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14-09-2020

África Gozalbes


“La televisión puede darnos grandes momentos, y más en estos tiempos inciertos”

 

Se van a cumplir 25 años del final de ‘Farmacia de guardia’. Ella lleva tres sin trabajar como actriz. Sin asomo de rencor: aunque no cierra la puerta a la profesión, ahora está ilusionada con los primeros pasos de su agencia de representación 

 

 

ALOÑA FERNÁNDEZ LARRECHI (@Anade)

Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha (@enriquecidoncha)

África Gozalbes se planteó ser periodista porque, “siendo la última de siete hermanos, tenía una necesidad imperiosa de comunicarme”. Pero la interpretación iba a cruzarse en su camino para revelarle que eso era lo suyo. Al poco llegaría el personaje más importante de su carrera, el de Queen, la auxiliar de Farmacia de guardia que conquistó el corazón de millones de espectadores. Tras su desenlace, hace 25 años (el último episodio se emitió el 28 de diciembre de 1995), participó en varias series y trabajó en una veintena de obras de teatro. Ahora espera con ilusión el estreno de la película Vampus Horror Tales, en la que tiene una pequeña intervención.

 

– Su primera experiencia en televisión fue especial: cuando llegó a Farmacia de guardia encaraba prácticamente su debut.

– No exactamente, pero sí es cierto que fue la serie que me catapultó, que me hizo conocida a nivel nacional y me dio la oportunidad de conocer a gente de la profesión, a actores y actrices maravillosos, algunos de los cuales no están con nosotros, como Esperanza Grases o Luis Ciges, mucha gente de una fantástica calidad tanto humana como profesional. Antes de eso estuve presentando un programa infantil, y confieso que también estuve dentro de Curro en 1991, en ese proceso en el que la mascota [de la Expo] se abría al mercado, y fue una experiencia muy hermosa. 

 



 

– ¿Cómo llegó entonces a Farmacia de guardia?

– Estaba en un espectáculo multimedia previo a la Expo. Ahí ya había hecho la segunda prueba, y me anunciaron por teléfono que tenía la tercera con Antonio Mercero en Madrid. Fue muy divertida, muy cariñosa, muy respetuosa, pero era la demostración de mi inocencia como actriz, pues llegaba a un equipo en el que me sentía absolutamente extraña. Hice la prueba la última. Mercero hacía de atracador y me planteó una improvisación para ver cómo reaccionaba tras el mostrador con mi batita blanca. Él entró muy gracioso, con mucho desparpajo, y a mí lo primero que se me ocurrió, totalmente inocente pero en mi papel, fue decirle: “Con esa barrigota que tienes, ¿cómo se te ocurre venir a atracarme? ¡Vamos, ni loco! Ya te puedes ir yendo de la farmacia”. Los del equipo se partieron de risa porque no podían entender que una tía con tanto descaro le dijera eso al director, a Antonio Mercero. Y él dijo: “Esta se queda con nosotros”. 

 

 ¿Cómo recuerda su incorporación a una serie que ya era conocida en toda España?

– Fue muy emocionante, muy divertido, muy alocado. También había momentos graves, de asumir una soledad demasiado temprana: de estar en Sevilla, con mi familia en casa, me fui a Madrid sola. Y la relación que establecí en la capital no era de amistad, era laboral. Cuando me iba a casa, muchas noches lloraba porque me sentía profundamente sola. Pero si lo pongo todo en la balanza, es indudable que fue algo hermosísimo.

 

 ¿Esta profesión es como esperaba?

– Sí, porque ha habido años y momentos de mucho éxito. Me refiero al cariño de la gente, a que gusten los personajes que haces, no hablo de éxito a nivel económico. He tenido momentos muy buenos y momentos patéticos tras Farmacia de guardia, cuando el trabajo faltaba y me preguntaba: “¿Y ahora qué pasa?”. No me arrepiento, pero llevo mucho tiempo pensando y sintiendo que la vida es más, que debes buscar sitios en los que te sientas útil y crezcas interiormente. El tema del trabajo como actriz, pese a que llevo tres años sin trabajar, no me obsesiona. 

 



 

 ¿A qué dedica su tiempo ahora?

– Mi proyecto más inmediato es una empresa de representación de intérpretes con la que ya doy los primeros pasos. Me emociona porque implica un contacto directo con el material humano, que es lo que más me interesa, poder ayudar en ese camino, en ese proceso: la búsqueda de trabajo, obtener un papel, profundizar en los personajes, en las pruebas… Es un proceso que yo he pasado y que comprendo perfectamente, por eso lo hago con ilusión y cierta sabiduría, modestia aparte. Como actriz no tengo ningún planteamiento porque no han llamado a mi puerta, pero no la cierro en absoluto. 

 

 ¿Le gusta la televisión como espectadora?

– Sí, me chifla, me encanta. En la época de Farmacia de guardia el actor que trabajaba en televisión era un poco denostado, su labor se consideraba menor, como si no fuera digna de admirar. Era la gente del cine la que copaba ese espacio de prestigio. Y fíjate ahora, todos nuestros grandes están trabajando en televisión y se dan con un canto en los dientes por estar ahí. La tele nos puede dar grandes momentos, y mucho más en estos tiempos inciertos en los que todo está cambiando. Yo ahora salgo menos, veo muchísima más televisión, consumo plataformas. Es un momento importantísimo para toda la industria, no solo para quienes están ante la cámara, porque esto es un trabajo en equipo.  

 

 

– ¿Qué ocurriría si sus hijos le dijeran que quieren dedicarse a la interpretación?

– Uno estudiará dirección de cine el año que viene. El tema de actor será sobre mi cadáver [risas]. Le digo que es un mundo difícil, que hay mucha competencia, que debes sobresalir para que los productores confíen en ti y arriesguen equis millones.

 

– ¿Cómo ve el futuro? Es una persona muy vital, parece muy optimista…

– Lo que no siento es rencor. Pero eso no significa que no tenga miedo. Como actriz, estoy un poquito harta de pedir, así que me retraigo un poco y me dejo querer, que ya está bien. No quiero perder más tiempo en eso. En otros terrenos estoy muy ilusionada, pero también tengo miedo. Sé que tengo don de gentes, que por regla general soy una tía flexible, pero al final se trata de que llamen a tus actores. Es cuestión de elegir bien a quién llevas, y eso implica una responsabilidad grande.

 

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