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16-03-2026

Miguel Ángel Oeste

“Quiero que cada columna encienda un pequeño interruptor”

 

El escritor y cinéfilo malagueño supera el umbral de las 150 entregas durante las cuatro temporadas que lleva escribiendo todos los miércoles para aisge.es

 

El autor de ‘Vengo de ese miedo’ o ‘Perro negro’ reivindica unos textos que muevan a la reflexión, cuestionen ideas preconcebidas y generen debate en tiempos de sobreinformación y consumo veloz

Foto: Daniel Pérez

 

TERESA TRUCHADO (@teresatruchado)

Miguel Ángel Oeste (Málaga, 1972) acaba de celebrar 150 entregas de #VozEnON, un espacio que se ha convertido en un viaje por el cine, la literatura y la música. “Quiero que cada día se encuentren algo distinto”, dice, y en esas palabras se refleja la principal de sus intenciones: abrir ventanas hacia nuevas formas de mirar y sentir a través de los textos que puntualmente, cada miércoles, ofrece en aisge.es, la web de AISGE y de la Fundación AISGE. A lo largo de esta entrevista, Oeste habla del cine como refugio frente al ruido del mundo, de la literatura como brújula de la mente y de la música como hilo que conecta historias y emociones, mientras reflexiona sobre cómo la tecnología está transformando nuestra relación con la cultura.

 

He aquí un encuentro con quien convierte cada columna en un diálogo íntimo y provocador, capaz de despertar la curiosidad y encender pequeños interruptores en el lector. Una ocupación que el autor de novelas tan aplaudidas y admiradas como Arena (2020), Vengo de ese miedo (2023) o Perro negro, de 2024, compatibiliza con otros quehaceres tan cinéfilos como su pertenencia a la junta directiva del Festival de Málaga (ocupación a través de la que ve, virtualmente, todo el cine que se rueda en España) o la dirección de la Semana de Cine de Melilla. Una vida ajetreada e intensa, pero pletórica.

 

Foto: García Santos

– #VozEnON cumple 150 entregas, cuatro temporadas, desde aquella primera columna, Mi papá me lleva al cine. ¿Es un espacio que ha cumplido sus expectativas? ¿Es lo que imaginó que iba a ser?

– Con sinceridad, no tenía ninguna idea preconcebida. Cuando hablé con Fernando Neira [director de Comunicación de AISGE/Fundación AISGE], que fue quien me llamó, yo ya leía las columnas de Elisa Ferrer y me parecían magníficas. Tuve mis dudas. Pensé: “No sé si voy a saber aportar algo nuevo”. Al final creo que me la llevé más o menos a mi terreno, con una estructura muy definida y esos epígrafes numerados. He intentado, por un lado, hablar de temas actuales desde un punto de vista reflexivo, pero también con voluntad de generar debate: cuestiones que están ahí, en el cine español, en la industria, en la creación. Y, por otro lado, hablar de actores y actrices del cine español, de los que creo que nunca se habla lo suficiente. Muchas veces el cine español cae en tópicos que vienen de muy lejos y que no se sostienen en nada sólido, simplemente en ideas preconcebidas. Yo no esperaba nada. Para mí nunca se cumplen las expectativas, pero sí me gustaría que algunas cosas tuvieran más dimensión. Aunque también puede ser que me lea más gente de la que yo creo. A veces tengo la sensación de que me lee sobre todo gente del mundo del cine, gente cercana al sector.

 

– Aquella primera columna se remonta a septiembre de 2022. En ella hablaba del cine como un lugar donde, durante un par de horas, los problemas parecen diluirse en la oscuridad de la sala. Lo plantea casi como un espacio de refugio, incluso de sanación emocional. ¿Qué lugar ocupa el cine en su vida?

– Para mí el cine es fundamental. Ver películas, leer libros, escuchar música. Y creo que el cine es realmente un refugio, quizá ahora más que nunca. Vivimos en una sociedad cada vez más vampirizada por el teléfono móvil y por una tecnología que muchas veces usamos de una forma absurda. No es lo mismo estar haciendo scroll en el móvil o viendo vídeos de 10 o 30 segundos que perder la noción del tiempo viendo una buena película en una sala de cine. No es comparable. Cuando estás en una sala, viajas. Y esa noción de viaje es cada vez menos frecuente. Por desgracia, el cine no está pasando por su mejor momento, salvo en el caso de ciertos eventos o películas muy concretas. No quiero ser apocalíptico, pero estamos metidos en una dinámica extraña. A veces tengo la sensación de que vivimos dentro de una película de ciencia ficción, como La invasión de los ladrones de cuerpos, y que estamos un poco muertos en vida por culpa de la tecnología. Es tremendo ver cómo mucha gente está viendo una película y, al mismo tiempo, mirando el teléfono. Son experiencias completamente distintas. Cuando vas al cine y dejas el móvil a un lado, es casi una forma de desintoxicación.

 

 

– ¿Hemos dejado de cultivar el deseo de ir al cine? ¿Cree que la relación del público con el cine se está transformando de forma irreversible?

– Ha cambiado, sin duda. Yo suelo ir al cine una vez a la semana y me llama la atención que, al menos cuando voy, veo muy poca gente joven. Muy poca. También hay otra cosa curiosa: hay muchas más mujeres que hombres en el cine. En general, en los actos culturales suelen ir más mujeres que hombres. Son más inteligentes, obviamente.

 

– Si el cine tiene ese poder de suspensión, de detener por un momento el ruido de la vida, ¿qué poder diría que tiene la literatura? ¿Es un refugio distinto?

– Para mí el cine y la literatura son el mismo refugio. Son como el corazón de la vida. Algo que te conecta contigo mismo. Vivimos mirando constantemente hacia afuera. Y muchas veces se repite una especie de estribillo: que si la gente ve menos cine es porque ve series o porque consume otro tipo de contenidos. Pero no tiene nada que ver. Ver una serie, una película o escuchar música también forma parte de ese proceso de conexión con uno mismo. El gran cambio que hemos vivido tiene que ver con el tiempo y con cómo los smartphones han modificado nuestra relación con él. Ese tiempo que antes dedicábamos a leer un libro o a ver una película ahora muchas veces se pierde en el móvil. Cuando lees un libro o ves una película viajas de otra manera. Y ese viaje también te permite conocerte a ti mismo, entender mejor a los demás, tener más herramientas para comunicarte. La experiencia del teléfono móvil es distinta, mucho más invasiva. Nos domina de una forma de la que creo que no somos del todo conscientes. Y ahora, además, vienen todos los cambios relacionados con la inteligencia artificial.

 

– Vivimos en una época en la que las obras culturales se consumen a gran velocidad. Libros que desaparecen en semanas, películas que pasan por las plataformas como un flujo constante. ¿Esta velocidad también está cambiando nuestra forma de pensar la cultura?

– Sí, totalmente. Siempre pongo un ejemplo muy gráfico: no es lo mismo leer en digital que leer en papel. Hay muchos estudios que demuestran que lo que lees en papel lo retienes más que lo que lees en pantalla. El cerebro debe funcionar de una forma distinta. Cuando lees en papel comprendes y recuerdas mejor. Por eso muchos gurús tecnológicos insisten en no perder la capacidad de escribir a mano. Si haces un esquema en papel, lo escribes y lo trabajas así, lo vas a retener mucho más que si lo haces directamente en el ordenador. Las columnas intentan moverse un poco en ese terreno. Me gusta hablar de distintas cosas: a veces de temas de actualidad, a veces de películas que me interesan. Hace poco escribí sobre los 25 años de El factor Pilgrim. Me parece una película muy fresca. La hicieron Santiago Amodeo y Alberto Rodríguez con apenas 18.000 euros, rodando casi en plan francotirador. Y sigue funcionando. Eso demuestra que muchas veces no es una cuestión de dinero, sino de talento y de mirada.

 

Foto: Daniel Pérez

 

– En ese contexto, ¿sigue existiendo una frontera muy marcada entre lo cultural entendido como experiencia y la idea de la cultura como producto?

– Totalmente. De hecho, tú has utilizado la palabra producto y a mí me cuesta mucho usarla. Yo no consumo cine. Para mí el cine es una experiencia. Cada vez se utiliza más esa terminología en el ámbito cultural y creo que hay muchos factores ajenos a la cultura que están entrando ahí. Me llama mucho la atención, por ejemplo, que en determinadas producciones se recurra a influencers o a gente con muchos seguidores con la idea de que eso va a llevar público al cine. Y luego no pasa. Conozco casos de películas que han contado con gente con muchísimos seguidores y que luego no han funcionado nada bien en taquilla. Entonces, ¿dónde está la realidad? Para mí la realidad está en otro sitio. Es más real ver una película y mantener ese diálogo íntimo con ella, o con un libro, o con un concierto, que la comunicación que uno puede tener a través de las redes sociales. Eso me parece mucho más construido, más artificial, más de mentira.

 

– ¿De qué manera elige el tema de cada columna? En un contexto tan acelerado, ¿cómo decide qué trocito de realidad quiere llevar cada miércoles a ese espacio?

– Depende mucho del momento. Últimamente estoy haciendo columnas más de reflexión, pero intentando que sean ágiles, que no aburran. Veo que el mundo está muy feo, muy embarullado, y creo que también la industria cinematográfica tiene que ser capaz de adaptarse a las nuevas circunstancias, pero manteniendo un modelo firme de producción, distribución y exhibición. A todo eso le doy muchas vueltas, también por mi trabajo. Después intento hablar de actores y actrices que me parecen relevantes o que en los últimos años están haciendo grandes papeles, tanto gente más conocida como otros nombres mucho menos visibles.

 

– La música también aparece de vez en cuando en sus columnas, aunque sea de forma lateral. ¿Qué lugar ocupa en su escritura?

– La música es muy importante para mí, aunque no suelo hablar mucho de ella. A veces sí hago alguna referencia musical, pero teniendo a Fernando Neira cerca me da hasta apuro. Hace poco, por ejemplo, metí una referencia a Chris Isaak en una columna porque leí o escuché algo de Fernando sobre él y pensé: “Hace mil años que no lo escuchaba”. Y justo después, por una de esas casualidades o serendipias, estaba viendo una película o una serie y apareció una canción suya. Entonces pensé: esto tiene que entrar. Y lo colé en la columna. Espero que bien hilado. Nunca se sabe.

 

– Para las siguientes 150 entregas, que las habrá, ¿qué le gustaría provocar en quien le lee?

– Me gustaría que las columnas golpearan a la gente, pero en el buen sentido. No golpear de una forma violenta, claro, sino tocar algo. O mejor dicho: encender un pequeño interruptor. Que el lector entre en una habitación y observe qué hay ese día en esa habitación. Y espero que cada semana encuentre algo distinto. A veces encontrará una decoración que le guste más, otras veces menos. A veces estará más cómodo y otras menos. A veces encontrará gente con la que le apetezca conversar, y otras no. A veces se encontrará una comida que le apetece mucho, y otras una que no le apetece tanto. Pero yo creo que también hay que probar comidas distintas; escribir se trata de eso.

 

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