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29-12-2021

Guionistas



Agustín Martínez

“Nunca he creado mis personajes pensando en actores concretos”



Su libro ‘Monteperdido’ se ha traducido a cerca de 10 idiomas, se convirtió en serie y lleva ya dos temporadas en La 1. Ahora ultima los detalles de ‘Feria’ para Netflix



FRANCISCO PASTOR

FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA

En su pueblo apenas había un cine, al que llegaban muy pocas películas. Así que Agustín Martínez (Lorca, 1975) creció en la cultura del videoclub. Allí alquiló las cintas de David Cronenberg, pero también las piezas de serie B que mezclaban terror y humor, como Ghoulies (1985) o Critters (1986). Cuando empezó a estudiar Imagen y Sonido en la Universidad Complutense de Madrid quería ser director de cine.

 

   Algún pinito había hecho: en su pueblo rodó un cortometraje sin presupuesto y pidiendo favores. Al proyectarlo en la facultad, durante un ciclo de cine breve, conoció a Alejandro Amenábar, Mateo Gil y Carlos Montero. De ahí, Martínez pasaría a escribir diálogos para la juvenil Al salir de clase. O un capítulo de Crematorio, porque lo suyo es el género negro. Su primera novela, Monteperdido (Plaza y Janés, 2015), se ha traducido a cerca de diez idiomas y se ha convertido en la serie de televisión La caza, de la cual se han emitido hasta ahora dos temporadas.

 

   Admite que le gusta más escribir que dirigir. Pero recientemente dio el salto a la producción ejecutiva, y así acompaña a sus guiones hasta el final del camino. Estos días ultima la posproducción de Feria, una obra de misterio y fantasía cuyo estreno veremos en Netflix. Y no, nada tiene que ver con el polémico libro de Ana Iris Simón.

 

— ¿Qué recuerda de su paso por Al salir de clase?

Aprendí a escribir de mil maneras las rupturas sentimentales. En las series diarias suelen repetirse las situaciones, así que tratamos de contarlas de formas distintas. También me vi escribiendo contra reloj.



— Años después regresó a las diarias con Acacias 38

— Sí, y entonces me tocó diseñar los argumentos. Me asignaban un repertorio concreto de personajes y escenarios, y nada, a levantar historias. Llevábamos un adelanto de unos tres meses sobre lo que se grababa, pero acabaron dándose situaciones de vértigo. El decorado en el que recreábamos las escenas de la calle se quemó. Tuvimos que volver a escribir todas las tramas para llevarlas a los interiores. Un encaje de bolillos.


—¿Ha encontrado en la pantalla algo que no se pareciera en absoluto a lo que había escrito?

— Lo reconozco: me pasó con Maneras de sobrevivir. No sé cómo, pero muchos detalles aparecieron del revés. El toque melodramático que le habíamos puesto para acentuar la comedia no estaba. Desde entonces, intento involucrarme más en la producción. Creo que ahora los guionistas, en general, tendemos a acompañar más nuestro trabajo. Antes mandábamos el texto y nos quedábamos en casa. Si nos plantábamos en una grabación, alguien nos preguntaba qué hacíamos allí. Y en la fiesta de final del rodaje nos quedábamos en una esquina porque no conocíamos a nadie.


— Con una implicación mayor, ¿diseña los personajes imaginando quién va a interpretarlos?

— No. Nunca he creado mis personajes pensando en actores concretos. Me molesta cerrarme a un nombre, sobre todo si escribo desde cero. Aunque está muy claro que el éxito de una serie depende de que el reparto esté bien elegido.



— En Feria trabaja también como productor ejecutivo.

Esta es la historia que siempre había querido escribir. Llegó Netflix y se lanzó, y estoy encontrando un tiempo, una libertad y un reposo que no había conocido antes. Hemos trabajado el género de la fantasía, poco habitual en este país. También los formatos están saltando por los aires. Antes las series tenían que durar 13 capítulos por temporada. En la actualidad las hay incluso de cuatro episodios.


— Por esto mismo, ¿no estaremos creando un espectador demasiado impaciente?

— Quizá un poco. Al haber tanta oferta, si no enganchamos al espectador desde el principio, se pone con otra cosa. Pero no sé si buscamos ficciones más breves: mi hija se acaba de enganchar a Las chicas Gilmore, de siete temporadas. Sí tengo claro que esta nueva dignidad que han alcanzado las series ha llegado para quedarse.



— Y escribe usted novela negra, que también vive su edad de oro.

Una gran parte del público ha perdido el miedo a la lectura gracias a estos libros. Parece que la literatura es alta cultura porque sí. Que cualquier texto demanda gran trabajo por parte de los lectores. La novela negra, sin bajar el nivel, ha vencido esa resistencia. Creo que merece la pena escribir pensando en el público, no solo en uno mismo.


— ¿La condición de guionista influye en su forma de escribir novelas?

— Desde luego. En los departamentos de guion trabajamos mucho los cimientos de la historia. Lo llevamos todo atado, hasta que las piezas encajan. Escribimos ficciones cerradísimas. Las estructuras puramente literarias son más maleables, y los escritores de novelas son más laxos en este sentido.


— En una novela notará la libertad de olvidar los presupuestos o los planes de rodaje.

— ¡Claro! Puedo crear tantos personajes como quiera y montar un buen despliegue. Aunque también los guiones están cada vez menos marcados por la contabilidad. En los rodajes actuales, la serie entera está escrita, hasta el último capítulo. Eso nos permite justificar más los gastos de cara a la producción: sabemos que este escenario tan caro aparecerá no solo en esta secuencia o en esta otra, sino que además volverá a estar presente al final de la serie.



— Los guionistas de cine cuentan con ayudas para el desarrollo de los textos, pero no ocurre lo mismo con los de la televisión.

— Envidio a los guionistas franceses, que sí cuentan con este tipo de coberturas. Yo dedico los días de diario a los guiones de las series que están firmadas y en marcha, y me paso los fines de semana con la creación de lo que vendrá después. Muchas veces, sin saber en qué quedará al final mi trabajoEl don de Alba me llevó dos años, pero la retiraron enseguida. Con La caza he tenido la suerte de que sea La 1 quien la emite: las cadenas públicas se guían más por el producto que por la inmediatez de las audiencias. Eso da mucha tranquilidad, ¡sobre todo cuando la serie coincide con un partido de fútbol!


— Si la cadena quiere llevar el personaje por un lado y el actor prefiere tirar por otro camino, ¿qué papel juega el guionista?

— Procuro implicarme. Hay intérpretes que prefieren improvisar los diálogos para hacerlos más suyos. Y lo entiendo. Pero las ocurrencias tienen su momento, que es durante la escritura de las historias. En el rodaje es mejor trabajar sobre el papel. Cuando un actor improvisa, no suele tener en cuenta el texto de los demás personajes, así que se repiten palabras que han dicho otros y se reiteran estructuras sintácticas. El diálogo pierde su música. Y toca convencerles de que deben volver al papel. Prefiero convencer a imponer.


— Le sonará que algunos actores de ciertas series han lamentado que los guiones les llegaran siempre tarde. ¿De quién es la culpa?

— [Ríe]. Mía, no, desde luego. Será del sistema.

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