twitter instagram facebook
Versión imprimir
10-09-2021


Marta Alonso Tejada y Davide González, protagonistas del teatro gallego en 2021

 

Los XXV Premios María Casares también aclamaron las interpretaciones de Belén Constenla y Fran Lareu como actriz y actor secundarios


GABBI CONSUEGRA

FOTOS: LADIAPO/CORSINO

El ruido de la gente comienza a despertar los espacios del Teatro Rosalía Castro de A Coruña. Los reclama, los recupera. La edición número 25 de los María Casares ha reunido este jueves a cerca de 300 personas y ha devuelto la voz a un escenario mudo durante meses. A lo largo de la noche resonó la lucha de los artistas y la resistencia de las artes escénicas ante lo crudo de la pandemia. La emoción de quienes llegaban al coliseo contrastaba con esa voz mecánica que los invitaba a sentarse en las butacas con la tranquilidad de la higiene extrema, a respirar el aroma a limpieza y a emocionarse a distancia, sin carcajadas ni besos desprovistos de mascarilla. Soft MC25, el sistema operativo del teatro del futuro, acaparó enseguida la atención de los asistentes para dar inicio a una ceremonia con apariencia de distopía, dirigida por Paula Carballeira, dramaturga y codirectora de los premios.

 

   Embelesaba esa puesta en escena cargada de humor y juegos, aunque también advertía sobre el peligro de la digitalización de la sociedad y sus espacios. Como ejemplo de la deshumanización que trae consigo la tecnología perfecta, unas réplicas robóticas pretendían sustituir a los intérpretes sobre las tablas, argumentado que “ellas nunca se equivocan”. La esperanza regresó con el golpe de estado de la realidad, menos perfecta, sí, pero auténtica. Los actores se quitaron el uniforme blanco con el que se hacían pasar por máquinas y desconectaron el detestable Soft MC25. Nuria Sanz, Alfredo Rodríguez, Casilda Alfaro, Suso Cortegoso, Alba Bermúdez y Nelu Vermouth amenizaron la gala. Con ellos, con “la resistencia presencial”, volvieron el color, la risa, la música, el baile y los aplausos del público.


   Después de la conquista se sucedieron las entregas de trofeos, aunque no sin recordar antes María Casares, cuyo su centenario ya se acerca. “Decimos su nombre y la devolvemos a la vida. Ya van 25 años haciéndolo”, aseguraron desde la tarima. “25 años honrando a mujeres valientes”, insistieron.



   La velada tuvo la particularidad de que la mayoría de los ganadores no estaban presentes en el Rosalía Castro. Compañeros y amigos ocuparon sus lugares en el escenario y agradecieron en su nombre. El honor de mejor actor protagonista le correspondió a Davide González por su labor en Microspectivas dun Marica Millennial, de la compañía Incendiaria. Aunque ausente, quiso dedicar su flamante distinción a los compañeros, las instituciones y las coproductoras del proyecto. Y muy especialmente, según la persona que leyó sus palabras, a Vanesa Sotelo: “Por lo aprendido, por el camino hecho, por todo lo que juntas fuimos sembrando. Es tiempo de recogida, querida”. Hubo también agradecimientos para sus padres: “Por quererme, aunque parezca una obviedad”. Ese mensaje solo iba a ser el inicio de un sentido discurso en el que defendió a la comunidad LGTBIQ+ y cargó contra “una sociedad heteronormativa y patriarcal que lo está haciendo mal. Hoy estoy contenta, pero sigo con miedo… Samuel ya no camina por las calles de esta ciudad”. Y brindó su María Casares “a todas las flores caídas”.



Marta Alonso Tejada fue la única de los cuatro galardonados en las categorías interpretativas que se encontraba en la ceremonia


   Quien sí acudió a la fiesta del teatro gallego fue Marta Alonso Tejada. Entre nervios y aplausos levantó la estatuilla de actriz protagonista que le reportaba su interpretación en Bailar agora. Sus dedicatorias fueron para sus compañeras y Pablo Reboleiro “por acompañarme en las duras y en las más duras”. A continuación invitó a los presentes a disfrutar de la obra en el teatro: “Este también es un reconocimiento a la danza, que es otra parte de mí y de mi corazón”.



   De Belén Constenla, mejor actriz secundaria gracias a O mozo da última fila, también hubo que disfrutar por escrito. “Si estáis escuchando esto”, comenzaba su nota, “es porque me han dado el María Casares”. Una emocionada compañera suya se encargó de leer el resto, con un lugar destacado para la compañía Redrum Teatro: “Gracias por confiar en mí, llamarme y acompañarme en esta aventura, en esta época tan complicada que nos tocó”. Y haciendo un guiño a su toda trayectoria, compartió el logro “con cada una de las mujeres que he sido en este otro mundo paralelo. Acabo de hacer ya 60 años y quiero seguir dándole alma a muchas más”.



   Fran Lareu engrosó el palmarés del montaje más premiado de la noche, A lingua das bolboretas, de Sarabela Teatro, al obtener el reconocimiento de actor secundario. Al señalar el motivo de la ausencia, el nacimiento de su hija, el público se enterneció. Y es que ese fragmento de la nota contenía además un precioso mensaje para su pareja: “María es la mejor compañera de aventuras que yo puedo tener, y en este mismo instante está compartiendo la más maravillosa y feliz aventura de nuestras vidas”. La experiencia de la paternidad le empujó a llamar a la lucha para que “las niñas y niños jamás tengan que sentir vergüenza, rechazo o miedo por ser como son. No permitamos ni toleremos el machismo, la homofobia, el racismo, el fascismo ni el franquismo nunca más”.


   El momento más emotivo de la noche lo propició el recuerdo de Francisco Pillado, Xosé Manuel Pazos e Lino Braxe, recientemente fallecidos. En su breve intervención, Xosé Bareato, presidente de la Asociación de Actores e Actrices de Galicia, recordó que “es nuestra obligación conocer a los que estuvieron antes y cuidar su legado”. También hizo hincapié en el golpe de la pandemia a las artes escénicas, hasta el punto de trastocar la esencia del sector, ya que “el teatro es la celebración de la presencialidad”. Por eso incidió en que estos XXV Premios María Casares constituían la “fiesta de la presencialidad”. Y en su despedida recalcó que “debemos estar atentos para que no se destruya nada de lo que hemos creado juntos”.

 

   En el último número de la velada los intérpretes del espectáculo compartieron una pizza, “porque en el teatro se come… a veces”. El acto concluyó con un largo aplauso que daba la bienvenida de nuevo al teatro en Galicia.

Versión imprimir

Contenidos Relacionados