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El anecdotario de Javier Ocaña

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 Detrás de las cámaras

 

Una 'A sangre fría' antes de 'A sangre fría'

 

Un solo título, dos películas que no tienen nada que ver entre sí, un conflicto legal y una disputa española con el gigante de Hollywood. ¿Cómo resolver un embrollo así? Sucedió en 1967

 JAVIER OCAÑA
(@ocanajavier)

Entre los conflictos legales más curiosos de la historia del cine español figura el de A sangre fría. Sí, "del cine español", aunque al leer el título hayan ustedes pensado con toda seguridad en Truman Capote. Y por ahí va precisamente el lío. Resulta que en el año 1959 un director llamado Juan Bosch, no demasiado conocido por el gran público pero con algunas obras estupendas (Sendas marcadas, Regresa un desconocido…), hizo una película a la que decidieron titular A sangre fría, y así fue inscrita legalmente. Enclavada en el muy interesante movimiento del cine policiaco catalán de los años 50 y 60, al que también pertenecen piezas como Brigada criminal, Apartado de correos 1001 y Distrito quinto, la cinta se estrenó sin problema alguno. Estaba interpretada por Arturo Fernández y Carlos Larrañaga, y contaba un relato asociado al cine negro clásico: el protagonista era un joven de grandes ambiciones dispuesto al delito para ascender en la escala social; había un boxeador retirado y derrotado también en la vida; la inconfundible mujer fatal rubia platino, e incluso la presencia de las drogas, el pesimismo vital y la desesperación social.

 

 

Sin embargo, el problema con el título surgió años después, en 1967, cuando desde Estados Unidos Columbia Pictures produjo una adaptación de A sangre fría, dirigida por Richard Brooks a partir de la mítica novela que Capote publicara solo un año antes. Cuando quisieron estrenarla en España, no podían hacerlo con el título de A sangre fría porque este ya estaba registrado y la ley no lo permitía. Entre las soluciones que se barajaron estuvo la de que los americanos compraran los derechos de la española y se destruyeran todos los negativos y las copias, pero eso no arreglaba el problema del título.

 

Al final se llegó a un acuerdo económico, con el pago de una cierta cantidad de dinero, para que la película de Bosch cambiara su denominación de cara a su explotación posterior. Así quedó rebautizada como Trampa al amanecer, que es como aparece en los créditos cuando se ha programado en televisión (por ejemplo, en el programa de La2 Historia de nuestro cine) o en alguna filmoteca, con dos grandes bandas negras que cubren la anterior denominación. Eso sí: en realidad, nadie la conoce por ese título.

 

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