Avelina Prat
"No me siento nada jefa"
Hasta hace nada era responsable de que el guion casara con el desarrollo de las películas. Pero, cumplidos los 50, se lanzó a dirigir. Con 'Una quinta portuguesa' ha puesto patas arriba el panorama cinematográfico. Y su tercer filme, ya en la marmita, invita a ensalivar
JAVIER OLIVARES LEÓN
FOTOS: ENRIQUE CIDONCHA
Salvo que seas una prestigiosa supervisora de guion (como es el caso) o te hayas fogueado durante años como script, no resulta muy frecuente obtener tres nominaciones a los Goya con un segundo filme. "No lo esperaba, la verdad. Como mucho, me decía: 'A ver si lo logra Manolo Solo, que está increíble y lo merece", recuerda entre bromas. Pero si Nani Moretti compartió el enlace de Una quinta portuguesa en su Instagram, es que algo tiene Avelina Prat, además de la sonrisa más luminosa del cine español. "Él había proyectado la película en una de sus salas. Maravilloso". Arquitecta de formación, empezó tarde a dirigir, pero antes de cumplir los 54 ha cogido carrerilla: en 2027, si todo va como calcula, hará su tercer largo, del que no suelta prenda. Lo único seguro es que, por primera vez, tendrá protagonista femenina. "Hablará sobre sobre la verdad, la mentira, la ficción y la realidad y el proceso creativo". Algo es algo. Mucho.
- ¿Qué estela le deja Una quinta portuguesa?
- Hay algo que me encanta: que valoren en las películas el trabajo de los actores. Porque si premian a un actor, reconocen también un guion, una dirección.
- Algún mérito tendrá Avelina Prat.
- Después de elegir hay que hablar con ellos y lograr que entendamos el personaje de la misma manera para trabajar en la misma dirección. Hasta hoy, respetan mucho las decisiones del director y del director de fotografía. Y se meten mucho en su personaje cuando debe hacerse, antes del rodaje. En esas charlas previas a Una quinta portuguesa, Manolo Solo venía con unos apuntes marcados en el guion. Vimos escena por escena para aclarar lo necesario y que él pudiera hacer su propia composición.
- Pica usted muy alto. En Vasil, su debut, Karra Elejalde, Alexandra Jiménez y Susi Sánchez. Y Manolo Solo y María de Medeiros en Una quinta... ¿Qué cree que les atrae de su propuesta?
- Habrá que preguntarles a ellos [sonríe]. Bueno… he tenido suerte. Manolo Solo me gustaba mucho. Y de María de Medeiros, que ha hecho de todo, aparte de dirigir y ser cantante, qué decir. Karra leyó el guion. Supongo que apreciaron que había detrás una productora solvente, que garantizaba la realización del proyecto. Y luego, antes de que ellos dieran el sí, por supuesto, nos entrevistamos, nos tomamos algún café con ellos y fue más bien un casting a la inversa [risas]. Yo creo que Karra me estaba haciendo a mí un casting.
- Hablamos del personaje, vimos que íbamos por la misma línea. Recuerdo perfectamente que me pidió tres únicos cambios en su personaje. Y acepté uno, pero le expliqué por qué los otros dos no.
- ¿Lo entendió?
Sí, estuvo de acuerdo. Hay una cosa que a Karra le gustó de este proyecto: que era algo muy diferente. Llevaba varios en cierta línea y vio que ese papel se salía un poco de lo que estaba haciendo últimamente. Era un personaje muy para adentro, muy austero, distinto también a su personalidad. Y a Karra, que es un metralleta, no se calla ni debajo del agua y tiene una energía desbordante, ver que aquí tenía que hacer un personaje contenido le supuso un reto apetecible, entiendo. Creo que también por eso nos dijo que sí.
- Todos los cineastas se pelean por Manolo Solo, un actor que gana con la edad. Al pulsar la primera letra del teclado, ¿ya pensó en él para Una quinta…?
- Sí, pero no se lo había dicho. Había trabajado con él años atrás en un corto (Puerta 6, en 2010) y habíamos coincidido en otras películas en las que yo hacía de script. Escribí el personaje pensando en él y pidiendo, por favor, que aceptara. Está en un gran momento.
- Su formación de arquitecta, ¿le ayuda a nivel espacial o presupuestario?
- Creo que ese pasado de arquitecta es una mochila que llevo a todas partes. Y todo lo que hago, aunque no tenga que ver con arquitectura, tiene ese poso. Lo noto mucho en dos facetas. Primero, a la hora de la composición de los planos: con el director de fotografía intento siempre buscar una composición ordenada y cuidada. Y lo percibo también a la hora de estructurar el guion. Intento que no se note, pero siempre tiene una estructura bastante cerrada, muy trabajada.
- Por ejemplo, ¿la elección de la finca de Una quinta portuguesa fue a medias con el director de foto?
- Exacto. Primaron el edificio, el espacio, el entorno... Bueno, miramos muchas opciones que nos mandaron los localizadores portugueses por internet. Y luego acudimos a ver seis quintas, todas maravillosas. Pero esta es la que más se acercaba a lo que contaba la historia.
- ¿Por el porche de la casa, que era vital como escenario?
- Por el porche, por las dimensiones, por el jardín. Y era también la que mejor describía al personaje que la iba a habitar, el de María de Medeiros. Esa conjunción nos hizo decantarnos por una. A mí esa casa me encanta.
- Tendrá las vacaciones pagadas para toda la vida.
- Para nada [risas]. Pero no estaría mal, no estaría mal.
- No le arredra trabajar en otras lenguas. En Vasil había un actor búlgaro. Y en Una quinta… la dirección de casting se completó en Serbia con Branka Katic y en Portugal con Rita Cabaí§o.
- Tanto para elegir a Ivan Barnev, el actor búlgaro de Vasil, como a la actriz serbia o a la actriz portuguesa, utilizamos el mismo sistema: un casting organizado por una productora del lugar. En el caso de Bulgaria sí hubo coproducción con ese país para Vasil. En Una quinta… hicimos un casting online. Vimos a doce o trece actrices de treinta y tantos a cincuenta y pico años. Prepararon un par de separatas y se hicieron un self-tape o un casting con la productora de allí. Me enamoré de Branca [Katic].
- ¿Por qué?
- Muy conocida en Serbia, me parecía ideal que tuviera cierta edad para el personaje de Olga, una mujer que deja todo en su país y se viene a España a buscarse la vida. Tiene 56 años y un peso y un significado más potentes que alguien de 30, edad a la que es más fácil moverse. Y cuenta con un don aniñado: de repente sonríe e irradia una energía inmensa, muy infantil. Para un personaje que empieza la película en su último tercio hace falta una energía especial que la levante.
- Y Rita Cabaí§o, la asistenta portuguesa, es un talentazo.
- Una pasada. Acudí personalmente a Lisboa a hacer un casting que organizó nuestra coproductora en Lisboa, O Som e a Fúria, y vimos también a 10 o 12 actrices. Me quedé impresionada con el nivelón que tienen en Portugal, son buenísimas. Fue difícil elegir porque había cuatro o cinco muy buenas. El cine portugués es bastante desconocido.
- En sus tiempos de script trabajó con los tres Trueba, con Víctor García León, con Cesc Gay, con Manuel Martín Cuenca, con Javier Rebollo. ¿En qué rodaje se dio cuenta de que usted era capaz dirigir?
- [Piensa unos segundos]. Me quedé muy fascinada con mi segundo rodaje, Lo que sé de Lola [2006], de Javier Rebollo. Es un director muy especial. Con él me di cuenta de las posibilidades que tenía el cine de hacer las cosas desde otros puntos de vista y buscar tu propia voz. Y de que todo tiene cabida, solo hay que encontrarlo. No recuerdo un momento en el que yo pensara: "Quiero ser directora de cine". Pero ahí vi que no existe una sola vía. Me gustó mucho descubrirlo y fue con esta película.
- ¿Se parece luego a la realidad? ¿Qué rescata, por ejemplo, del rodaje de Una quinta…?
- Un día, sentada en mi silla durante la filmación en Portugal, disfruté de los equipos portugués y español completamente mezclados, como si fueran la misma familia, hablando portuñol. Confirmaba que el lenguaje del cine es universal, que da igual dónde hagas una película, que todos entendemos lo mismo. Esa artesanía del cine nos gusta a los del cine. Fue una gozada estar sentada y ver a todos riendo, trabajando.
- ¿Y pensaba algo así como "soy la jefa de todo esto"?
- No me siento nada jefa [risas]. Solo repetí una parte del equipo de Vasil, con tres o cuatro personas clave que vamos a intentar también en la próxima película: el director de fotografía Santiago Racaj, el músico Vicent Barrier y la montadora Juliana Montañés, al menos... Uña y carne mientras ellos quieran.




