ya representaba funciones escolares. Su prematuro flechazo con el teatro la acabó conduciendo a la Escuela Superior de Arte Dramático de su ciudad, donde se formó antes de subirse profesionalmente a las tablas. El punto de partida de su bagaje escénico fue la obra infantil Pluft, el fantasmita, en la que un joven espíritu salvaba a su amiga humana de las garras de un pirata que la tenía secuestrada para recibir un tesoro a cambio. Luego aceptó el papel de Silvia para la oscura Delito en la isla de las cabras, que la trasladó a una remota casa donde vivía en paz junto a su madre y su tía. Hasta que un misterioso hombre aparecía con la intención de conquistarlas una a una, lo que desataba una feroz competencia entre las tres mujeres, que anteponían sus necesidades propias al vínculo familiar. La gata sobre el tejado de zinc la involucró en las tensiones de un acaudalado clan estadounidense, con Agnus Dei puso al público ante la eterna pugna entre el racionalismo de los agnósticos y la fe de los religiosos, para Resguardo personal bordó la espiral destructiva que se desataba a raíz de un divorcio provocado por la desidia de ambos cónyuges… La comedia Pirueta y voltereta supuso su retorno al teatro para niños antes de abordar en El hotelito un tema de permanente actualidad: la delicada convivencia en un Estado plurinacional como España, cuyas regiones estaban representadas por cinco primas muy distintas que decidían seguir habitando su palacete común pese a las interminables discusiones.
 
 

 
 
 
   Retrocedió al convulso siglo XIX gracias a Las arrecogías del beaterio de Santa María Egipciaca, que recreaba los últimos días de vida de Mariana Pineda, ejecutada de forma cruel por liderar una lucha feminista contra el absolutismo del rey Fernando VII. El juez le ofrecía clemencia si delataba a sus cómplices, pero ella se negaba, actitud que confirmaba su heroicidad. Temática femenina también acreditaba Entre mujeres, donde cinco amigas se reunían años después de haber salido de un internado y acababan resucitando viejos conflictos, algunos jamás comentados colectivamente hasta entonces. Dentro de su currículum, la única excepción a los textos contemporáneos es Don Juan Tenorio, el clásico de Zorrilla. En Deseada volvió a dar rienda suelta a las rivalidades, esta vez entre madre e hija, por un mismo hombre. La joven se vengaba de su progenitora enamorando a su segundo marido, que se suicidaba ante la tensión emocional que sufría. Y lo peor era que esa maniobra de consecuencias nefastas obedecía a un simple malentendido del pasado. Con Asesinato en la catedral viajó a la Inglaterra del siglo XII para presenciar el martirio de un arzobispo que se oponía a la primacía del poder monárquico sobre el eclesiástico, mientras que Lorca la trajo de vuelta a Andalucía con la trágica Bodas de sangre.
 
   A finales de 2012 intervino en el montaje Federico y Camarón: duende y poeta, que rescataba los temas en los que el gaditano cantó la palabra del granadino. El pasado julio prestó su voz al espectáculo Habana mía para acercar a los cordobeses hasta la capital cubana a través de los textos de varios escritores que residieron allí. Y lo mismo hizo al mes siguiente con Los estalianos y los gumerianos, un cuento acompañado de diapositivas cuyo objetivo era transmitir a los más pequeños la necesidad de proteger el medio ambiente. Por si eso de actuar le supiera a poco, ahora también canta y baila en Superhéroes, un musical juvenil con argumento y canciones inéditos. Cuenta la atípica historia que vive una pareja tras sufrir un accidente: el chico queda en coma durante nueve años, la novia conoce a otro, el hospitalizado despierta y ella debe convivir con los dos hombres bajo el mismo techo. Todo ello en presencia de dos enfermeras que, sin saberlo, contribuyen a la turbia trama de trasplantes que organizan unos doctores.
 
   Su trayectoria cinematográfica cuenta hasta ahora con dos cortometrajes. En 1996 debutó ante la cámara gracias a El perdedor, galardonado en diferentes certámenes andaluces. Y una década más tarde hizo de psicóloga para La tienda de abrazos, donde atendía a una niña artista tiranizada por sus padres que solo encontraba comprensión cuando asistía a su consulta.
 
 

 
 
   Bastante más se ha prodigado en la televisión, sobre todo en la andaluza Canal Sur. A ella llegó en el año 2000 de la mano de Plaza Alta, telenovela que retrataba el incesante enfrentamiento entre dos familias dedicadas al vino. Ese primer proyecto le permitió conocer a célebres nombres de la interpretación: Aníbal Soto, María Alfonsa Rosso, Máximo Valverde, Marisol Membrillo, José Luis García Pérez, Cuca Escribano… El éxito obtenido entonces se repitió al año siguiente en la primera temporada de Arrayán, en cuyo hotel encarnó durante algunos capítulos a Sofía Pérez Almodóvar, la aplicada responsable de personal. La audiencia presenció en 2008 su retorno a la longeva serie, que le tenía preparadas mil adversidades, como su ceguera temporal a causa de una enfermedad. “Los productores me sugirieron el aprendizaje y me dirigí a la ONCE para observar la rutina de las personas invidentes”, cuenta la actriz. Esa experiencia le resultó muy satisfactoria, así que se hizo voluntaria de la organización. Los guionistas la convirtieron luego en vértice de un complejo triángulo sentimental con dos compañeros de trabajo. Y es que llevaba hasta el altar al director del establecimiento hotelero tras un largo noviazgo con el cocinero, pero estaba tan enamorada de este que rompía el flamante matrimonio y volvía a sus brazos. Esa segunda oportunidad, sin embargo, salía bastante mal. Comprometida con la cultura y la sociedad, durante tres años condujo en la televisión de su ciudad espacios como La mirada violeta, protagonizado por mujeres y dirigido a todos los públicos.

   A mediados de 2012 dio el salto a la televisión de ámbito estatal con un papel episódico para Hospital Central. Puso cara entonces a Marisa, la esposa de un hombre que se lanzaba desde un tercer piso, caía sobre el coche de una doctora y sufría numerosas fracturas. Había sido piloto de las Fuerzas Armadas en su juventud y, aunque ya retirado, seguía obsesionado con volar. En el centro sanitario le detectaban cáncer terminal de páncreas, algo de lo que él era consciente, por lo que había querido surcar los aires antes de morir. Pero temía el enorme disgusto de su mujer si se enteraba de su suicidio fallido. Al final, ver tan de cerca la muerte le devolvía las ganas de vivir, y eso unía aún más al matrimonio.
 
 

 
 
 
   Ya en 2014 le esperaba en Telecinco El Príncipe, que desde el pasado febrero sienta cada semana frente al televisor a más de cinco millones de espectadores. Esa producción sobre el terrorismo islámico la ha hecho conocida entre la audiencia española como Marina, la propietaria del bar donde para diariamente el policía nacional más respetado de Ceuta, Fran Marcos (José Coronado). La relación que une a ambos supera lo amistoso, ya que a sus constantes confidencias se le suma una fuerte atracción física. Como saca lo mejor de él, acaba amándole profundamente, aunque haya un problema: está casado. Poco parece importarle esa situación a ella, que jamás le reprocha nada y se convierte en su mejor consejera. “Es un placer interpretar a una andaluza alejada de los tópicos y llena de valores auténticos. Marina podría ser de cualquier parte del mundo”, comenta.
 
 
HÉCTOR MARTÍN RODRIGO
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actriz?
− Lo tuve clarísimo cuando empecé a hacer teatro musical en la escuela con 10 años. Era una niña alegre, pero tímida, así que salir al escenario me ayudaba a expresar mi sensibilidad. La interpretación es lo que me apasiona, y todo es un placer si tienes una pasión.
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− Comentaba a las demás compañeras del grupo lo mucho que me gustaba actuar, ya sabía casi con total seguridad que quería estudiar Arte Dramático de mayor.
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− La verdad es que he tenido dos. Después de un largo paréntesis para cuidar a mis dos hijos cuando eran pequeños, la productora Linze TV me dio otra oportunidad al recuperar mi personaje en la exitosa y longeva serie andaluza Arrayán. Ya había encarnado a Sofía en 2000 y 2001, al inicio de las emisiones, y casi ocho años más tarde me puse de nuevo en su piel. ¡Sentí que me había tocado la lotería! Tras un segundo parón que también se prolongó bastante tiempo, la llegada de El Príncipe me ha demostrado que lo imposible solo tarda el tiempo necesario en llegar. Gracias a mi papel de Marina trabajo con José Coronado y todo el magnífico equipo de esa producción.
 
 

 
 
 
− ¿Cuál de los papeles que ha interpretado le ha dejado una huella especial? ¿Por qué motivo?
− Los que he tenido en Arrayán y El Príncipe, tanto por los motivos ya explicados como por la intensidad con que he vivido ambos personajes. Sofía me proporcionó el afecto y el reconocimiento de la audiencia andaluza, mientras que Marina ha hecho posible que el público a nivel nacional quiera conocer a Susana Córdoba. Estoy muy contenta y agradecida.
 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Durante tres años trabajé como periodista sin serlo y descubrí que la comunicación es otra de mis pasiones, por lo que me involucraría en cualquier proyecto capaz de ayudar a los demás a encontrar lo mejor de sí mismos.
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Más bien me he preguntado: “¿Debería buscar otra salida?”. Me he sentido perdida al escuchar las voces de un entorno que no siempre comprende los vaivenes de este oficio, pero mi intuición siempre me ha empujado a confiar en que este era mi camino. Pese al vértigo que provocan las dificultades, en todo momento sigo lo que me dice mi corazón.
 
− ¿En cuál de sus actuaciones pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− ¡En ninguno! Disfruto cada vez que trabajo, a pesar de los madrugones y de estar separada de mis hijos, algo que he llevado bastante mal durante muchos años. Afortunadamente, cambio el chip y me transformo en el personaje nada más llegar al plató. ¡Digo yo que eso es lo que tiene ser actriz! [Risas].
 
− ¿Le gusta volver a ver los títulos en los que ha participado?
− Soy muy autocrítica y al principio me veo rara. Creo que eso nos pasa a todos los actores. Una vez me hablaron de un síndrome que solo te hace fijarte en los defectos: es como si te descuartizaras y no pudieras ver el todo desde otra perspectiva. Luego vas confiando en ti poco a poco, valoras los aciertos y tomas nota de todos los aspectos susceptibles de mejora. Cuando consigo no verme a mí en ese rostro que sigue siendo mío es cuando siento que he logrado mi objetivo.
 
 

 
 
 
¿Cuál considera que es el principal problema del cine español? Se le ocurre alguna solución para paliarlo?
− Siempre he creído que el público reconoce instintivamente la buena calidad. Una historia tiene que estar bien pensada, bien escrita, bien interpretada y bien contada. Ha de ser un todo que toque la fibra, transgreda, conciencie y no le resulte indiferente al espectador. En este país hay muchísimo talento, pero atravesamos un momento delicado. Cada vez escasean más las subvenciones, fundamentales para producir títulos de calidad. Y también hace falta una adecuada promoción, un factor importantísimo para que se valore la calidad de cualquier proyecto y del que depende gran parte del éxito obtenido.
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− A cualquiera de los dos, me parece muy interesante el trabajo de ambos.
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió?
− Hay tantos que me han dejado al borde de la lágrima… ¡Soy muy llorona! Confieso que siento predilección por Meryl Streep.
 
¿Qué frase cinematográfica le gusta aplicar como leit motiv personal?

− “El mejor tipo de amor es aquel que despierta el alma y nos hace aspirar a más, el que enciende el corazón y nos trae paz a la mente. Eso es lo que tú me has dado y lo que yo esperaba darte siempre”. Pertenece a El diario de Noa y es aplicable a todas las relaciones humanas.

 
− ¿Qué cinta ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
− No podría decir cuál. Aunque he repetido varias películas, me sé con mayor precisión algunos párrafos de libros que forman parte de mi historia personal. Hay tantas historias bellas contadas en imágenes que me hago un puzle en el corazón con todas ellas.
 
− ¿Cuál fue el último largometraje que no fue capaz de ver hasta el final?
− Normalmente resisto porque de todo se saca algo bueno. Sin embargo, este verano no terminé The Master, me fui del cine de verano durante la proyección.
 
− ¿Tiene alguna anécdota divertida que haya vivido como espectador en un teatro o sala de cine?
− Siempre me pongo nerviosa cuando voy a ver a mis compañeros, es como si estuviera actuando yo. Una vez quise sorprender a la actriz Lola Manzanares por su cumpleaños y aproveché que ese día había una tertulia con el público tras la función. Al final de la rueda de preguntas me levanté en la última fila y pedí a los espectadores que cantaran conmigo para felicitarla. Ella reconoció mi voz rápidamente, pero no se imaginaba que pudiera estar allí. Casi me da algo cuando se llevó las manos a la cara por la emoción, solo me faltó saltar al pasillo desde el patio de butacas [Risas].
 
 

 
 
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchada?
− A El Príncipe, por razones obvias [Risas]. ¡Tenemos a media España enganchada! Estoy muy orgullosa del trabajo que hace todo el equipo, no cabe duda de que nos mueve una bonita energía.
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer este oficio?
− “Confía cuando todo parezca ir mal”. Me han aconsejado que, a pesar de los obstáculos, crea siempre en mí y luche por mis sueños. Soy consciente de que camino por un suelo de canicas, pero eso me permite conocerme, respetarme y quererme. Estoy preparada para dar lo mejor de mí.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Soy muy sensible y, además, he experimentado muchas cosas para poder transmitirlas con verdad. “La mejor escuela para el actor es vivir la calle, sentir la vida”, decía el director José Luis García Sánchez.
 
− ¿Y débil?
− También mi extrema sensibilidad. Es la otra cara de una misma moneda que he aprendido a valorar y aceptar para seguir aprendiendo.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− Estoy a la espera de iniciar el rodaje de la segunda temporada de El Príncipe, tengo muchas ganas de trabajar lo suficiente como para compartir mi labor con todos los que me quieren y respetan.
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− ¡Aparecer en la gran pantalla! [Risas]. Sería muy bonito ir al cine con mis hijos y ver mi trabajo en una buena película. Pero me conformo con ganarme la vida como actriz: siento pasión por este oficio, soy una currante, me gustaría realizar muchos proyectos… Eso sería un auténtico regalo que sumaría a otros preciosos logros personales que me ha ofrecido la vida.
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− Que no existe la enfermedad ni la muerte para un niño. Es algo que aún no soy capaz de aceptar.
 
− ¿Qué canción o canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
− ¡Qué difícil! Tengo tantas… La música y la poesía son el lenguaje del alma, y yo soy una romántica comprometida con mi alma [Risas].
 
− ¿En qué otra etapa de la historia le gustaría haber nacido?
− Creo que ya he paseado por todas las épocas a orillas del Mediterráneo… [Risas].
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué le gustaría que mejorásemos.
− El trato afectuoso y comprensivo con que siempre me han atendido los trabajadores de AISGE. Cada vez que he tenido un problema, he sentido el respaldo de unos compañeros que luchan diariamente por mejorar nuestros derechos y nuestro estatus profesional. Es un alivio encontrarse a buenas personas que disfrutan con su trabajo y aportan lo mejor de sí mismas, no concibo que estemos aquí para otra cosa. Muchas gracias por contar conmigo y compartir este ratito. Ha sido un placer.
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