– Hace poco tiempo participó en Los días no vividos, la primera película de un joven director, Alfonso Cortés-Cavanillas. ¿Qué encuentra en los cineastas más inexpertos que echa de menos en las grandes producciones?
– Quien no está supeditado a una gran producción tiene más riesgo, pero también más libertad. Cuando formas parte de proyectos sin un duro, sin jefes ni subvenciones, eres mucho más libre. Tienes menos medios, pero tienes más ganas y amor por lo que estás haciendo; por tu trabajo. El factor de la valentía está presente y se siente muchísimo. Te encuentras con un autor que cree en su proyecto y quiere correr los riesgos con tal de contar su historia, y eso me parece muy interesante. Nadie dijo que el arte consistiera en gustar a todo el mundo.
– Lo poco que sabemos de la serie que ha estado rodando este verano, Llueven vacas, recuerda al teatro del absurdo de Beckett o Pinter. ¿No es una apuesta demasiado arriesgada?
– No existen las apuestas demasiado arriesgadas. Es más, cuanto más lo sean, mejor. Mientras participe en una obra inteligente que cuente una historia, y trabaje con profesionales que, como yo, amen su trabajo, no tengo ningún miedo. Como actor, quiero acercarme a todo aquello que me estimule y me desafíe. Además, el rodaje de esta serie, en concreto, fue sencillo, tranquilo y directo gracias a su realizador, Fran Arráez. El texto era de Carlos Be y el reparto me parecía la leche. Estoy encantado.
– Es habitual de los encuentros con el público. ¿Qué es lo que el artista aprende de los espectadores en convocatorias de este tipo?
– Los espectadores nos necesitan más de lo que parece. Sentimos que el teatro no interesa en este país porque no hay mucho público de teatro, pero a las charlas viene mucha gente, con muchísima curiosidad y ganas de hablar contigo. Incluso los que no van al teatro necesitan ese ritual de que se les sorprenda, de estar en un lugar donde ocurran cosas. El teatro va de eso, es un ritual en el que ocurre algo. Me gusta que haya espectadores a los que el teatro les cambie la vida, y muchos de ellos se encuentran también en estas convocatorias. Me hacen tener ganas de seguir.
– Y mañana, ¿a qué Asier le gustaría más recibir una llamada? ¿Al actor o al cantante?
– Creo que estas categorías nos limitan mucho. No quiero ser lo uno o lo otro, sino las dos cosas. Para ello he fundado, con mis amigos, mi propia compañía. Me considero artista no porque haga arte, sino porque estoy buscándolo, y todo lo que esté a medio camino entre la danza, la música y la interpretación es mi terreno y mi sueño. Yo quiero ser uno de esos actores o creadores que están dispuestos a combinarlo todo. Claro que si me llamara Scorsese o Prince elegiría una de las dos pero, como creador, prefiero no separar estas dos cosas. Una canción es un monólogo y los monólogos tienen una música interior.