#AluCineEnREDes
Un repaso a la actualidad audiovisual de la semana en los mentideros digitales
Poder ser… sin tener que irse
Luis Merlo nos explica por qué ser libre no debería ser valiente; cuando ser alto te cuesta un papel en televisión y un “Voy contigo” que acaba en un Goya
ISMAEL FIGUEROA (@IsmaelFigueroa)
Abramos hoy boca con una de esas historias que, cuando las escuchas, no sabes si reírte, enfadarte o abrir Google para comprobar que no te están tomando el pelo. Porque sí, todos asumimos que en la vida las grandes oportunidades se ganan por talento, esfuerzo o carisma, esas cosas bonitas que quedan bien en LinkedIn. Pero luego llega la realidad, se sienta contigo en el sofá y te dice: “mira, no”.
El humorista Dani Martínez estaba en ese momento clave con su primer gran papel en televisión, lo típico que te imaginas contando años después en entrevistas: “Todo empezó ahí”. Pues no empezó ahí, porque la vida decidió que no. Y no por nada lógico, sino por ser demasiado alto.
Lo relataba él mismo hace unos días en el programa Ni tan bien, presentado por Carolina Iglesias en la Cadena SER. Lo mejor es que ya había grabado durante un mes y medio varios capítulos como protagonista en SMS y pararon la serie para reemplazarle por Raúl Peña: “Me dijeron que era por una cosa física, que era muy alto y Amaia era más bajita que yo. En una escena en el instituto me tenían que pegar. Y yo mido 1.87, claro…”.
Seguimos con otras historias que ya no son tan ligeras y que nos hacen escuchar de otra manera, como lo que contaba Luis Merlo hace unos días a Aimar Bretos en La cena de los idiotés de Hora 25.
El actor tiene muy claro que, si no pudiera vivir su vida tal y como es, pondría tierra de por medio. “Yo, de un lugar donde no pudiera vivir mi homosexualidad con libertad, me voy a nado y sin nada”. Sin más. Sin negociar eso. Porque hay cosas que no deberían ponerse en duda nunca. Y es bonito –de verdad– escuchar a alguien decirlo así, porque ahí ya no estamos hablando de una anécdota curiosa. Estamos hablando de respeto. De sentirse seguro, de no tener que justificarse ni encajar en nada más que en uno mismo. Porque todos queremos lo mismo, en el fondo: tener nuestro sitio, vivir tranquilos, sentirnos libres.
Y terminamos con una bonita historia cuyo titular podría ser “Fui a acompañar a mi hija al rodaje… y terminé ganando un Goya”. María Adánez empezó a trabajar siendo muy pequeña y, como era menor, su madre tenía que acompañarla a los rodajes. Hasta ahí, todo normal. Lo que nadie esperaba es que ese “voy contigo” acabara cambiándolo todo, tal y como contó en el programa Sukha, de La 2 de TVE.
Su madre, Paca Almenara, sin experiencia previa en cine, empezó a observar, a aprender, a quedarse un poco más… y, casi sin darse cuenta, encontró su sitio en ese mundo. Y así, paso a paso, terminó construyendo una carrera dentro del departamento de maquillaje, trabajando en películas importantes, desde las de Álex de la Iglesia a las primeras de Amenábar. Y así hasta llegar a ese momento que parece imposible cuando estás emprendiendo los primeros pasos del camino: ganar el Goya por su trabajo en Acción Mutante.
Ahí es donde la historia se vuelve especial de verdad. Porque, en el fondo, todos necesitamos recordar que no siempre hay que saber hacia dónde vas. A veces basta con estar en el sitio adecuado durante el tiempo suficiente.




