#AluCineEnREDes
Un repaso a la actualidad audiovisual de la semana en los mentideros digitales
Paco León le da la vuelta a la tortilla (de la masculinidad)
El actor sevillano tira de humor y mandil en 'Por huevos', Ester Expósito convierte su visibilidad en responsabilidad, el Festival de Venecia alza su voz al mundo y los mileniales también se nos vuelven nostálgicos
ISMAEL FIGUEROA (@IsmaelFigueroa)
Comenzamos nuestra sección del martes con una escena curiosa: un actor, una cocina y una sartén en la mano. Parece el inicio de un programa de recetas, pero no: es Paco León en el nuevo anuncio del Ministerio de Igualdad. Y no está preparando una tortilla cualquiera, sino cocinando un concepto entero: la masculinidad.
La publicidad, bautizada con un título tan directo como provocador, Por huevos, quiere darle la vuelta a una de las expresiones más rancias de nuestro vocabulario: "Tener huevos". Hasta ahora, esa frase ha sido sinónimo de dureza o coraje con mucha sobredosis de testosterona. Pero Igualdad propone otra lectura: ¿y si "tener huevos" fuera cuidar, empatizar o, simplemente, atreverse a romper con lo de siempre? Paco León lo resume mientras prepara una tortilla de patatas con total naturalidad: "Tener huevos te puede servir para muchas cosas: hacer una tortilla, vestirte como te apetezca, besar a quien te merezca... o decirle a tu colega que, si vuelve a mandar una foto de esa tía, lo denuncias".
La campaña, que ha sido muy comentada y compartida en redes sociales, abre un melón -o un huevo, vaya- que aún estaba pendiente: redefinir la masculinidad en el siglo XXI. Y si para eso hace falta un actor cocinando con humor, mucho mejor. Porque, al final, atreverse a cambiar las cosas también es cuestión de huevos.
A veces, lo más valioso que puede hacer una persona con visibilidad es parar, mirar alrededor y decir lo que piensa. Eso fue lo que hizo Ester Expósito en el programa de radio Hoy por hoy de La SER: que no podía seguir la entrevista sin mencionar lo que le conmovía por dentro, esa Global Sumud Flotilla que zarpó desde Barcelona y se dirige hacia Gaza para intentar romper el bloqueo. Con la voz entrecortada, la actriz reconocía que se quedaba sin palabras para describir lo que sentía al pensar en quienes se suben a un barco, sabiendo que se enfrentan a peligros reales: "Mi máximo respeto y admiración por lo que están haciendo. Un acto de valentía y de humanidad enorme".
La actriz de Élite también hablaba de la otra cara de la moneda, lo que implica alzar la voz para alguien en una posición como la suya. Admitió que es consciente de que expresar sus ideas puede traerle problemas, que siempre existe el riesgo de cerrarse puertas o que los difusores y generadores de odio pasen a la acción. Pero, lejos de retraerse, confesaba que esos inconvenientes no le pesan tanto como callar.
Hace apenas unos días bajó el telón la 82ª edición del Festival de Cine de Venecia, y lo hizo con un aire muy distinto al de años anteriores. El glamour y las alfombras rojas no desaparecieron, pero quedaron eclipsados por un murmullo constante: Gaza.
El León de Oro fue para Father, Mother, Sister, Brother, de Jim Jarmusch, una mirada íntima y melancólica sobre los lazos familiares. Pero el momento más intenso de la noche llegó cuando se anunció el León de Plata: The Voice of Hind Rajab. La voz de Hind es una película sobre una niña de seis años asesinada por el ejército israelí que ha conmocionado al Festival y cosechó una ovación de 24 minutos.
El discurso de la actriz palestina Saja Kilani, protagonista del filme, ha sido trending topic en X (antes, Twitter) durante varios días: "La voz de Hind Rajab no necesita nuestra defensa. Esta película está anclada en la verdad. Su historia lleva el peso de un pueblo entero".
Y, para cerrar, queremos hacerlo con una sonrisa, por lo que viajamos directo a la nostalgia milenial. ¿Recuerdas esas noches frente a la tele cuando sonaba la mítica sintonía de Aquí no hay quien viva? Más que una simple introducción, era un auténtico himno vecinal: pegadizo, ligero y con toneladas de buen rollo. Lo increíble es que los chicos de Vocal Factory la grabaron totalmente a capela. Sí, sí: sin bases electrónicas ni arreglos imposibles, solo sus voces. Quizá por eso, casi 20 años después, escucharla sigue siendo un viaje instantáneo al sofá, al mando de la tele en la mano… y a esos vecinos imposibles de olvidar.




