Álex Villazán
"Se están haciendo series como churros en detrimento de nuestras condiciones laborales"
Antiguo campeón de artes marciales, encontró en La Joven Compañía el lugar donde curtirse como actor. Gracias a montajes tan aclamados como 'La edad de la ira', 'El curioso incidente del perro a medianoche' o 'Eqqus', su proyección no deja de crecer en los últimos años. Se ha convertido ya en rostro habitual de la televisión
PEDRO DEL CORRAL
FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA
Cuando el madrileño Álex Villazán le contó a su madre su intención de ser actor, no imaginó que sus primeros pasos los daría a su lado. Por entonces él rondaba los 12 años y hacía teatro en el taller del colegio. Era un crío inquieto. Siempre estaba creando. Un día leyeron un reportaje sobre cómo los niños de Los Serrano habían entrado en la serie que rompía récords de audiencia. Mencionaban un par de agencias, así que enseguida llamaron. "Les interesamos y, sin esperarlo, hicimos figuración. Siempre recordaré mis inicios con ella", asegura hoy. Y prosigue: "La primera vez que visité un plató, con tantas cámaras y cables, estaba histérico. Había un olor a nave industrial que todavía hoy reconozco".
La Joven Compañía, el grupo teatral que gira por institutos con propuestas rompedoras, fue su casa desde los 18. La década que pasó allí le dio tablas, pero también una proyección exponencial. En su andadura acumula ya personajes televisivos para La sonata del silencio, Caronte, Skam, Alma, Todas las veces que nos enamoramos… Ahora acaba de grabar dos de las series más esperadas del año: El refugio atómico y Las hijas de la criada. No para. Incluso prueba con la autoproducción para dar salida a sus propias historias: "Me encanta aportar mi granito de arena. Soy un chico de barrio que no se olvida de sus orígenes". No le interesa ser popular, solo quiere alumbrar propuestas que templen este mundo caótico. Está en el camino.
- De pequeño despuntó con el jiu-jitsu: alcanzó el tercer puesto en el campeonato del mundo de Gante. ¿En qué se parecen las artes marciales a las escénicas?
- Tienen muchos puntos de conexión. Comparten la expresión corporal y la atención psicológica. Y esos aspectos aportan disciplina. El jiu-jitsu me ayudó a encontrarme en el escenario. Es el deporte que practico desde que tengo cuatro años y lo conozco bien. Me ha dado unos valores que puedo aplicar a mi otra gran pasión.
- ¿Siempre ha sido inquieto?
- Desde la infancia. Mis padres me apuntaron a fútbol, natación y música. Recuerdo que era muy graciosete, hacía reír a la gente. Y me gustaba. Con el tiempo, me he ido dando cuenta de que esa faceta era un mecanismo de defensa.
- Quizás no estaría dando esta entrevista hoy si no llega a ser por sus profesores.
- Puede ser. A ellos les debo todo. En sexto curso de Primaria ofertaron la asignatura optativa de teatro en el horario de comedor. Me apunté. Como era travieso, me echaron. Conseguí que me readmitieran tras estar dándoles la lata y así llegué a estrenar mi primera obra. Fue entonces cuando me hice amigo de los profesores. Más tarde me animaron a incorporarme al taller del instituto. Durante las épocas más difíciles, en parte, por culpa de determinadas compañías, fueron ellos quienes tiraron de mí.
- Encontró su sitio.
- Sin duda. Siempre he sido tenaz y luché por dedicarme a la actuación. Al final, así ha sido. Mis padres nunca me pusieron impedimentos. Al contrario. Cuando aposté por este oficio la situación económica en casa no era boyante. Como no podían pagarme la Escuela Municipal de Arte Dramático, me puse a trabajar. Y jamás pusieron en duda la decisión que tomé.
- ¿Qué le enseñó Villaverde que haya podido aplicar en su carrera?
- Algo que tenemos los chicos de barrio es el instinto de supervivencia. Al carecer de los mismos recursos que los demás, nos buscarnos la vida. Eso te aporta algo distinto. No quiero romantizarlo, pero vivir te hace mejor actor. Y nosotros, por unas cosas o por otras, hemos pasado lo nuestro.
- ¿Quiénes fueron sus primeros referentes de esta profesión?
- Crecí viendo El comisario, Hospital Central, 7 vidas, Aquí no hay quien viva, Motivos personales… Aquel niño no se imaginaba que acabaría conociendo a los actores y actrices que veía en la pequeña pantalla. Me emociona.
- Ha estudiado con Mariano Marín, José Luis Raymond, Ana Cristina Marco, Antonio Larrabeiti… ¿Este oficio se aprende?
- Aunque soy partidario de la formación, este trabajo se basa en la vida, la cotidianidad, la intuición… Me he preguntado en numerosas ocasiones cómo puede haber personas que, sin haber estudiado, se pongan delante de una cámara y den en el clavo. Será que tienen ese don. Pero me parece imposible tener la técnica y la mirada sin haber pasado por una escuela.
- ¿Que aprendió en La Joven Compañía?
- En los 10 años que estuve forjé la base sobre la que luego he cimentado mi trayectoria. Todo lo que sé lo aprendí ahí. Justo cuando entré, nos fuimos de gira. Y desde los 18 años no he parado.
- Uno de los montajes con mayor repercusión fue La edad de la ira. Reflexionaba sobre el acoso en las aulas y la homofobia. ¿Cómo fue abordar esos dos temas tan complejos?
- Lo hicimos con tacto. Hablábamos del amor, la adolescencia, la amistad… Al terminar las funciones, los chavales contaban sus impresiones en los coloquios. Les dábamos un espacio seguro para expresarse. La mayoría de las aportaciones fueron brillantes, con enfoques que ni siquiera nosotros nos planteábamos.
- En un año en el que las agresiones al colectivo LGTBIQ+ no dejan de aumentar, ¿por qué son importantes proyectos así?
- Estamos en un mundo polarizado en el que los políticos lideran el discurso. Solo nos queda que seguir contando historias para ganar esa batalla, al menos, desde la cultura.
- El curioso incidente del perro a medianoche le valió el premio de la Unión de Actores y Actrices al mejor actor revelación. Encarnaba en esa obra a un chico con síndrome de Asperger. ¿Cómo lo preparó para no caer en clichés?
- Todo papel hay que abordarlo siempre con respeto y dignidad. Si lo haces de forma honesta, no habrá problema. En este caso, vi documentales y leí libros durante aproximadamente un año. No quería que fuera una parodia, tenía que darle integridad.
- Volvió a estar nominado en los premios de la Unión por Equus, en torno a la salud mental. ¿Es difícil cuidarla en la sociedad actual?
- Bastante. Y es más necesario en el caso de los actores, que trabajamos con las emociones. Nosotros también estamos condicionados por las redes sociales. Te cuestionas si debes centrarte en ellas para conseguir oportunidades. Compañeros míos se han visto desesperados por no saber qué senda tomar. Y han acabado frustrándose. Necesitamos un sistema de salud mental que nos proteja.
- ¿Cuál es su mayor miedo?
- Ser olvidado, que no me vuelvan a llamar.
- Su debut en el cine se lo brindó Roberto Pérez Toledo con Como la espuma. Se estrenó en la gran pantalla con una orgía de por medio.
- Jamás me lo hubiera imaginado [risas]. Fue una experiencia maravillosa. Era una película muy particular porque a Roberto le fascinaba lo independiente y lo menos comercial.
- Jugó en otra liga cuando Alejandro Amenábar le dirigió en Mientras dure la guerra. ¿Le asustó el salto?
- Un poco, aunque mi personaje era pequeñito. E incluso cantaba, cosa de la que me enteré en el propio rodaje. Amenábar es músico y preparamos con él la canción. Nos lo puso muy fácil. Íbamos a piñón.
- Las series Alma (Netflix) y Skam (Movistar Plus+) le dieron gran visibilidad. ¿Qué ha cambiado con las plataformas?
- Las condiciones son peores. A nivel económico y también en cuanto a derechos. Se están haciendo series como churros en detrimento de nuestras condiciones laborales. Y si hay más producciones, ¿por qué no baja el paro en nuestra profesión? Algo pasa. Llegará un momento en el que esto explotará. Nuestro gremio debe ir a una. Necesitamos unidad.
- ¿Cuántas veces su vida profesional se ha comido la personal?
- Demasiadas. Es inevitable, le pasa a cualquiera. Gracias a la terapia he podido ir gestionando cada situación. Si pierdo el norte, me apoyo en la familia. Y viajo: el mar es muy liberador.
- Suele hablar de política en Twitter sin miedo a las reacciones.
- ¿Miedo por qué? ¿Quién me va a censurar por reivindicar libertades? Si no luchamos, las fake news ganarán más fuerza. Cuesta enfrentarse a la extrema derecha, que cuenta con grandes medios, así que puede ganar con mayor facilidad el discurso. Y el suyo no es bueno. No podemos dejarnos vencer.
- ¿Qué cosas le preocupan del mundo que nos rodea?
- La intolerancia, la falta de empatía. Vivimos en una ciudad [Madrid] donde cada vez hay más enfado y crispación. Empecemos a tender más puentes con el vecino, solo de esa manera podremos entendernos.
- ¿Qué cambiaría?
- Que la gente de barrio pudiera tener los mismos derechos que el resto de los ciudadanos. Si no, solo quienes tengan dinero serán directores de cine en el futuro. Y en ese caso, nos estaremos perdiendo un puñado interesantísimo de historias. Faltan becas y ayudas. Además, el acceso a la cultura es reducido. Una abuelita de Villaverde puede desplazarse fácilmente hasta un teatro del centro de Madrid, pero tal vez no tenga ahorros suficientes para pagarse la entrada.
- ¿Un sueño por cumplir?
- Hacer cine de forma estable y con diferentes cineastas. Y también llegar a hacerlo en inglés, aunque, ejem… primero tendría que ponerme a tope con el idioma.




