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08-09-2026


#AluCineEnREDes

 

Un repaso a la actualidad audiovisual de la semana en los mentideros digitales

 

 

 

¿A torta limpia en pleno rodaje? Cosas de la vida (de no hace tanto tiempo)

 


Bardem rememora los episodios que en los años noventa se consideraban "normales" entre los equipos técnicos y artísticos, Candela Peña rememora su amor infantil y por el cine y nos duele en el alma decir adiós a Francesc Garrido

 

 

     


ISMAEL FIGUEROA (@IsmaelFigueroa)

¿Tú también eres de los que creen que ir al cine es un plan reservado para el fin de semana? Error. Una peli entre semana puede ser justo lo que necesitas para romper un poco con la rutina. Y estos días tenemos una buena excusa: Javier Bardem está de estreno con El ser querido, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen.


   Durante su visita a La Ventana (Cadena SER) de Carles Francino, junto a Victoria Luengo, Isabel Peña y Sorogoyen, el actor recordó una situación que presenció a principios de los noventa: dos hombres del equipo acabaron pegándose delante de todos mientras picoteaban en el área de catering. Y lo más sorprendente no fue la pelea, sino la normalidad con la que entonces podían asumirse situaciones así. Que tampoco estamos hablando de hace tantísimo tiempo…


   Fueron años en los que en el cine se normalizaron comportamientos que hoy chirrían bastante más: gritos, malas formas, egos imposibles. O esa idea del director con carácter al que había que aguantar porque, en fin, se supone que era un genio…



   Por suerte, algunas cosas han cambiado. Un rodaje sigue implicando prisas, presión, jornadas eternas y días en los que probablemente nadie quiera volver a verse las caras. Pero que haya tensión no significa que todo valga. Hoy, al menos, determinadas conductas empiezan a tener nombre y límites.

 

   Y hablando de Bardem, parece que hay una pregunta que ni siquiera sus compañeros de profesión saben responder: ¿cómo se las apaña exactamente este hombre para que siempre nos creamos sus personajes? Mario Casas lleva tiempo intentando averiguarlo. Lo observa, analiza sus interpretaciones y busca ese gesto, esa técnica o pequeño truco que explique por qué funciona tan bien. De momento, nada. “Lo veo y no sé todavía qué hace. Están todos los actores…, y después está el que me la cuela siempre”, reconocía el actor a Cinemanía. Y quizá ese sea precisamente el secreto: que no se vea el truco.

 

   Ahora Bardem vuelve a ponerse delante de la cámara en El ser querido. Y nosotros volvemos a hacer lo de siempre: sentarnos en la butaca y dejarnos engañar.


   Y sin salirnos de las salas, recuperamos una frase de Candela Peña que nos lleva directamente al lugar donde empezó su historia con el cine: “Yo soy la hija de los dueños del bar pegado al cine de mi pueblo”.

 

   Resulta que de bien pequeña, y hasta que tuvo edad para ayudar en el bar familiar, su madre la mandaba a la sala de proyecciones de su localidad, Gavà (Barcelona). Y por allí andaba el acomodador, el señor Ramón, al que Candela tenía que persuadir para que la dejara entrar. ¿Su mejor moneda de cambio? Actuar para él.

 

   La propia Peña insiste en que es actriz, en parte, por todas aquellas pequeñas interpretaciones que improvisaba para conseguir una entrada. Después se sentaba en sus tres butacas de siempre, miraba la pantalla y fantaseaba con ser algún día esa actriz que aparecía ahí arriba. Y aquí viene lo bonito: años después le regalaron aquellas tres butacas y hoy las conserva en casa. Un recuerdo de la niña que se enamoró del cine mucho antes de imaginar todo lo que vendría después.



   Y terminamos con una noticia que nos ha dejado especialmente tristes. Esta semana hemos tenido que despedir a Francesc Garrido, a los 56 años. Era uno de esos actores que ha formado parte indeleble de nuestro cine, teatro y televisión de las tres últimas décadas, y al que vamos a echar mucho de menos. Nos quedan su trabajo, sus personajes y todas esas historias con las que seguirá acompañándonos.


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