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14-01-2014 Versión imprimir

 


Susi Sánchez
“Ojalá la gente acudiera al teatro como va a ver al Real Madrid”

Candidata al Goya como mejor actriz de reparto, esta veterana se acabó entendiendo con las cámaras después de décadas abriendo el telón. "Antes de echar a volar, debes haberte metido en todos los aprietos del mundo”, anota quien ha trabajado para Almodóvar o Zambrano
 


FRANCISCO PASTOR
Reportaje gráfico: Sergio Parra
A Susi Sánchez, la gala que podría concederle su primer Goya (por 10.000 noches en ninguna parte) se le cruzará con la gira de Tirano Banderas, el proyecto que lleva tiempo preparando y, a partir de finales de enero, la llevará por Latinoamérica durante tres meses. Valenciana y con 58 años a sus espaldas, recuerda que nunca pensó que fuera a lograr vivir del arte dramático. Actuar fue lo único a lo que su familia le dijo que no, pero, cuando finalmente fue admitida en la Resad, atendía todas las clases y apenas salía de las dependencias de la escuela.
 
   Para esta actriz, la interpretación y la vida son una misma cosa. Amabilísima en el trato, su única condición como conversadora es que las preguntas versen sobre su profesión. Presume de no ser famosa y de haber salvaguardado su intimidad; sin embargo, su filmografía es un recorrido a pequeña escala de la historia del cine español. Como un rostro familiar y al tiempo anónimo que encontramos, sin querer, en cada fotografía, Susi Sánchez siempre ha estado presente: paciente, tranquila y disfrutando de dar vida a los personajes que se cruzan en su camino.
 
 

 
 
 
- ¿Le cambiaría la vida tener un Goya?
- El Goya, para mí, tiene el significado del reconocimiento que conlleva un premio tan importante, y ojalá me abra puertas a otros proyectos donde seguir creciendo y desarrollándome como actriz. Pero el verdadero reto sigue siendo mantener el amor a mi profesión intacto en el día a día; mantener la llama de la ilusión con la que empecé hace treinta años y sumar la madurez que se adquiere en el recorrido. Me siento una corredora de fondo y en la verdadera carrera nunca hay metas, solo hay camino. 
 
- Y lo de ser ‘chica Almodóvar’, ¿impresiona tanto como parece?
- [Ríe a carcajadas] ¡Yo no soy chica Almodóvar! Señora Almodóvar, en todo caso, pero tampoco. He hecho dos colaboraciones con él y me gustaría que siguiéramos trabajando juntos, ya que en La piel que habito su trato conmigo fue de un respeto exquisito y me sentí parte del clan. Nunca pensé que alguien como él me fuera a llamar y, para colmo, sin pasar una prueba; me resultaba raro de un director que prueba hasta a los figurantes. Me dijeron que me preparara y me asusté, pero después todas las sorpresas fueron para bien. En Los amantes pasajeros, el año pasado, sentí el cariño de un amigo y además Pedro improvisó mis textos y nos reímos mucho. De la familia, sí; de chica Almodóvar, nada.
 
- Su trabajo en ‘10.000 noches en ninguna parte’ le ha valido la nominación a mejor actriz de reparto y ‘15 años y un día’ es la candidata española a los Óscar. Al año que empieza, ¿qué le pide?
- Sobre todo, que no me falte trabajo: ni a mí ni a mis compañeros. Que no pare el carro de la cultura, que parece que se está frenando. Ojalá todos sigamos trabajando y, sobre todo, trabajando en buenos proyectos.
 
- Dio el salto del teatro al audiovisual cuando rozaba ya los cuarenta. ¿Ve las cosas de manera muy diferente a la gente que sí ha crecido ante las cámaras?
- No sé cómo se sentirán quienes lleven en esto toda la vida. En el momento de actuar no hay demasiadas diferencias, aunque sí están cuando te posicionas ante tu trabajo. En el audiovisual no hay apenas ensayos, que es lo que más echo de menos. Me gusta la investigación y tener tiempo para preparar el personaje. Con la cámara sucede todo muy rápido, a veces no sabes ni con quién tienes que trabajar hasta que llegas al plató, y yo echo en falta ese vínculo de pareja, de hijo o de lo que sea. En 15 años y un día tuve la suerte de que Gracia Querejeta sí programó ensayos y nos vino muy bien: esa es, para mí, la diferencia. En televisión también vamos a toda prisa y por eso no la disfruto tanto, aunque yo siempre celebro que suene el teléfono.
 
 

 
 
 
- Habitual de los pequeños papeles como es, ¿son más importantes de lo que pueden parecer en un principio?
- Para mí no hay diferencia, creo que todo depende de cómo lo enfoque el actor. Stanislavski decía que no hay pequeños papeles, sino pequeños actores. Siempre que el guion me ha gustado y estaba bien escrito, he encontrado material con el que trabajar, más allá de cuánto ocupe mi papel. Si el personaje es bueno, por muy pequeño que sea, puede convertirse en grande.
 
- ¿Ha actuado de manera distinta cuando le ha tocado ser protagonista?
- En 10.000 noches en ninguna parte he contado con un personaje relevante en la trama al que, de hecho, siento como uno de los mejores trabajos que he realizado. Puede que sea lo más serio que he hecho en mi vida. Si me sentía protagonista no era tanto por el personaje, sino porque el equipo era pequeño, había poco presupuesto y creamos un vínculo muy grande. Había intimidad y confianza, que es la mejor manera de trabajar, y eso se pierde en el barullo de las grandes producciones. Con Ramón Salazar, su director, he estado muy a gusto: me ha dado confianza y libertad.
 
- También suelen llamarla para hacer de madre. ¿Le gusta o va siendo hora de dar algún toque de atención por ahí?
- ¡De madre y de abuela! Y me gusta, sin ningún problema, porque es lo que me toca. No he tenido hijos y en la ficción me están saliendo por todas partes, y es una relación con los otros que estoy disfrutando.
 
- Sus compañeros la describen como alguien que antepone el trabajo a la alfombra roja. ¿Cuesta mucho ser un buen actor y un actor famoso al mismo tiempo?
- Yo no soy famosa, aunque no sé en qué lugar estoy porque no me veo con perspectiva. La mayor parte de mi vida se desarrolló sobre las tablas y la gente va muy poco al teatro: conozco muchas personas que no han asistido nunca a una representación. Y a mí me gusta crear cosas y crearlas como actriz: me despistan las curiosidades personales y firmar autógrafos es algo a lo que no le veo sentido. Me esfuerzo y me entrego porque disfruto, porque es mi manera de entender las cosas. La interpretación es parte de mis inquietudes vitales y es eso por lo que lucho, por mantener una verdad en el trabajo igual que en la vida. Esto es un arte, no un oficio. 
 
- Si pudiera cambiar alguna cosa de este gremio, ¿cuál sería?
- Es algo en lo que he pensado muchas veces. Me gustaría que hubiera menos frivolidad. Que nos formásemos mejor, que nadie sienta su talento desde la cuna; que todos entendamos que esto hay que irlo forjando como lo haría un atleta. La riqueza en la interpretación se gana muy poco a poco. El trabajo del actor es duro y difícil, pero a veces siento que hay falta de compromiso y, también, de profundidad.
 
 

 
 
 
- Aprovechando su paso por ‘La voz dormida’, ¿hace falta más o menos cine sobre la guerra civil?
- Todavía quedan muchas historias por contar acerca de la guerra. Hay cicatrices que no están cerradas y esa herida dividió y sigue dividiendo. También hace falta más teatro político y no tanta comedia; creo que para eso existen otros soportes. Deberíamos tener más presentes a autores como Bertolt Brecht, porque el escenario está para hablar de política.
 
- Su papel de maestra republicana en ‘La señora’ le llevó a liderar, de lejos, las audiencias de los lunes. ¿Qué se lleva de aquella experiencia?
- Aquel personaje era precioso y, aunque hablé de él con los directores, esta fue una de las veces en las que eché de menos ensayarlo. Íbamos tan deprisa que no terminé de disfrutar y de relajarme del todo, pero así es la televisión. De allí me llevo el recuerdo de un papel maravilloso y de un rodaje en el que disfruté y aprendí mucho. Y aunque algún día en el mercado me pararon para charlar sobre La señora, siento que salí de allí con mi intimidad intacta. Y eso para mí es muy importante.
 
- Después de trabajar con Aranda, Zambrano y Almodóvar, ¿se atrevería a definir el cine español?
- No me atrevería porque, además, estos tres directores son muy diferentes y de generaciones distintas. Aranda es un clásico y el pionero de un cine más atrevido. Zambrano es un hombre inquieto, que investiga todo el tiempo. Tiene curiosidad y me gusta mucho. Almodóvar es un punto y aparte. Después de haber trabajado con él, entiendo su talento incluso mejor que antes.
 
- Como docente en Criatura del Arte, ¿qué idea se asegura de transmitir a sus alumnos?
- Aunque no sea exactamente una profesora, sí me gustaría que los estudiantes se quedaran con algunas de mis reflexiones. Veo que hay ganas de actuar, salir adelante y proponer textos y escenas, pero siempre hay quien trabaja con reservas, como si no estuviera dispuesto a todo. Yo intento transmitir lo contrario: que es la entrega lo que te hace crecer como actor. Si quieres aprender bien, necesitas mucha humildad, vencer todas las resistencias a este respecto. Antes de echar a volar, tienes que haberte metido en todos los aprietos del mundo.
 
- Y usted, ¿qué sabe ahora que no sabía cuando terminó sus estudios de arte dramático?
- Cuando estudié en la Resad los programas no estaban tan orientados como ahora. Conseguí mi título allí y empecé a trabajar, pero no sabía cómo crecer más ni a dónde ir. Probé con Juan Carlos Corazza, donde creo que se abrió una ventana. Estaba a gusto conmigo misma y desarrollé una química muy concreta, pero difícil de agarrar. Aquella fuerza siguió cuajando hasta que, un día, me vi trabajando con Krystian Lupa, que es para mí un maestro. Él me ha enseñado a no ir con el piloto automático puesto, que es algo en lo que caen incluso los grandes intérpretes. Me dio seguridad y libertad, y en esa búsqueda sigo hoy: en no mecanizar el trabajo. El teatro está vivo y el actor debe saber desde dónde empezar, pero no dónde va a acabar cada día. Él, como Daniel Veronese, me dieron la varita mágica con la que improvisar y sentirme libre. Eso es lo que he aprendido: la libertad.
 
 

 
 
Tres cuartas paredes
 
Un sueño individual. Seguir creciendo como artista
Y otro colectivo. Ojalá la gente acudiera al teatro como va a ver al Real Madrid
 
Una ocasión en la que acertó. Al escoger esta profesión
Y otra en la que metió la pata. Demasiadas
 
Un motivo para sentirse afortunada. El trabajo en equipo
Y otro por el que sentirse insatisfecha. Que una propuesta ilusionante resulte vacía
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