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18-07-2013 Versión imprimir

 

 
Tamara Rojo

“Hacer carrera de bailarina en España 
 sigue siendo imposible”
 Reflexiones desde Londres sobre sus retos al frente del English National Ballet y los personajes que la marcaron

 
PABLO CARBALLO
Tamara Rojo (Montreal, 1974), la bailarina española de mayor fama internacional, nos habla con la emoción previa a un estreno muy especial; tanto por el escenario, nada menos que el Royal Albert Hall, como por la pieza, El lago de los cisnes, acaso la más célebre del género. “Es la versión con más cisnes del mundo, una maravilla”, anuncia con orgullo. Rojo es la flamante directora artística del English National Ballet, el cargo que culmina su extraordinaria trayectoria como bailarina en el Reino Unido. Ha alcanzado la cumbre. Y la agenda es intensa: el siguiente montaje es un homenaje a Rudolf Nureyev. Palabras mayores. Y después, una gira que probablemente la traerá a España en primavera. “Soy muy afortunada”, se relame.
 
– ¿Su nuevo cargo implica aparcar el baile?
– Sigo bailando bastante. Lo que no hago ahora son apariciones internacionales. Antes tenía muchas galas por todo el mundo, y eso lo he cortado. Pero bailar, todavía bailo. Y mucho.

– ¿Qué limitación impone la edad en el ballet? ¿Es comparable al deporte de élite?
– Hasta cierto punto. No tanto, porque es un arte y, además, hay una técnica que te permite que puedas bailar sin machacar el cuerpo, por decirlo así. Igual que los tenistas tienen que usar más fuerza y otros tienen más técnica… Depende mucho de tu cuerpo, de tu condición física, las lesiones que hayas tenido. Pero si te cuidas y cuentas con un buen maestro y unas buenas clases, un buen preparador físico y todo eso, puedes durar hasta mediada la cuarentena. Sylvie Guillem tiene 48 y sigue increíble.

– ¿Qué impronta quiere dejar como directora artística?
– Lo primero, buscaré la excelencia. Y también la innovación.

– ¿Hubo un momento particular en su vida en el que se dijera: “Yo quiero dedicar mi vida al ballet”?
– Sí. Eso me ocurrió de muy pequeñita, con cinco años. Entré en una clase de ballet y fue la atmósfera de la clase, la música del piano... Esa fue mi inspiración, lo que me llevó a querer dedicarme a eso. También me inspiraron grandes bailarines como Sylvie Guillem o Lynn Seymour, que me han impulsado a ser un tipo de bailarina o interpretar de una manera. Pero eso sería más adelante.
 
 

 
 
 
– Es su segunda etapa en el English National Ballet. ¿Han cambiado mucho las cosas?
– El ballet ha cambiado mucho, para mejor, pero también ha variado la situación económica. Cuando yo llegué, Inglaterra era un país económicamente muy poderoso, había un Gobierno laborista que ponía mucho dinero en la cultura y las artes. Ahora la situación está más difícil. Hay recortes para todos y las artes suelen sufrir mucho cuando esto sucede.

– Viene de una etapa muy larga en el Royal Ballet.
– Sí, es la compañía donde he estado más tiempo, doce años. Ahí fue donde florecí y llegué a mi cumbre artística. Tuve grandes alianzas con Carlos Acosta o con Jonathan Cope, preparé todo el repertorio del Royal Ballet y de Kenneth McMillan... Fue una etapa muy bonita.

– De tantos papeles interpretados, ¿alguno le ha dejado un poso especial?
– Carmen, de Mats Ek, siempre fue muy especial para mí. Y también Manon, de Kenneth McMillan. Siempre me ha gustado interpretar mujeres fuertes y las dos lo son. También lo era Mary Vetsera y hasta cierto punto también lo es Julieta. Ese tipo de personajes son los que más he disfrutado.

– También ha recorrido los mejores escenarios del mundo. ¿Cuál impresiona más?
– Me gusta mucho bailar en Cuba, pero por el público. Los escenarios en sí mismos no significan nada; incluso aquellos por los que han pasado grandes bailarines. Me interesa más la relación con el público, y el cubano es un gran público. También el español. Y el inglés, muy conocedor de la materia…

– ¿Cuál es el más entendido?
– Depende. El público cubano sabe mucho de estilo cubano y de repertorio clásico. El japonés tiene acceso a muchos estilos; llevan a muchas compañías de todo el mundo, y dispone de más información, tanto de clásica como de contemporánea.
 
 

 
 
 
– Desde su perspectiva en el exterior, ¿cómo se ve el ballet en España?
– La situación del ballet en España ha sido siempre muy pobre, sobre todo a lo largo de los últimos 25 años. No ha habido una inversión clara en el ballet clásico, no ha habido transparencia ni democracia en la elección de cargos… Creo que ahora nos encontramos ante una nueva etapa y espero que José Carlos Martínez [director artístico de la Compañía Nacional de Danza] disponga del apoyo que necesita para que todo eso pueda cambiar.

– Para alguien que empieza ahora, ¿es más fácil o más difícil que cuando usted comenzó?  
– Es igual. Yo me tuve que ir y las generaciones actuales también se tienen que ir.

– ¿No es posible hacer una carrera con los recursos necesarios sin salir de España?
– ¡Por supuesto que no! No disponemos de una compañía de danza clásica. No existe. Resulta imposible hacer una carrera en España como bailarina. Lo era hace 20 años y lo sigue siendo ahora.

– ¿Ve algún indicio de cambio al respecto?
– No creo, porque con la crisis… Me sorprendería gratamente que el Gobierno español decidiera invertir en el desarrollo de las artes y, sobre todo, como he dicho, en una política de transparencia respecto a la elección de cargos en compañías de danza, de teatro, museos… Pero no creo que en este momento vayan a tomar ese riesgo.
 
 

 
 
 
– ¿Qué consejo daría a alguien joven que quiera seguir sus pasos?
– Que estudie mucho, que trabaje duro. Que encuentre buenos maestros, sobre todo, porque en España sí los hay. Y luego, cuando haya cumplido los 18 años, que se prepare para hacer audiciones por todo el mundo.

– ¿Qué diría a alguien ajeno al ballet para que se acerque al género?
– Que vaya a ver cosas parecidas a las que le gustan en otras artes. Si te gusta el arte contemporáneo, acude a ver danza contemporánea. Si te atraen los clásicos, Velázquez o Goya, acércate a un ballet clásico. Y si te gusta un poco de todo, ve a ver un programa mixto...

– En una frase, ¿qué es para usted el ballet?
– Es la expresión de las emociones humanas en movimiento.
 
 

 
 
 
una trayectoria laureada
Los premios y la meritocracia

Tamara Rojo aprecia los reconocimientos concedidos desde España. “He recibido premios muy importantes, como el Príncipe de Asturias y la Medalla de Isabel la Católica. Son galardones extraordinarios”, reconoce. A la colección acaba de sumar el Premio al Fomento de las Relaciones Hispano-Británicas.

– Gran Bretaña debe de significar mucho para usted.
– Es el país que me lo ha dado todo, todas mis oportunidades profesionales, desde que no era nadie hasta nombrarme directora artística de su compañía nacional. No conozco muchos sitios donde eso pueda ocurrir. Refleja una mentalidad justa respecto a las artes y a cómo se deben nombrar los cargos, mediante un proceso transparente y democrático al que cualquiera puede optar.

– Y Londres ya es su casa, claro.
– Es la ciudad que mejor conozco. Me inspira muchísimo. Aquí puedes ver el mejor arte del mundo: exposiciones impresionantes gratuitas, grandes músicos, el mejor teatro, danza de todos los estilos...

– Respecto a los premios, hay quien considera extraño que no haya recibido el Nacional de Danza. ¿Usted lo echa de menos?
– No. Los premios se agradecen cuando se reciben, pero no es algo que uno esté esperando.
 
 
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