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26-06-2013 Versión imprimir

 
 
Los sueños templados
de Víctor Palmero


“Si las puertas no se abren, ya iré yo tocando timbres”, avisa el benjamín de ‘Con el culo al aire’, que de niño anhelaba conocer a los actores de ‘Compañeros’

 
 
FRANCISCO PASTOR
Más temeroso del presente que del futuro, pero haciendo camino poco a poco. Ese es Víctor Palmero (Castellón, 1989), el benjamín del reparto que los miércoles por la noche se queda Con el culo al aire. Según cuenta, allí está aprendiendo que la comedia es más difícil de lo que parece, porque “no es lo mismo ser bromista entre amigos que hacer reír interpretando un texto”. Quizá por ello le ayude a soltarse el buen ambiente que, asegura, encuentra tanto delante como detrás de las cámaras. El humorista Julián López, la consagrada Toni Acosta o la ganadora de un Goya María León son algunos de los compañeros con los que más se divierte, al igual que está impaciente por darle la réplica, en la siguiente temporada, a la impredecible Llum Barrera. Por ellas y los demás protagonistas de la serie, pero también gracias a una propuesta nueva en un mercado saturado por la reiteración, esta ficción de los miércoles por la noche permanece viva donde otras van cayendo.
 
   “Lo que estoy haciendo ahora es lo que siempre había querido, y eso me hace sentirme muy afortunado”. Víctor llegó hasta aquí diez años después de mancharse las manos, por primera vez, en el mundo del cine. Por el camino quedan obras de teatro, cortometrajes y pequeños trabajos que, intuye, seguirán muy presentes en su trayectoria. “Si una idea me apasiona, lo que menos me importa es el presupuesto”, argumenta. Por eso ha protagonizado recientemente la breve y humildísima película de un director novel: Claudia a través del cristal, de Raúl Lorite. Aunque le hubiera gustado participar en más proyectos, esta ha sido la única colaboración que ha realizado en los tres meses de descanso que le permite la serie.
 
   Contar con un papel en una de las producciones más relevantes del momento no le aparta del triste hiato que sufre la industria cultural. Con todo, las preocupaciones de Víctor, desde la inocencia y sus todavía 23 años, van por otro camino: “procuro vivir el presente y disfrutar de mi trabajo. Lo que tenga que venir, vendrá”. No en vano, las motivaciones que le llevaron a estudiar interpretación, aunque ambiciosas, son más platónicas que aquellas a las que estamos acostumbrados. Entre ellas está la magia de provocar emociones en las personas a través de la cuarta pared, como considera un privilegio la posibilidad que le ofrece la ficción de vivir varias vidas al mismo tiempo. Así, más allá de la notoriedad que su vocación pueda concederle aquí y ahora, confía en ser, de alguna manera, inmortal. “Los actores, al igual que los escritores o los músicos, dejan parte de su trabajo al mundo cuando ya no están…”.
 

 
 
   Por supuesto, Víctor también reconoce alguna que otra fantasía terrenal, aunque haya relatos de la fama que todavía le produzcan respeto. Si algún día recogiera un Goya, dice, no sería capaz de pronunciar un discurso solemne como el de tantos de los compañeros a los que admira. “Lo primero que tendría en mente sería a las personas que siempre han estado a mi lado, mi familia y mis amigos”, advierte. De momento, tiene bastante con haber cerrado un círculo; cuando era pequeño soñaba con conocer personalmente al reparto de la serie Compañeros y, recientemente, vivió de primera mano los últimos coletazos de la que sería su relevo natural: “Física o química para mí fue un regalo”.
 
 
La música del personaje
Mientras acumula experiencias, procura no dejar de lado sus rituales más personales. Palmero cuenta con su propio método Stanislavski y, de camino a las pruebas o a los ensayos, escucha en sus auriculares la misma música que, cree, gustaría a su personaje. Su madre, de manera algo más tradicional, insiste en encender una vela cada vez que él pelea por un papel. Y cuando llega el miércoles por la noche, Víctor se aposta frente al televisor para ver por segunda vez el capítulo de Con el culo al aire, puesto que antes ya lo ha descargado desde plataformas digitales. “Me gusta observar el trabajo solo; así después puedo disfrutarlo con amigos o comentarlo en directo con la gente de Twitter, que lo agradece mucho”, revela.
 
   Acompañado por un realismo que en algún momento devino del optimismo, el actor es consciente de que ha llegado lejos y de que quizás no siempre le acompañe la misma suerte. Pero lo tiene muy claro. “Si las puertas no se abren, ya iré yo tocando timbres”, advierte. Más de uno habrá de afinar el oído.
26-06-2013 Versión imprimir
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