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01-09-2020

Anna Alarcón

 

“Rechazo la idea de que las mujeres seamos invisibles. Somos más visibles que nunca”


Acaba de estrenar dos películas en Málaga y ahora se medirá con Mario Casas en un 'thriller' para Netflix. 2020 es un año. Sí, en presente


 

JAVIER BLÁNQUEZ (@javierblanquez)

Reportaje gráfico: Pau Fabregat

Anna Alarcón es, como diríamos en habla coloquial, una currante en la que se puede confiar. Lleva trabajando en el teatro desde que a principios de siglo comenzó a abrirse camino en el mundo de la actuación, y se ha labrado una reputación más que sólida como intérprete versátil y convincente gracias a varios personajes menores o recurrentes en todo tipo de producciones audiovisuales, buena parte de ellas en catalán para el canal autonómico TV3. Esta especialización no buscada explica seguramente por qué no es todavía un rostro aún más conocido en el gremio. Pero el buen trabajo acaba ofreciendo recompensa y para Alarcón (Barcelona, 1979) ha llegado el momento del gran salto, que viene a ser sinónimo de papeles protagonistas en películas de alto interés y series para grandes plataformas. 

 

   2020 es su año. Decimos que es, y no que iba a ser, porque pese a las circunstancias del momento –el confinamiento, las restricciones en los rodajes, el cierre de los teatros, los aplazamientos en los estrenos: ya saben– sus planes aún siguen avanzando. Incluso en los momentos más duros hay segundas oportunidades. En primavera le tocaba estrenar dos películas, una a las órdenes de David Trueba (A este lado del mundo) y otra con Ventura Durall (La ofrenda), y las dos van a llegar a las salas en septiembre, tras su paso por el Festival de Málaga. Y figurará con un papel destacado en el elenco estelar de la serie El inocente, una nueva producción española para Netflix en clave de thriller con Mario Casas como protagonista, terminada entre los meses de julio y agosto pese a verse interrumpida en marzo. Es natural, por tanto, que la actriz esté expectante y emocionada ante la posibilidad de que, muy pronto, un público más grande pueda ver su trabajo.

 



– El confinamiento llegó en el peor momento, ¿no?

– Imagínate. Estaba a punto de irme para Málaga porque se iban a estrenar allí las dos películas. Lo viví con una profunda sensación de impotencia, con mucha frustración. Pero al mismo tiempo, he intentado tomármelo todo bien, con mirada amplia: todos estamos así, hay que tener calma y paciencia, y lo que tenga que ser, será. Lo bueno es que esas películas ya estaban rodadas, así que no ha habido ninguna cancelación, solo un aplazamiento.

 

– La serie de Netflix sí que se quedó a medias. ¿Se ha podido terminar?

– Sí, a principios de agosto ya estaba, el día 5 de ese mes grabé mi última escena. Teníamos rodadas tres cuartas partes, nos faltaba poco. Y pudimos retomarla, por suerte. El equipo es increíble, empezando por Oriol Paulo, el director, y también el resto. Los actores tenemos que quitarnos la mascarilla para rodar, lógicamente, pero ahí estaba todo el mundo 11 horas seguidas con la mascarilla puesta. Las medidas de seguridad de Netflix han sido muy estrictas. Afortunadamente, Oriol pudo montar varios capítulos durante el confinamiento, por eso no creo que se retrase el estreno.

 

– Los teatros y las salas de cine están a medio gas. ¿Pueden ser las plataformas el salvavidas del sector este año y el siguiente?

– Supongo que el momento será bueno, pero no sé qué decir: rodar también se vuelve difícil, los protocolos de seguridad son muy bestias. Espero que no se detengan los rodajes, porque las plataformas necesitan material y el público necesita cultura, entretenimiento y nuevas ideas. Esta realidad es fea, démosles historias alternativas.

 

– ¿Pudo trabajar durante la primavera?

– En rodajes, no. Pero sí tenía un monólogo previsto para el Festival Grec, Una galaxia de luciérnagas, así que lo estudié. En otoño lo llevaremos al certamen Temporada Alta. No es que tuviera la cabeza en el mejor momento, me afectó aquello y me sentía algo dispersa, era difícil gestionar la actualidad, pero me lo intenté llevar a mi terreno y hacer de la experiencia algo positivo. He leído, he meditado, he practicado yoga, he visto mucho producto audiovisual y he escuchado mi interior.

 

 

– ¿Cómo lo han vivido amigos suyos dentro del gremio?

– Compartimos una sensación de incertidumbre. Porque, claro, ahora te digo que estrenaremos el monólogo en el Temporada Alta, pero hay una parte de mí que aún no se lo cree. Eso nos coloca en una situación en la que solo podemos vivir el mundo desde el presente. Yo tenía un muy buen año, y mira… Estaba siendo bueno para todos. Se rodaba mucho, la profesión estaba en un momento positivo. Ahora se aplazan cosas y todo se dice entre comillas.

 

– También está la duda de cuántas salas de cine estarán abiertas en otoño y con qué aforo. ¿Piensa en el futuro?

– Ahora es imposible. Tenemos que centrarnos en el presente, en el día a día. No queda otra. Sobre el futuro no tengo ni idea. Nadie la tiene. No es que lo vea negativo, pero quiero estar en el presente más que nunca, generar ahora junto a gente con la que tenga sinergias creativas. Y no dejarnos vencer por el miedo.

 

– Hablemos de A este lado del mundo. ¿Cómo llega a encabezar una cinta de David Trueba?

– Me vio en una obra de teatro y me llamó. Ya he visto la película y me ha gustado. Es una historia muy sencilla. David ha puesto la lupa en un aspecto muy particular y, a partir de ahí, habla del problema de la inmigración, que tiene un alcance social y humano a escala internacional. David sabe leer muy bien al ser humano. La historia es la de un ingeniero que llega a Melilla para realizar trabajos en la valla y conoce a mi personaje, una guardia civil.

 

– A veces le toca encarnar personajes duros, como esta guardia civil llamada Nagore. ¿Lo ve como un reto o como un encasillamiento?

– Me gusta sacar a la mujer del estereotipo. Me gusta la complejidad humana, los matices. Nagore es una mujer de ideas claras, pero aun así, la gama de colores es amplísima. Los humanos somos calidoscópicos, de lo más pequeño podemos sacar una idea trascendente y universal que nos implica a todos. También me gustan los papeles de mujeres frágiles, son las dos caras de una misma moneda. Pero si puedo salirme de los estereotipos, mucho mejor. Por suerte, cada vez contamos más historias y mostramos más tipos de mujeres.

 



 

– Se dice que, a partir de los 35 o 40 años, el abanico de posibilidades para las actrices se reduce, que escasean los buenos papeles. Pero eso no parece tan claro en el momento actual. ¿Cómo lo ve usted?

– Se está dando un giro en ese aspecto, se están escribiendo más personajes de dicha edad. Era algo muy necesario porque es importante que demos voz a mujeres de más de 35 o 40 para comprender este mundo. Y no solo esperar a que nos den voz, sino ser nosotras las que cojamos el altavoz. Rechazo la idea de que las mujeres seamos invisibles; creo que somos más visibles que nunca. Hay que ocupar ese espacio con proyectos interesantes.

 

 ¿Qué hay de La ofrenda?

– Es un triángulo amoroso. Después de Málaga se estrenará en cines el 28 de septiembre. Fue una experiencia estimulante, hubo mucha química entre los actores, Ventura [Durall] nos dio mucho espacio para la improvisación. Mi personaje, Violeta, es una psiquiatra acomodada con dos hijos, coche… O sea, no tiene nada que ver conmigo. Y con la llegada de Jan [Àlex Brendemühl] se reabre una historia no resuelta, después de un abandono emocional cuando ella tenía 18 años.

 

– ¿Cómo se acerca a un personaje?

– Hay una parte intuitiva nada más comenzar, pero al final siempre busco algo de mí en cada una de las mujeres que interpreto. Trabajo desde mí. Si tengo que hacer de Violeta [en La ofrenda] o de Nagore [en A este lado del mundo], que no tienen nada que ver conmigo, intento darles vivencias y emociones mías, les presto algo y voy hasta el fondo. Me gustan mucho los retos, y cuanto más alejado esté el personaje de mí, más me gusta. Quiero llevarlos a pasear, andar con ellos, recito el texto por la calle. Ahí empiezo a notar cómo el personaje se va haciendo de carne y hueso. Cuando lo tengo integrado, lo puedo sacar sin pensar. Y luego los directores te ayudan a hacer diana. David Trueba es muy bueno en ese aspecto.

 


 

– ¿El yoga y la meditación le ayudan a ser mejor actriz?

– Me ayudan mucho en diferentes aspectos de la vida. Cuantos más lugares de quietud encuentre, más sacaré de mí misma. Yo funciono mejor si tengo tranquilidad, así que tener una disciplina de meditación me ayuda a ser mejor persona, y cuando soy mejor persona soy mejor actriz. Con la mente tranquila estudio y enfoco mejor. Como me interesa la humanidad del personaje, es importante encontrar ese centro.

 

– ¿Cómo le llegan estos proyectos? ¿Descarta muchas propuestas?

– No, descartar, no. No vivo en la superabundancia. De hecho, tengo ganas de que por fin se vean las películas y ver qué pasa. Algunas propuestas llegan a través de directores de casting que me conocen: unas veces me presento a la prueba y otras veces me contactan porque ya han pensado en mí directamente para el papel. En El inocente tuve la suerte de que Oriol Pablo me conocía, habíamos trabajado en la serie de TV3 Nit i dia.

 



 

– ¿Se ha sentido abandonada por el poder, ante el desprecio general hacia la cultura en este momento de crisis?

– Es evidente que no le dan el valor que tiene. El valor del cine a nivel humano es importantísimo. Resulta cansino que tengamos que repetirlo en todo momento, pero aquí parece que hay que hacerlo continuamente. Así que lo haremos. El cine, la cultura, el arte… son importantes, son de gran ayuda para la gente. Es algo obvio. No sé qué más tenemos que demostrar ya.

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