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10-07-2013 Versión imprimir

 
 
Una tarde con los ganadores del Notodofilmfest


Violeta Orgaz y Román Reyes reflexionan sobre las oportunidades a los 26 años y la crisis como revulsivo
 
 
FRANCISCO PASTOR
Reportaje fotográfico: Ángela Romero 
No resulta difícil intuir el carácter autobiográfico que subyace tanto en Kisses, protagonizada por Violeta Orgaz, como en A rastras, donde Román Reyes se dirige a sí mismo. Sin dejar de poner el acento en la incertidumbre que caracteriza a su oficio, ambos degustan las mieles de la reciente victoria: acaban de ser elegidos mejores intérpretes en la undécima edición del Notodofilmfest, el cada vez más popular certamen de cine breve. Román nació en Madrid hace 26 años y, cuenta, siempre será actor. Se dedique a lo que se dedique. Una filosofía parecida intenta enarbolar Violeta, también madrileña y nacida solo unos meses después que él. Mañana le podrá ocurrir cualquier cosa; lo importante es que acabará “coloreando a los personajes que interprete” con cada una de esas vivencias, reflexiona.
 
   Violeta y Román, compañeros y coetáneos, no se conocían hasta hace muy poco: coincidieron por primera vez al recoger los galardones del Notodofilmfest. Ambos se reconocen con suerte: el reconocimiento les llega en el momento en que este festival genera un mayor despliegue de medios. Con el recuerdo fresco de aquella entrega de premios, y sentados de nuevo a la misma mesa –esta vez en la del Gaspar, en la madrileña Calle de La Palma–, intercambian opiniones sobre los pasos que, a su juicio, debería seguir su gremio, profundamente herido por la crisis.  
 
– ¿Qué ha significado para ustedes ganar este festival?
– [Violeta] Más que ganar, para mí ha merecido la pena llegar hasta ahí, recibir de golpe toda esa atención. Me di cuenta de que estaba viviendo esa experiencia y de que era parte de mi trabajo.
– [Román] Fue un empujón y una sorpresa. El corto era mío y lo colé casi por azar. Para mí el premio trata, sobre todo, de los años que le he echado a esto. Aunque sea una lectura muy personal, lo siento como el reconocimiento a todos mis trabajos anteriores.
 
– El personaje de Violeta también se llama Violeta...
– Cuando presentamos el cortometraje decidimos etiquetarlo como un documental, porque así es como nos lo tomamos al realizarlo. Es cierto que contamos con una dirección y buscábamos la creatividad, pero simplemente nos fuimos a la naturaleza y dejamos que los discursos nacieran solos, de nuestra experiencia.
 
 

 
 
 
– Román, ¿cómo se queda uno después de proyectar ‘A rastras’ delante de las mismas personas a las que critica el cortometraje?
– La idea se puede llevar a cualquier otro mundo; si presta atención, verá que va más enfocado al mundo de la publicidad, que es lo que nos da de comer a los actores. En estos momentos todos nos quejamos de algo y mi manera de quejarme, como autor, es esta: con una obra creativa.
 
– ¿Existe el techo de cristal en el mundo de la interpretación?
– [Román] Para abrir tu primera puerta necesitas que alguien apueste por ti. Esa es la más complicada, porque todavía dependes de los demás. Después, puedes ir arriba o abajo. Creo en la cabezonería, en que la suerte se trabaja. Yo mismo soy muy pesado.
– [Violeta] La suerte es fundamental, pero yo me tomo este arte como algo que hay que cultivar, trabajar y vivir. Claro que queremos llegar a la gente, pero jamás debemos olvidarnos de la esencia de la interpretación, de la cocina en la que se prepara este arte. Lo que venga después es otra cosa.
 
– Hace poco tiempo Violeta regresó al ‘Microteatro por dinero’. ¿Qué es lo que más le gusta de esta experiencia?
– El micro es muy divertido. Es como volver a casa. Resulta muy amable, muy cercano y, además, ayuda mucho a la hora de innovar. Te anima a imaginar formas nuevas por las que hay que apostar.  
 
– Román, el lugar elegido por su grupo de teatro para estrenar ‘Muerte de un viajante’ fue Medina de Rioseco. ¿Qué espectador es mejor, el ratón de campo o el de ciudad?
– El público de la ciudad es mucho más recto. Fuera de Madrid la gente está mucho más animada a comentar la obra, allí mismo, mientras ocurre. El hecho de que alguien intente participar así de la representación te saca un poco del papel, es cierto, pero también te das cuenta de cómo se van entusiasmando poco a poco según avanza la trama y eso se agradece. En Medina de Rioseco se portaron muy bien con nosotros y su teatro es una pasada.
 
– ¿Cuándo fue la primera vez que pensaron: “vaya, esto no me lo habían dicho en la escuela de interpretación”?
– [Violeta] Recuerdo la sensación de salir de mi entorno –familia, amigos y profesores– y verme sin indicaciones, sola ante el peligro. Bueno, eso es algo que aún hoy me sigue impresionando... No les echo de menos solo a la hora de preparar un papel, sino, sobre todo, a la hora de tomar decisiones: qué proyectos elegir, qué creo que me va a aportar más.
 
– Un sueño que hayan cumplido y otro que tengan pendiente.
– [Violeta] Yo me llevo un gran recuerdo de mi estancia en el Fringe, en Edimburgo. Me gustó mucho darme cuenta de que me sentía cómoda trabajando en inglés, en el mundo anglosajón, que podía hacerlo. Allí había gente de todas partes del mundo y compartir festival con ellos fue muy revelador. En este sentido, tengo pendiente ir a Nueva York.
– [Román] A Nueva York, sin duda, me iría con ella... Cuando hablas o colaboras con algún profesor o algún actor del otro lado del charco te das cuenta de la energía con la que lo hacen todo. Los actores se sacan las castañas del fuego escribiendo, dirigiendo y produciendo sus propios papeles. Allí nadie le diría a Ben Affleck que es un disperso. Por ello, uno de mis sueños cumplidos es precisamente haber ganado el Notodofilmfest con un cortometraje que escribí y dirigí por mi cuenta y riesgo.
 
– ¿Tanto le gusta trabajar solo?
– Al principio crea cierta inseguridad. A mí me costó mucho creérmelo, confiar en mí mismo y librarme de mis propios prejuicios. Aquí se lleva mucho la especialización: si intentas tocar demasiados palos, puede que te quedes fuera, que no se te tome demasiado en serio. La parte buena es la libertad con la que eliges y construyes tu personaje. Eso es un auténtico regalo.
 
– Violeta, en su repertorio cuenta con Chéjov, Ibsen y Strindberg. ¿Qué tienen de malo los finales felices?
– ¡Lo único que tienen de malo es que se acaban! [risas]. Ahora en serio, creo que todos necesitamos finales felices, aunque se aprende más de los otros. Preparándome el papel de Nora, me impresionó saber que hubo países en que no se podía representar Casa de muñecas por aquel final tan impactante, cuya fuerza consistía en su alegato feminista.
 
 

 
 
 
-¿En qué medida creen que, debido a esta crisis, la profesión del actor se diferenciará de aquella que imaginaban?
– [Violeta] Todo está cambiando ya: cada vez hay más inquietud. Los momentos catárquicos, aunque duelan, existen para que aprendamos algo de ellos, y hoy están por todas partes. Se nos están retirando las ayudas y los teatros están cerrando delante de nuestros ojos. Creo que, cada vez más, vemos esto como una oportunidad, aunque sea solo por contar la historia de lo que estamos viviendo. Al tiempo, sé que saldremos de esta con nuevas maneras de hacer cine y teatro bajo el brazo. Quiero creer que nos lanzaremos a los mensajes más universales y abiertos.
– [Román] Hoy nos planteamos cosas por primera vez: si a mí me estuvieran reclamando siempre para este o aquel trabajo, probablemente nunca me hubiera lanzado a hacer mis propios cortometrajes. La situación me ha hecho sobreponerme y crecer mucho como persona. Que haya un montón de cabezas pensando ahora mismo en cómo sacarnos de esto, aunque suene raro, me parece bonito. Existe una demanda de formas nuevas que ha crecido a la sombra de la crisis, y eso es algo que nos llevamos los actores, los creadores y, sobre todo, los espectadores.
 
– Violeta, en su doble condición de actriz y socióloga, ¿cuál de estas dos disciplinas cree que nos va a sacar antes de esta crisis?
–Yo había vivido mis dos carreras en paralelo, como si no tuvieran que ver la una con la otra, y me he dado cuenta de que están muy unidas. Y no me refiero solo al teatro social. Al final, uno va al teatro para que alguien le hable de lo que está ocurriendo fuera, para vivirlo más o entenderlo mejor. He aprendido muchas cosas sobre las relaciones entre personas que, con perspectiva, sé que me van a ayudar a contar historias.
– [Román] Cuando empecé a estudiar para ser actor, sentía que me metía en una carrera que empezaba y terminaba en la interpretación. Ahora sé que todo nutre a mi trabajo y que los papeles que he realizado me ayudarán siempre en la vida.
 
– Román, ¿qué temas le acompañan a la hora de escribir una obra?
– Yo soy un obsesionado del amor. En la escala de valores, creo que es el amor lo que hace que el mundo gire. Incluso lo que caracteriza a una persona dañada es la falta de él. Para mí es lo más importante, y me gusta mucho tocarlo mucho más allá del amor de pareja: hay amores olvidados, como el amor a uno mismo. Sé que esta es una idea sobre la que escribe reiteradamente Roberto Pérez Toledo, con el que me encantaría trabajar.
 
– ¿Qué sienten hacia el cine y la industria cultural española?
– [Violeta] Espero que nuestra industria siga el camino del Notodofilmfest, que me parece una plataforma brutal: gente que tiene ganas de trabajar, cosas que contar y no siempre ha dispuesto de todas las oportunidades. Allí, independientemente de lo que ocurra después, cualquiera puede mostrar su trabajo. Hay muchísimo talento por aprovechar en un país donde solo contados directores llegan a las grandes producciones.
– [Román] Con diferencia, el lugar donde se encuentran las mayores dificultades es en la distribución. Nosotros hemos tenido la suerte de llegar a un Notodofilmfest bastante crecido, en el que se ha hecho toda una gala, se han proyectado nuestros cortometrajes y se nos ha dado a conocer. Eso, en contraste con el opaco mundo de la distribución tradicional, lo hace aún más valiente.
 
 
 

 
 
 
Cinco preguntas para Violeta
 
Un largometraje. Un tranvía llamado deseo
Un texto dramático. La gaviota, de Chéjov
Alguien con quien le gustaría trabajar. François Truffaut
Un personaje del otro sexo al que le gustaría interpretar. Don Draper, de Mad Men o Travis, de Taxi Driver
Un papel que nunca haría. Ninguno
 
 

 
 
 
Cinco preguntas para Román
 
Un largometraje. Shame
Un texto dramático. Muerte de un viajante, de Miller
Alguien con quien le gustaría trabajar. Roberto Pérez Toledo
Un personaje del otro sexo al que le gustaría interpretar. Margaret Thatcher
Un papel que nunca haría. Ninguno
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