#AluCineEnREDes
Un repaso a la actualidad audiovisual de la semana en los mentideros digitales
El brillo que lo arruina todo: cuando el móvil sube al escenario y el teatro pierde la magia
Alicia Borrachero lamenta que la hiperconectividad se cuele en los coliseos. Hay series que jamás se despegan del imaginario colectivo: 'Aquí no hay quien viva' sigue presente (al igual que Vicenta, Marisa y Concha) y existen originales demostraciones de ello. Una de sus popularísimas actrices, Malena Alterio, nos lleva de la mano a un bolo surrealista que hizo gracias a aquella fama. Y abrazamos a los espectadores argentinos por las recientes pérdidas de Beto Brandoni y Adolfo Aristarain
Comenzamos el martes con un punto de nostalgia, sí, pero desde la sonrisa. Desde que nos despedimos de Gemma Cuervo, nuestra querida Vicenta de Aquí no hay quien viva, pasa algo curioso: parece que la serie ha vuelto a colarse en la calle. Y ahora, literalmente.
Los guiños empezaron a aparecer de repente por todas partes. ¿Cuál fue el primero de ellos? Ese vídeo de tres mujeres reales paseando por Madrid que se hizo viral por el parecido con las ficticias Vicenta, Marisa y Concha. La misma energía, el mismo aire de estar cotilleando. Internet hizo el resto. Nostalgia activada.
Más tarde, otro guiño todavía más evidente: un mural en el castizo y concurrido barrio madrileño de La Latina. Tres rostros inconfundibles pegados en una pared. Como si nunca se hubieran ido. Las vecinas más icónicas de la televisión pasaban a formar parte del paisaje de la ciudad.
Y aquí llega el siguiente paso. Cuando algo ha conectado tanto con la gente, encuentra la forma de volver. Ahora la pequeña pantalla da paso al teatro. En septiembre se estrenará Esperando a Manolo, precuela inspirada en Aquí no hay quien viva que viaja a los orígenes de Vicenta, Marisa y Concha antes de conocerlas en el número 21 de la calle Desengaño. La obra se podrá ver en los madrileños Teatros Luchana desde finales de septiembre hasta finales de diciembre, con varias funciones semanales. Hay historias que no se terminan… por mucho que cambien de escenario.
Seguimos recordando aquella comunidad de vecinos de la mano de Malena Alterio, que visitaba hace unos días Ni tan bien, el programa de Carolina Iglesias en la Cadena SER. Durante el boom de Aquí no hay quien viva, cuando casi todo el país la llamaba por el nombre de su personaje en la serie, a la actriz le vendieron el plan perfecto: bolos en discotecas, solo una horita de fotos. Dinero fácil. Espóiler: no fue tan fácil.
La primera noche le resultó surrealista. Llegó al local a las tres de la madrugada (después del paseo entre coches en medio de la nada) y entró escoltada. Según su testimonio, "te ponían dos gorilas que te abrían camino para que pasaras entre todo el mundo”. Y entrada triunfal ante gente desatada que gritaba su nombre. Lo mejor fue la subida al escenario para soltar alguna ocurrencia. ¿El resultado? Aquel “Un poquito de por favor” que puso la sala patas arriba.
“Tu pantalla no solo te distrae a ti. Rompe la conexión, el trabajo del actor y el respeto por el público”. Así de claro hablaba Alicia Borrachero en Más de uno, de Onda Cero, donde presentó el montaje teatral El efecto. Lo protagoniza junto a Fran Perea, Elena Rivera e Itzan Escamilla en los Teatros del Canal (Madrid).
El teatro no es solo mirar, es estar. Estar de verdad. Todo ocurre en tiempo real y sin red. Cada pausa, cada mirada, cada respiración cuenta. Y, de pronto, se enciende una pantalla. Es pequeña, sí, aunque suficiente para romper la magia. El teatro no compite con el móvil por captar la atención del espectador, sino que tiene el poder de obrar un milagro: le invita a soltar el teléfono. Pero para que eso funcione hay que querer desconectar. Un rato, al menos. Por difícil que parezca.
Este 26 de abril despedíamos al cineasta Adolfo Aristarain, figura clave en el audiovisual de Argentina. Y pocas jornadas antes habíamos dicho adiós a otro argentino, 'Beto' Brandoni, uno de los más reputados actores de aquel país. Dos figuras distintas y una misma forma de entender el oficio: desde la verdad, sin artificios.
El laureado Aristarain tendió puentes con España y nos deja un cine incómodo y humano. Brandoni, desde la actuación, puso cuerpo a muchas de esas historias y marcó a sucesivas generaciones.




