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13-10-2016 Versión imprimir

 
 
 
#VetustaSahara



Día 1: Recogiendo
el sedal


JUANMA LATORRE (Texto y fotos)
Guitarrista y compositor de Vetusta Morla
 
 
“Parece que os ha captado una secta”. Esta frase la escuchamos a menudo cuando regresamos de nuestro primer viaje a los campamentos de refugiados saharauis en 2002 y relatábamos nuestra experiencia. Supongo que lo parece porque todos los que hemos tenido la fortuna de vivir este safari emocional y humano tan intenso, quedamos hechizados y atrapados por el recuerdo que permanece después de la aventura. Para nosotros es el momento de contrastar esa memoria guardada durante casi 15 años con la realidad, invitados a participar en el concierto de clausura del Festival Internacional de Cine del Sáhara (FiSahara).
 
   En las pocas horas que llevamos aquí, ya hemos podido constatar que algunas cosas han cambiado y otras, no tanto. Han brotado postes de la luz de la arena, han abierto un restaurante y una tienda de telefonía móvil y hay wifi en las jaimas. Algunas casas de adobe han echado cimientos o incluso aparecen con adornos y puertas pintadas y piedra trabajada. Una especie de aceptación tácita de que la situación de desplazamiento ha virado un poco en la escala que va de lo transitorio a lo permanente; pequeñas derrotas, sacrificios en nombre de la comodidad y el sentido común, pero que alertan de un posible estancamiento de la lucha de los saharauis por recuperar su tierra y su dignidad como pueblo.

 
 
 
   Entre las cosas que no han cambiado destaca en primera fila la hospitalidad desaforada con la que se topa el que llega a los campamentos de refugiados, situados técnicamente en territorio argelino, pero que perfectamente podrían pertenecer a la República Vacía del Limbo. En honor a la verdad, eso es lo que engancha del Sáhara, el modo en que reciben a unos maltrechos viajeros desconocidos que aparecen de madrugada en sus hogares, a los que alimentan con el sustento que no tienen para sí, les dan cobijo y les hacen sentir confortables en uno de los entornos más inhóspitos del planeta: este desierto pedregoso llamado hamada.
 
 

 
 
 
   Más allá de las simpatías políticas hacia un socialismo marca de la casa, ya un poco deshilachado por las circunstancias; más allá de la empatía que cualquiera que examine los hechos pueda tener con la causa de este pueblo, víctima del más flagrante incumplimiento del ordenamiento jurídico internacional en nombre de intereses económicos y geoestratégicos; más allá del coraje que da que ninguna instancia “civilizada” ofrezca solución a los desplazamientos forzosos que provocan sufrimiento y vulneración de los derechos humanos durante décadas; más allá de todo eso, es la hospitalidad militante de los saharauis lo que te hace parecer salido de una secta cuando vuelves, lo que hace que claves una piqueta en mitad del desierto con un fino hilo que se desmadeja y siempre va contigo y te mantiene conectado a ese punto de La Tierra. Nosotros, casi 15 años después de clavar esa piqueta en el duro suelo de la hamada, recogemos el sedal para ver dónde nos lleva.
13-10-2016 Versión imprimir
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