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20-04-2026


Alfonso Bassave

“Agradezco que mi trayectoria haya sido gradual, creo que un pelotazo puede distorsionar tu realidad”



Deseaba despojarse de la timidez. Sería su amiga María Ballesteros, también actriz, quien le diese alas. Compaginó la formación en la escuela de Cristina Rota con la carrera de Derecho. ‘Un paso adelante’ fue su presentación ante la cámara. No se queja de falta de trabajo, aunque tampoco le sobra. No obstante, ha trazado una carrera de altos vuelos, con títulos televisivos muy celebrados. Más los cinematográficos. Incluso en el extranjero ha vivido inolvidables aventuras



PEDRO DEL CORRAL

FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA

Tenía ocho años cuando su padre le aficionó al cine. Solía ponerle títulos clásicos y casi no llegaba a comprender algunos de ellos. Sin embargo, aquellas tardes juntos fueron dejando huella en Alfonso Bassave. “Él conocía a un señor al que llamábamos ‘El hombre de las películas’. Tenía una cineteca inmensa. Si le pedías un filme de Akira Kurosawa, te lo entregaba a los pocos días en VHS. Todavía los guardo. Me ocupan un arcón, pero no los tiraré. Algunos son difíciles de encontrar”, explica. La idea de que aquello se convirtiera en una opción de vida llegó después. De casualidad, de hecho. Quería romper con la timidez arrastrada desde pequeño. Y su amiga María Ballesteros, también actriz, le dio alas tras invitarle a la escuela de Cristina Rota. Desde entonces ha trazado una carrera de altos vuelos, con títulos televisivos tan aplaudidos como Un paso adelanteHispaniaCrematorioAmar es para siempreEstoy vivoAntidisturbios o Respira.

 

   “Quería saber quién soy y qué lugar ocupo en el mundo. Para mí, ser actor es una herramienta de conocimiento”, asegura reflexivo, con la mirada clavada en el café que sorbe. Sus 25 años de andadura dejan personajes que dicen bastante de él. “Hoy soy otro ser humano. Por todo lo que me ha pasado y por las tablas que me ha dado este oficio”, añade. Las lecciones que le han dado Rodrigo Sorogoyen, Chus Gutiérrez o Joaquín Oristrell, entre muchos otros, han traspasado los rodajes. Ahora, convertido en rostro popular del audiovisual, continúa aprendiendo con la pasión de antaño. Aquel crío que pasaba las horas viendo películas con su padre sigue latiendo en él. Se nota.

 

– Compaginó su formación como actor con los estudios de Derecho durante algunos cursos. Qué paliza, ¿no?

– Lo fue. Ir a la universidad era una prioridad para mi familia. Muchos son abogados y, en el momento de decidir qué estudiar, tiré por lo obvio. No tardé en darme cuenta de que quería ser actor. Les pareció perfecto cuando se lo comenté, pero debía terminar Derecho. No me quedó otra que combinar las carreras. Por si fuera poco, en aquella etapa me incorporé a Un paso adelante, así que todo se complicó. Al regresar de la grabación, ojo, me ponía frente al Código Penal.


– ¿Les leyes le han servido para algo como actor?

– Me mostraron mi capacidad de compromiso. Finalizar la licenciatura fue realmente un mérito, aunque también una pérdida de tiempo. Pienso en la cantidad de horas que le dediqué y que podría haber empleado en estudiar Psicología o Historia, que me habrían nutrido mucho más como actor.



– Su primera oportunidad se la dio Luis San Narciso en Un paso adelante. Aquello fue un golpe de suerte.

– Sin duda. Acompañé a una amiga a Globomedia para darle la réplica frente a Luis. Y tuvo que gustarle lo que hice. Al salir, me ofreció una sesión en una serie con Héctor Alterio. Unas semanas después me convocó a una prueba para Un paso adelante. Todo salió rodado.


– ¿Qué fue lo más intimidante de ese debut?

– Todos disfrutamos bastante en Un paso adelante. Era ameno. A mí me gustaba bailar, era la hostia que me pagasen por ello. Me vi con dinero para viajar, salir, comprar… Era famoso. Afortunadamente, al no estar entre los protagonistas, la fama no fue arrolladora, se mantuvo siempre en los límites de lo divertido. Sentí que ocupaba un espacio, lo que me ayudó a validarme. Fue un aprendizaje. Agradezco que mi trayectoria haya sido gradual, creo que un pelotazo puede distorsionar tu realidad. Luego vino un periodo de parón. Hice muchos castings… y nada. Poco a poco entendí de qué va esta profesión. Hoy sigo sin estar acomodado. Aunque tengo trabajo, no me sobra. No puedo permitirme rechazar ofertas. Por suerte, surgen las suficientes para mantenerme.


– ¿Cuál fue su primer no?

– Recuerdo muchos. De las 200 pruebas que habré hecho, me habrán elegido en el 20 por ciento. Te preguntas sobre todos los personajes que podrían haber salido. Algunos eran importantes. De hecho, cambiaron la vida de quienes los encarnaron. Otros, en cambio, pensabas que serían la pera y se quedaron en muy poca cosa. Este oficio es muy arbitrario. Hay que currárselo siempre.


– En aquellos primeros años se mudó a Italia para hacer Caterina e le sue figlie. ¿Cómo surgió?

– Me propusieron que mandara un self-tape. Me aprendí el texto con la ayuda de mi compañera de piso, que sabía italiano. Al final, salió adelante. Aquella fue una época divertidísima. Estuve cinco meses allí con gente muy potente. Increíble. Fue una experiencia diferente.


– ¿En un idioma distinto cambia la forma de actuar?

– Sí. Es un condicionante tan poderoso que acaba ayudándote. Yo hacía de español en Roma. No tenía que hablar italiano perfectamente, y eso me permitió jugar. Me encanta trabajar en otros idiomas porque el punto de partida ya es un reto. 



– Ha actuado para Rodrigo Sorogoyen en varias ocasiones. La primera de ellas fue en el largometraje 8 citas. ¿Qué le sorprendió de aquel director, por entonces debutante?

– Le conocí en una fiesta en casa de mis padres cuando yo estaba en Un paso adelante. Mi madre se fue de viaje y metí los muebles del salón en el resto de habitaciones. Invité a 150 personas. Él era colega de un compañero mío de la escuela. Y allí aparecieron los dos. Nos caímos bien e incluso rodamos un par de cortos juntos. En aquella primera película suya me llamó la atención que sus escenas estaban muy bien dialogadas. Pese a haberse convertido en uno de los mejores cineastas del país, sigue siendo mi amigo. Para mí lo personal siempre está por delante de lo profesional.


– Coincidirían bastantes años después en la serie Antidisturbios. ¿Tuvo que prepararse físicamente para la ocasión?

– No. El gran desafío fue afeitarme y raparme. Como yo estaba grabando Estoy vivo, enseguida hablé con Dani Écija para planteárselo. Estábamos en medio de la temporada, así que no lo veía factible, aunque finalmente cedió. Peleé por el corte de pelo y por ahí no pasó. A Sorogoyen no le importó. He intervenido en series como Hispania, donde estuvimos formándonos durante semanas en espada, lucha, caballo… Aquel proceso fue aún más exigente porque muchas secuencias eran exteriores en pleno invierno.


– Dieta mediterránea le brindó su primer papel protagonista en el cine. ¿Sintió que ahí la responsabilidad era mayor?

– Por supuesto. El actor que originalmente iba a encarnar mi personaje se había caído del proyecto en el último instante. Tuve la suerte de que alguien le habló de mí a Joaquín Oristrell, el director. Comimos y charlamos sobre el guion. Mientras regresaba a Madrid en el tren esa misma tarde, mi representante me dio la noticia: aquel primer chico al que habían escogido ahora quería regresar, pero Oristrell se empecinó en que fuese yo. Confió en mí. A los actores nos va la marcha. Aunque a veces haya saltos al vacío, como aquel, la adrenalina me viene bien. No me bloquea, me pone las pilas.


– El miedo es un buen motor cuando no te paraliza.

– Efectivamente. Se me viene a la cabeza el largometraje [Misterio en Amán] que rodé en inglés junto a un elenco americano en Jordania. Aquello fue una locura, una historia con acción. Lo vi como un desafío para demostrar lo que podía hacer. Son medallitas que te pones poco a poco y que te ayudan a tener más autoestima.


– ¿Le preocupa perder curiosidad, hambre, riesgo?

– Siempre está ahí el temor a acomodarte y dejar de exigirte. Podría inquietarme el hecho de automatizar el trabajo si tuviera aseguradas cuatro series y tres películas cada año. No es el caso.


– ¿Se considera autoexigente?

– Puedes prepararte un personaje buscando referencias y hablando con tu terapeuta. Y en el rodaje la magia puede surgir o no. Por ello, soltar es una gran lección. Nada es tan importante. Veo a compañeros que son mucho más exigentes que yo antes, durante y después de una grabación. Compañeros que se van hundidos si algo sale mal. Quizá sean mejores profesionales, pero yo vivo más tranquilo.



– Nos encontramos con nuevas generaciones que han dado grandes pasos para mostrar una nueva masculinidad en la pantalla. ¿La suya tuvo esa opción?

– Todo es un proceso. Lo hemos visto recientemente con la Super Bowl de Bad Bunny. Para que algo tan reivindicativo en lo social, lo ideológico y lo político haya acontecido en los Estados Unidos de hoy, antes tuvieron que dar los pasos necesarios Shakira y Jennifer Lopez. En la ficción audiovisual ocurre lo mismo. La serie que grabé en Italia [Caterina e le sue figlie] incluía una trama gay. En ese momento se acababa de legalizar el matrimonio homosexual en España, mientras que en Roma era impensable hablar de ello por la presencia del Vaticano. Hasta el punto de que cortaron los besos entre mi chico y yo al emitir las reposiciones. Por tanto, para que se haya podido emitir Élite, antes habían tenido que arriesgarse muchos otros títulos. Pese a que yo he podido vivir mi vida con libertad, también he tenido que romper ciertos moldes. Todo suma. En la actualidad asistimos al necesario boom de las historias LGTBI. Me parece normal, llevábamos 20 siglos de retraso.


– Su último pelotazo es Respira. ¿Por qué gusta tanto el género médico?

– Está muy bien escrita y el reparto es excepcional. El hecho de que ocurra dentro de un hospital sube la intensidad. Y tiene algo terapéutico para el espectador. ¿Por qué? Porque en Occidente no estamos acostumbrados a hablar de la muerte, la tenemos casi escondida, solo la abordamos si tenemos mal a un ser querido.


– ¿Dónde le gustaría verse?

– En proyectos de cine con mayúsculas. Me encanta lo que hacen Alauda Ruiz de Azúa y los Moriarti [Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga]. Todos queremos estar ahí. Hace unos meses rodé un largometraje especial para mí. María Ballesteros y Antonio Monteolivo han adaptado al cine la ficción sonora El tigre [en la gran pantalla se titulará Caza mayor]. Dirige Daniel Sánchez Arévalo y Antonio de la Torre es el protagonista. Ser testigo del éxito de mi gran amiga, la que me llevó aquel día a Cristina Rota, es un regalo. Además de eso, grabaré la tercera temporada de Respira.


– Si ahora pudiera, ¿cambiaría algo de alguno de sus personajes?

– Sí, pero luego los veo, los analizo… y acabo relativizándolos. Como todo.

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