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27-11-2013 Versión imprimir

 
 
William Miller


“Hay que saber reírse, como saber machacarse”
Ya no es solo "ese guiri guapo" o el Mike de 'Cuéntame'. En sus 25 años en España, este inglés galán y polifacético se ha labrado un currículo como actor de personaje



JAVIER OLIVARES
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Si cuando eres pequeño tu madre toma el té de las cinco con Maggie, la mujer del Monty Phyton Terry Gilliam, lo normal es que te guste la comedia: lo has mamado. Si eres nativo de Windsor, donde el castillo más célebre del mundo, lógico que la gente te asocie a la lengua inglesa. Y si eres tan guapo que el personal se vuelve por la calle, lo fácil es que tu expediente tienda a archivarse en la G de galán. Pero William Miller, que acude a nuestra cita con pelos de espadachín –rueda Alatriste en Budapest, a las órdenes de Enrique Urbizu– y unas gafas redondas a lo Johnny Depp, ha conseguido a sus 34 años espantar sambenitos a base de trabajo. Ni tiene acento inglés (la serie Cuéntame estigmatizó su pronunciación), ni es tan atractivo como parece en la tele: gana en persona, señoras (y señores).
 
– ¿Qué le trajo a España?
– No fue decisión mía, yo tenía ocho o nueve años. Mi padre trabajaba en una compañía de Estados Unidos que decidió abrir delegación en Barcelona.
 
– Pudo dedicarse, por ejemplo, a la hostelería.
– O a cualquier otra cosa, porque mi madre ha hecho de todo: maquillaje, propiedades, domadora de caballos… y desde hace unos años tiene un restaurante en la Costa Dorada, en efecto. Espero que se retire pronto.
 
– ¿Se ha planteado qué habría sido de su vida si se hubiera quedado en Windsor o en Estados Unidos?
– No lo sé. En la vida elegimos ciertas cosas, otras nos las ponen en el camino. La muerte de mi padre fue un golpe duro. Quizá él hubiera insistido en que me dedicara a los negocios: los padres quieren que los hijos sigan sus pasos. Siempre me han apoyado en casa. Ahora, también mi padrastro.
 
 

 
 
– ¿Qué estudió?
– Historia, Arqueología… y ahora hago esto, nunca sabes. Me lo he tenido que trabajar mucho, más por el hecho de ser extranjero. Se negaban a darme papeles.
 
– Pero si ya lleva 15 años en esto...
– Porque me fui convirtiendo en un actor de personajes. Y soy un actor secundario, lo que siempre he querido ser. Los grandes actores siempre son secundarios, apoyando desde un papel. Si me hubiera quedado en Estados Unidos, vete a saber.
 
– ¿Alguna vez pensó en dedicarse a la Arqueología?
– Lo probé, y tuve un encontronazo con la realidad en una excavación predinástica en Ismailia, Alejandría (Egipto). Mi equipo, dirigido por Eudald Carbonell [uno de los codirectores de Atapuerca], quería demostrar que por allí salió de África el homínido. Pero estaba todo muy politizado y la Universidad de Chicago monopolizaba todo. Fue un desencanto. ¡Mierda!, ni siquiera la Historia o el acceso a ella es puro. Terminé la carrera, eso sí.
 
– Y mientras, ¿hacía interpretación?
– Ya había hecho algo de teatro amateur en Barcelona y en Tarragona. En casa solo les daban miedo mis decisiones profesionales. Pero me ha ido bien, porque puedo vivir de ello. No sabía dónde estaba metiéndome…
 
 

 
 
– ¿Cuál es su método de trabajo?
– Estuve en la escuela de Juan Carlos Corazza, pero me faltaba el proceso de observar actores que me gustaban. Cuando iba a Inglaterra me encontraba con gente que había estado en Le Coq o en la Comedia del Arte. Y me di cuenta de que trabajar con máscaras, desde el clown o desde la exageración, aclara las cosas hacia el personaje, respetas más el texto. El actor tiene que quitar plomo a las cosas. Si un papel queda mal para la eternidad, es un trabajo más: hay que saber reírse, como saber machacarse.
 
   Miller ha trabajado, entre otros, con Enrique Urbizu (“logra un ambiente relajado de rodaje, desde el principio tiene claro qué quiere de ti. Si luego puede sacar más, te lo pide”); Jordi Frades (“trabaja mucho desde el casting para despreocuparse de las cosas del rodaje y ocuparse de otras”); Enric Folch (“suyo es el consejo que recuerdo siempre antes de actuar: ‘Relaja”) y Tito Fernández, su director en Cuéntame: “Cuando llegué a la serie me advirtieron: ‘grita mucho’. Pero yo he trabajado en hostelería, no me ofende que me griten. Prefiero un grito a una hora de discurso y no entender ni papa”. Entre los colegas admira a Imanol Arias (“ya verás su Vicente Ferrer”), a Pere Ponce (“todo sentido del humor, técnica y relajación”), a Jordi Mollà y “al crack, por encima de todos: mi brother, Ginés García Millán”.
 
 

 
 
– ¿Alguna vez le ha fastidiado ser tan guapo? ¿Gente menos agraciada no tiene tantas oportunidades?
– Hombre, por desgracia, hay una criba en la que va a caer gente que no debería. Pero dile tú a un tío de mi edad con familia, que lleva un año sin currar y ha aceptado un trabajo en el banco y un sueldo fijo, si quiere una obra o un papel por 600 pavos, durante tres meses. Y respecto a mi físico… no es solo eso… seguiremos los que tengamos la suerte de seguir tirando. [El director artístico] Luis San Narciso me confesaba que, cuando empezamos en Periodistas, pensó en mí solo como galán. Vio mi evolución recientemente y me dijo: “Te has convertido en algo para lo que entonces no parecías tener capacidad”.
 
– Y va a buen ritmo.
– Yo llevo varios años en esta cuarta marcha de las seis que tiene este coche. He tanteado en Estados Unidos y la reacción allí es maravillosa. No me venden como un actor atractivo, no me meten en la bolsa de los Brad Pitt, sino en la de los Robert Downing o los Gary Oldman [baja la voz, en gesto de modestia], de los que saben hacer más cosas. Pero allí, si te ven preparado y pueden ganar dinero contigo… la oportunidad te la dan.
 
– Aquí también busca oportunidades: en la dirección, con algún corto, y como productor de teatro.
– Arrancamos Los miércoles no existen en plan cooperativa, en una sala alternativa y hemos llegado al escenario grande del Lara. Es lo primero que hace en teatro el director, Peris Romano. Él apreció en mí la comedia.
 
– O sea, que es usted tan comediante que incluiría tomas falsas hasta en el teatro…
– Sin duda. En Isabel o en Alatriste resulta gracioso ver situaciones extrañas o comprometidas. Con esta melena y esta barba, no te lo crees.
 
 

 
 
Y ADEMÁS, CANTANTE...
Dar la nota como ‘El Nota’
Consciente de que su agraciado físico le permite “meter el pie en la puerta para que no me la cierren”, Will se cuida. Pero lo justo. Come de todo, porque sabe quemarlo: corre, practica escalada y camina por la ciudad. Pareja de la también intérprete María Cotiello (“mi actriz favorita”), no descarta formar una familia en breve: “La vida no es trabajar, sino estar con la persona que quieres, y con 34 años es hora de formar tu tribu”.
 
Miller es músico vocacional desde los 14 años. “Me gustan las dos facetas, porque siempre haces un personaje: Mick Jagger no camina así por la calle [y escenifica la presencia del Stone en el escenario]”.
 
Vocalista del grupo de rock Deniro, con el que trata de ensayar al menos una vez por semana, también hace sus pinitos en solitario con Raw. “Si el cine está mal, lo de la música es de pánico”. Hugh Laurie, Jennifer Lopez, Justin Timberlake… Son muchos los actores músicos. “Mi favorito es Jeff Bridges, que canta country. La peli por la que ganó el oscar, Crazy Heart, tiene un par de canciones suyas. Yo quiero ser Jeff Bridges de mayor. Mi filosofía de vida me gustaría que fuera como la de El Nota [su papel en El gran Lebowski]: ‘Pues sí, aquí estoy”.
 
 
 
 
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