Satán en la Navidad madrileña
Se cumplen 25 años del estreno de 'El día de la bestia', extraordinario cuento navideño de Álex de la Iglesia, convertido en mito del cine español
JAVIER OCAÑA (@ocanajavier)
Al filósofo griego Plotino, que enseñó sus teorías en Roma en el siglo III d.C., se le atribuyeron dotes místicas de visionario, pero nunca pudo prever que el Anticristo fuera a nacer en el Madrid de 1995, entre el barro y la suciedad, con una lluvia constante y en medio de las palizas de la policía a los inmigrantes y la quema de mendigos por parte de criminales de ultraderecha. Todo eso lo creó Álex de la Iglesia en El día de la bestia, pero, en la base, como el cimiento que lleva a la construcción de la torre cinematográfica que es la película, está la obsesión del director bilbaíno por un profesor de Filosofía de la Universidad de Deusto, donde estudió el director, especialista en Plotino. Ese catedrático real tomó en la ficción los rasgos del maravilloso actor Álex Angulo y el resto es historia: un cura sabio de apariencia demente deambula por las calles madrileñas durante la noche de Navidad en busca del Mal, con mayúscula. 25 años después, la película, como el Diablo en sí mismo, es un mito, pero del cine español.
Su éxito, sin embargo, (casi) nadie lo supo anticipar. A pesar de la buena acogida de Acción mutante (1993), la estimulante ópera prima de De la Iglesia, que había producido Pedro Almodóvar, ninguna empresa quería hacerse cargo de la financiación de la extraordinaria locura de El día de la bestia, y hasta el Ministerio de Cultura les denegó la subvención previa dos veces, con lo que hubo que esperar a una tercera oportunidad. El guion, escrito junto a Jorge Guerricaechevarria, pasó por tantos exámenes que, quizá como un guiño absurdo a uno de los contenidos de la película, la risible moda de los programas esotéricos de determinadas cadenas privadas, aterrizó en una productora de televisión: Zeppelin. Como cuenta el director en La bestia anda suelta, fundamental libro de Marcos Ordóñez sobre el cine del posterior director de, entre otras, Balada triste de trompeta y Mi gran noche, entró en las oficinas para ver si querían producir su nueva criatura y salió como nuevo realizador de Inocente, inocente. El universo creativo del cine español es apasionante en lo interno y, a veces, casi más en lo externo.
De la Iglesia se lo pasó en grande montando bromas para los famosos, ganó dinero, aprendió de las irremediables prisas del trabajo en la televisión y esperó a que alguien se decidiera con El día de la bestia. Lo hizo Andrés Vicente Gómez, que fue el que se hizo cargo finalmente de la película, a través de su empresa, Iberoamericana, en acuerdo con Sogetel, con la entrada posterior de una parte de coproducción italiana, lo que conllevó la participación de diversos profesionales del país transalpino, encabezados por el actor Armando de Razza (sustituyendo al intérprete en principio propuesto: Karra Elejalde) y la actriz Maria Grazia Cucinotta. De Razza, que está magnífico, había sido durante años presentador del Festival de San Remo y tenía un estilo físico de programa grueso de cadena de Silvio Berlusconi que le venía muy bien a la película, completando así el extraordinario trío junto a Angulo y al formidable Santiago Segura. Tres singulares Reyes Magos a la caza y captura de Belcebú, nacido no en un pesebre sino en las alturas del imperio económico de la corrupción: las torres KIO de Madrid, en plena Plaza de Castilla madrileña, con sus formas gemelas y paralelepípidas, perfectas para simbolizar los cuernos del demonio.
La mayúscula idea de que el templo de Satán fueran esas torres, símbolo durante un tiempo del envilecimiento financiero y político, fue completada por De la Iglesia con dos brillantes detalles: el primero, un guiño de preproducción, incorporando su excepcional inclinación, formando lo que parecen unos cuernos, a la rúbrica de grabados antiguos verdaderos sobre el Diablo, que son manejados en la historia por el protagonista, el padre Berriatúa; el segundo, puramente visual, es el espeluznante plano en contrapicado que ejecuta el director la primera vez que se ven las torres en la película, justo en el momento en que el cura y su lazarillo, el heavy que interpreta Segura, perciben su significado y su simbología. Ese plano, precedido de otro con un emocionante acercamiento de la cámara hasta un hermoso primerísimo plano de Angulo, mostrando la escalinata de Plaza de Castilla y las torres al fondo, iluminadas en la noche por un toque azul oscuro, es sencilla historia del cine español. Como también lo es la mítica idea de la secuencia en la plaza de Callao, en el expresionista edificio Carrión, con el anuncio de Schweppes en las alturas y los tres reyes magos al borde del abismo. Una secuencia que, claro, fue filmada en estudio, con una réplica del luminoso, cuya construcción fue pagada por la propia marca de refrescos.
Lo curioso es que el infierno era la Gran Vía, pero bien pudo ser Sestao, idea primigenia, si se hubieran dado otras circunstancias vitales y de producción. Pero todo ayudó a conformar el relato tal y como quedó. Incluso que, durante un tiempo anterior mucho más modesto, los inseparables amigos Guerricaechevarria y De la Iglesia hubieran estado alojados en la pensión Sil, en la calle Fuencarral, justo al lado de las sucias tinieblas de la Gran Vía y a un paso del piso de la calle Desengaño que ejerció de plató. La fauna humana que los dos guionistas conocieron en aquella pensión está en la película, y reviviría más tarde en La comunidad (2000). Y el ambiente de la zona de prostitución de Desengaño, con denominación casi metafórica, estaba arriba, en la ficción del rodaje, y abajo, en la desgraciada realidad de la calle.
El día de la bestia tiene tanto que ver con Rafael Azcona y Fernando Fernán Gómez, con El pisito y El extraño viaje, como con los tebeos de Bruguera, los relatos de Howard Philips Lovecraft, la violencia en cierto cine americano de los setenta y la vida misma. Con la degradación de Madrid y con Plotino. Costó 1,8 millones de euros, cuando el presupuesto de Acción mutante había sido de 2,4 millones, y, estrenada el 20 de octubre de 1995, recaudó 4,3 millones en taquilla gracias a casi un millón y medio de espectadores. Se estrenó en cines de Corea del Sur, Japón, Reino Unido, Estados Unidos y Francia, ganó el Méliès de Oro la mejor película europea de cine fantástico y cuatro premios Goya, de 14 candidaturas, entre ellos los de dirección, para De la Iglesia, y actor revelación, para Segura.
Una elogiosa crítica del San Francisco Chronicle, publicada en el mes de enero de 1999, habla de "un estilo que toma prestado de Russ Meyer, H. P. Lovecraft, El exorcista, el discurso de Peter Finch en Network ("¡estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!") y los dibujos animados del Correcaminos y el Coyote". Fantástico. Y eso que allí no sabían nada del profesor especialista en Plotino ni seguramente lograran pillar la mejor línea de la película.
-Tú eres satánico, ¿verdad?
-Sí, señor, y de Carabanchel.




