Una insoportable adicción al trabajo
Aluciné con la amabilidad y el carácter servicial que muestra la gente, todo el rato sonríen y hacen reverencias. Pero al mismo tiempo son individualistas, apenas ayudan si ven alguna caída en el metro, quizá por no asumir responsabilidades. Es complicado entablar relación con los japoneses. Trabajan y se piran, no hablan con los demás ni sacan diversión de la experiencia. Cuanto más tiempo permanezca un empleado en su oficina, mejor, aunque su jornada finalice antes. Le miran con desdén si se marcha a la hora que le corresponde, debe quedarse hasta que se haya comido el escritorio. Mis compañeros de casa salían a las ocho de la mañana y no volvían hasta las dos de la madrugada. ¡De locos! De ahí que existan las llamadas habitaciones de la destrucción, pensadas para romperlas por completo en caso de ataque de estrés.
Yo iba andando a todas partes. Otra alternativa ideal es la bicicleta, más barata y cómoda que el transporte público y muy segura, pues los tokiotas son respetuosos con el tráfico. En raras ocasiones gritan o pitan. Frecuentaba el camino de Shibuya a Shinjuku a través del Parque Yoyogi, el más grande de la urbe, donde ves de todo: parejas de ancianos pintando, deportistas corriendo, grupos practicando yoga… Los domingos a las cinco de la tarde hay reunión de rockabillies y bailan. Se les da bien. A mí Me mandaban a castings de rollo flamenco y creían que lo dominaba por el hecho de proceder de España, cuando te ves delante de una japonesa bailándolo y te puedes desmayar... Entre las moles comerciales de Shibuya se esconde la escultura del perro Hachiko, que acompañaba a su dueño al trabajo todos los días. Cuando el hombre murió, el animal le esperó largo tiempo. En las calles de esa zona hay tanta luz de pantallas publicitarias que a una amiga le resultaba oscura ¡la Gran Vía madrileña! Tokyu Hands es similar a un Corte Inglés enorme, en un mismo edificio venden desde telas o palillos chinos hasta neumáticos o segadoras. Encuentras cualquier cosa que necesites.
Shinjuku está bajo el control de la yakuza [mafia] y es un barrio sin ley. En sus callejones estrechos tocas a ciertas puertas, abren un ventanuco y te venden sustancias que van cambiando semanalmente, pues sustituyen los componentes ilegales por otros. Me fumé un porro con uno de mis compañeros de casa y el cuerpo me pesaba muchísimo. ¡A saber qué llevaba eso! Las drogas están perseguidísimas, incluso la marihuana. Pero un amigo norteamericano la fumaba en el parque y no le decían nada, porque como es algo tan castigado y la gente ni siquiera conoce su olor…